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El declive de Air Berlin

La segunda aerolínea alemana está al borde de la quiebra tras años de crisis

Aviones de Air Berlin en el aeropuerto de Tegel, en la capital alemana.
Aviones de Air Berlin en el aeropuerto de Tegel, en la capital alemana. REUTERS

Ahora mismo, el trabajo más duro en el sector comercial aéreo es ser auxiliar de vuelo en Air Berlin. A última hora de la tarde, cuando el reactor con el logotipo rojo y blanco que opera el último vuelo de Berlín a Düsseldorf aterriza con una hora de retraso, como viene siendo habitual, los pasajeros llegan exhaustos, nerviosos y muchos hasta irritados. Los auxiliares de vuelo, en cambio, siguen ofreciendo, imperturbables, los legendarios y empalagosos corazones de chocolate a los viajeros. Todo ello a pesar de que no saben siquiera si van a conservar sus empleos y en qué condiciones. La compañía aérea para la que trabajan está fuertemente endeudada. En el primer trimestre de 2017, Air Berlin registró unas pérdidas diarias de tres millones de euros. La emiratí Etihad, el accionista mayoritario, ha empezado a impacientarse.

Para colmo, una de las pocas posibilidades de salvación, el plan de venta de una participación en la aerolínea vacacional austríaca Niki, no ha podido llevarse a cabo. El objetivo era llegar a un acuerdo con el turoperador TUI para fusionar Niki con su filial TUIfly. El resultado hubiera sido el mayor operador charter de Europa bajo la dirección de Etihad.

Tras varios años de precariedad, la situación de Air Berlin y de sus cerca de 8.000 empleados es desesperada. Se ha solicitado un aval de rescate a los gobiernos regionales de Berlín y Renania del Norte-Westfalia (donde se hallan las dos principales bases de la compañía aérea), mientras el sindicato Ver.di exige urgentemente claridad sobre el futuro de la plantilla.

Incidentes ruinosos

Las dificultades actuales de Air Berlin para operar sus vuelos con normalidad en muchos de sus trayectos resultan más que evidentes. La salida o llegada puntual de un vuelo con arreglo a lo previsto parece ser siempre, en mayor o menor medida, una mera casualidad. Los aplazamientos e incluso las cancelaciones de vuelos comienzan a ser algo casi habitual, en ocasiones por causas insólitas. Y la irritación ya es pública, como en el caso del rapero Bushido: Air Berlin cambió su reserva a Alitalia (otra aerolínea participada por Etihad) y este quedó tan descontento que le dedicó a la compañía aérea italiana un efusivo “que os jodan”, para después publicar el vídeo del suceso en Facebook, donde se convirtió en viral.

La situación de los 8.000 empleados de la firma, controlada por Etihad, es desesperada

Este tipo de incidencias son ruinosas para el negocio. A lo largo del primer trimestre de 2017, la aerolínea solo transportó a 4,8 millones de pasajeros, un 11% menos que en el mismo periodo del ejercicio anterior. La ocupación media de los aviones se redujo en tres puntos porcentuales, hasta un 80,5%. El resultado: unas pérdidas de 272 millones de euros en tan solo tres meses.

El desastre de Air Berlin es consecuencia de un conjunto de errores. En ciertos sectores empresariales se considera que la dirección habría apostado por el crecimiento durante largos años y de forma unilateral, excediéndose en su empeño. La estrategia de querer ser simultáneamente una aerolínea vacacional y una compañía aérea regular ha desbordado a la empresa: “Los aviones adecuados siempre se encuentran en el lugar equivocado. Es decir, que cubren los trayectos equivocados con los aviones equivocados. Y eso sale caro”.

Detrás de todo ello hay problemas de carácter fundamental. El sistema informático, por ejemplo, nunca ha sido integrado correctamente tras ser objeto de varias migraciones; según parece, por falta de dinero y de los conocimientos necesarios. Al contrario de lo que ocurre en Lufthansa, por ejemplo, la compañía aérea berlinesa es incapaz de asignar nuevos precios a las plazas disponibles a bordo de sus aviones, en función de la ocupación. Esto le impide beneficiarse de una demanda elevada y de atraer, en caso contrario, a un número mayor de pasajeros con ofertas a precio reducido, lo que constituye una enorme desventaja competitiva frente a Lufthansa.

Tras el fracaso del acuerdo con TUIfly, Air Berlin necesita una solución con más urgencia que nunca. Pero la comunicación con Abu Dabi es complicada, más aún si se tiene en cuenta la crisis de liderazgo en la que se encuentra inmersa Etihad. Ha sustituido a casi todos sus directivos, cambiando también de asesores y de bancos. En opinión de una fuente del sector, “nadie tiene actualmente la perspectiva correcta”. No obstante, y según un comunicado de Air Berlin, el consejero delegado provisional de Etihad, Ray Gammell, ha asegurado que la compañía seguirá respaldando a la aerolínea berlinesa en su proceso de reestructuración: “Mantenemos nuestra inversión en Niki y nuestro objetivo es concluir la transacción en breve”, señaló. Esto le da a Air Berlin una inyección financiera provisional valorada en unos 300 millones de euros.

Una posible salida

Sigue abierta la pregunta recurrente de si la debilitada aerolínea podría encontrar cobijo en Lufthansa. El propio Thomas Winkelmann, presidente de Air Berlin y exdirectivo de la aerolínea de bandera, considera a su anterior compañía como un “posible socio”. Personas con acceso a información privilegiada afirman que la única condición de Carsten Spohr, presidente del consejo directivo de Lufthansa, es la liquidación previa de toda la deuda de Air Berlin por Etihad.

La solución de asociarse con Lufthansa ha de pasar por las autoridades de competencia

Lufthansa debe estar muy interesada en evitar la quiebra de Air Berlin, principalmente por el hecho de que esta circunstancia liberaría de inmediato un elevado número de franjas horarias para el despegue y aterrizaje de aviones (slots). Si Air Berlin desaparece, las dos aerolíneas de bajo coste Ryanair y Easyjet, que también son las grandes competidoras de Lufthansa, pondrían de inmediato todo su empeño en adquirir el mayor número de espacios posible.

Una alianza con Lufthansa, no obstante, plantearía numerosas dudas. Daniel Zimmer, expresidente de la Comisión del Monopolio alemana, calificaba de “intrínsecamente problemática” una posible adquisición de Air Berlin por parte de Lufthansa. “En algunos trayectos, ambas aerolíneas son competidoras inmediatas”, declaró. “Es probable que, en caso de fusión de ambas compañías, se registre un aumento de los precios en estas rutas, ya que Lufthansa y Air Berlin ya no competirían entre si”. Justus Haucap, experto legal en monopolios, comparte esta opinión: “La competencia desaparecería en numerosos trayectos”.

Zimmer también hace referencia a una posible solución para eludir las leyes antimonopolio. Dado que Lufthansa acabaría llevándose la mayor parte de los pasajeros en el caso del cierre de Air Berlin, la adquisición sería simplemente una forma de adelantar lo inevitable. “En un escenario como este, la compra no sería, al fin y al cabo, la causa del fortalecimiento de Lufthansa, por lo que la fusión sería admisible“, concluye.

Los políticos son los menos interesados en la quiebra de una gran compañía en plena campaña electoral. La imagen de miles de pilotos y azafatas manifestándose con pancartas de protesta, en lugar de ofrecer pequeños corazones de chocolate rojos, sería incompatible con la del supuesto nuevo milagro económico alemán.

Reportaje elaborado por Jan Dams, Michael Gassmann, Moritz Seyffahrt y Timo Stukenberg.

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