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Energía para un mundo menos contaminado

Las empresas aceleran su transformación ante la llegada del coche eléctrico y el empuje de las renovables

A poco más de un mes de la próxima cumbre del clima en Marraquech, innumerables foros, estudios, proyecciones y mensajes públicos siguen dándole vueltas a las conclusiones de la anterior cita del cambio climático —COP21 de París—, que se cerró con el compromiso de que el mundo mantenga un aumento de la temperatura media muy por debajo de dos grados centígrados. “Nos gusta pensar que lo vamos a hacer de una manera agradable y controlada, y no viviendo en un planeta hostil donde van a ir desapareciendo grandes poblaciones humanas. Pero de una forma u otra lo vamos a tener que hacer”, sonríe Dimitri Zenghelis.

Energía para un mundo menos contaminado

Para el investigador es cuestión de elegir entre susto o muerte. A finales de septiembre impartió una conferencia en Madrid donde lanzó un buen puñado de titulares desafiantes: “Todavía hay una enorme cantidad de combustibles fósiles, pero gran parte de las reservas de gas y carbón van a tener que quedarse bajo tierra”, fue uno de ellos. “Ahora la temperatura de la tierra está un grado por encima de la época preindustrial, ¿qué pasaría si la temperatura sube cuatro o cinco grados? Probablemente pensemos que no se va a notar, pero la última vez que eso ocurrió había caimanes en los polos”.

Zenghelis recordó en aquel foro, organizado por la Cámara de Comercio de EE UU en España y el Instituto Elcano, que miles de empresas, y no solo los ciudadanos, son las que animan a los Gobiernos a establecer límites más exigentes en políticas medioambientales. “Y no lo hacen porque se dediquen a criar osos polares, sino porque quieren ser más eficientes”. La eficiencia, de hecho, es esa palabra mágica que debería cambiar las cosas en un sector muy necesitado de un viraje de rumbo.

Un informe publicado este verano por BP señala que en 2015 se incrementó el consumo de petróleo un 1,9% y un 5,4% el del gas, mientras que la demanda de carbón en el planeta descendía un 1,8%. El mix de consumo mundial sigue primando un modelo que se nutre de fuentes energéticas convencionales: el viscoso combustible está en la cima en consumo de energía primaria (un 32%), seguido del carbón, con un 29,2%, y en tercer lugar el gas natural, con otro 23,8%. Las energías renovables sólo tienen el 9,6% de la tarta, y el resto del mercado, un 4,4%, se lo lleva la nuclear.

Mientras que la energía renovable crece a un ritmo superior al 200%, el declive del carbón se ve en los números de los líderes del mercado. La anglo-suiza Xtrata-Glencore, el mayor exportador mundial de carbón térmico, facturó el año pasado 170.497 millones de dólares, un 20% menos que en 2012. La anglo-australiana BHP Billition pasó de 72.260 millones en ventas (2012) a 44.636 en 2015. En cuanto a los gigantes del petróleo, los bajos precios del barril han pasado una enorme factura a sus ingresos: la china Sinopec redujo en 146.000 millones de dólares su facturación en los últimos dos años. BP se dejó 156.000 millones (hasta los 222.894 millones), y la norteamericana Exxon Mobile pasó de unas ventas de 390.247 millones en 2013 a 236.810 millones (153.000 millones menos), según datos de Bloomberg.

Las grandes eléctricas, en cambio, mantienen el tipo frente a la caída de los precios: State Grid, la mayor compañía de distribución y transmisión del globo (China), que ocupa la segunda posición entre las mayores empresas del mundo tras Wallmart, apenas vio reducidos sus ingresos en los últimos dos años en un 1%. EDF o E.ON, aunque con caídas más pronunciadas, tampoco han vivido grandes oscilaciones.

Previsión española

Ante el evidente cambio de paradigma, ¿cómo se preparan las empresas españolas? El sector eléctrico es, a priori, el menos amenazado. “Parece haber poca discusión de que el modelo va a avanzar en la electrificación. Si seguimos teniendo instalaciones centralizadas, la red sigue teniendo sentido. En cambio, si vamos a un modelo de que cada uno tenga su instalación de autogeneración, aunque sea más caro, habrá un replanteamiento”, sentencia Pedro Linares, profesor de Comillas ICAI y coordinador de la cátedra BP de Energía y Sostenibilidad.

Desde la patronal eléctrica española (Unesa), Ángel Luis Vivar, director de política energética, cree que la industria “está comprometida” con el objetivo de la UE de descarbonizar la economía para lograr un suministro eléctrico neutro en emisiones en 2050. “El eléctrico es el sector que más esfuerzos ha hecho para conseguir un mix más reducido en emisiones”. Ahora mismo el 60% de la energía que se consume en España está libre de emisiones. Además, las eléctricas tienen entre sus planes un cambio en el modelo de negocio, como apuntó Rodolfo Martínez, responsable de normativa en Iberdrola, en el foro de Elcano: “La solución para el futuro pasa por las redes integradas e inteligentes. Ahora parte de la generación está descentralizada, hay que convertir las eléctricas en plataformas para integrar servicios y fomentar la transición energética, no solo en distribuidoras”. Las multinacionales temen precisamente eso: que la actual cadena de valor vertical derive en otra mucho más compleja, donde surjan empresas que, sin ser generadoras de electricidad, esperen capturar parte de los márgenes del negocio, como ocurre, por ejemplo, en temas de movilidad con empresas como Uber. Algunas voces empiezan a reclamar mayor autonomía para que los consumidores empiecen a ser ellos mismos productores de energía.

En el lado de las renovables los cambios son mucho más evidentes porque, tras años de fuertes inversiones públicas y privadas, parece que ha llegado el momento de recoger los frutos. “La evolución de precios ha sido brutal. En varios países de América Latina y Oriente Próximo se han fallado concursos competitivos [en donde la participación se abre a cualquier operador con cualquier tecnología] donde las energías renovables están batiendo a las fósiles”. Carlos García Suárez, profesor asociado del IE Business School, se refiere a las últimas e inéditas licitaciones para el suministro eléctrico en Abu Dabi (emiratos árabes), Chile o México, donde algunas empresas ofertaron precios de 25 euros por MW/hora utilizando centrales de energía renovable (principalmente solar). Por hacer una comparación, el coste de la energía producida en España esta última semana rondó los 50 euros por MW/hora.

Pero estas ofertas generan incertidumbre. ¿Pueden garantizar su viabilidad a largo plazo? ¿Tendrán financiación? El mix tendrá siempre que contar con otras energías, según la mayoría de los expertos consultados, por la imprevisibilidad de los recursos naturales —no siempre están disponibles—. Para Oliver Joy, portavoz de WindEurope, las empresas del Continente están en buena posición para competir en esta pelea pero la perderán “si no tenemos un mercado interior fuerte”. En ese escenario, “España, Reino Unido, Polonia y otros países han impuesto medidas reestrictivas a la industria eólica”, lo que no ayuda a que las compañías compitan internacionalmente.

Los escenarios

Pedro Linares, profesor de Comillas ICAI y coordinador de la cátedra BP de Energía y Sostenibilidad, sostiene que, con todas las cautelas —“hay muchos futuros”, dice—, existen por encima de todo dos elementos disruptores que trastocarán el mercado tal y como lo conocemos. La creciente competitividad de la energía fotovoltaica y la expansión masiva del coche eléctrico. “Todos consideran que tarde o temprano ambas cosas van a suceder, la cuestión es en qué momento. En 2050 parece estar claro que en Europa el petróleo en el transporte va a ser anecdótico, independientemente de mejoras en motores de combustión interna”, cree. Repsol, una de las principales compañías del país, echa cuentas sobre esos augurios. Antonio Merino, director de estudios de la petrolera, analiza que en los escenarios que barajan se proyecta un aumento del consumo de gas para sustituir al carbón, y un crecimiento de la demanda de petróleo, de la que China será responsable en un 60%, según cifra el estudio La energía en España, del Ministerio de Industria. “Nosotros estudiamos cómo reducir las emisiones en la explotación, con procesos más eficientes”. ¿Cómo? “Podemos almacenar y reutilizar el CO2 para reinyectarlo. Aunque la captura y secuestro del carbono es cara”.

En su proyección el petróleo seguirá siendo un combustible imprescindible y se avanzará mucho en la eficiencia de los motores, tanto diésel como de gasolina. “En China se están introduciendo medidas de eficiencia. Lo que ocurre es que tenemos una demanda de transporte, de consumo de carburante, que sigue aumentando. No sabemos cuándo se estabilizará, pero en el escenario central que se ha acordado en París lleva a un crecimiento de demanda hasta 2030 o 2035”. Fernando Temprano, director de tecnología de la petrolera, admite que hace algunos años discutieron internamente en Repsol sobre qué querían ser, si una compañía de suministro de gasolina y diésel, o una empresa que suministra energía para el transporte, sea cual sea. Eligieron lo segundo. “Hay que explicar socialmente la complejidad que tiene el tema energético. Los cambios bruscos no se pueden producir, los motores eléctricos no van a sustituir a los de combustión por arte de magia, la transición se va a producir a través de vehículos híbridos y de un aumento en la eficiencia en los motores”. En su centro de I+D trabajan en varias direcciones, tanto investigando tecnologías relacionadas con recarga y almacenamiento de electricidad como con productos que hagan más eficiente su actividad. El problema está en lo que pasa con los destinatarios de sus productos.

Se calcula que el coste de la contaminación está entre el 2% y el 5% del PIB mundial cada año. Tres horas en un atasco son tres horas de productividad perdidas por un trabajador a las que se añaden las emisiones de su coche. Además de la concienciación del consumidor, los consultados coinciden en que el punto clave está y estará en el transporte. El profesor del IESE Juan Luis López Cardenete señala que el problema es que el 70% de las emisiones no está vinculado al sistema eléctrico. Fundamentalmente parten del transporte terrestre, marítimo y aéreo. “El avance de los motores de combustión ha sido extraordinario, pero no es suficiente. El potencial de reducción de emisiones con las tecnologías comerciales ya existentes es enorme”. Pone un ejemplo: con un galón (3,7 litros) de gasolina, los coches en EE UU recorren, según el parque automovilístico actual, la mitad de kilómetros que los europeos. “Para que el mundo pueda seguir desarrollándose, basta que se converja hacia un parque automovilístico como el europeo actual”.

Pero todo pasa por otra variable, quizá la más descuidada de todos: los consumidores. “A los humanos nos gusta culpabilizar a los ofertantes e infantilizar a los demandantes, que en última instancia somos los causantes del problema”, sonríe López Cardenete. Trabajar para que la sociedad se dé cuenta de la importancia que tiene la reducción de su demanda energética es una tarea que deberían hacer conjuntamente Gobiernos e industrias. Los primeros, además, deberán tomar decisiones drásticas, como cerrar fábricas contaminantes antes de que termine su vida económica.

Hay mucho por hacer, dicen los expertos, pero, en suma, “basta tener una mirada distinta, no tradicional”, para afrontar los nuevos retos energéticos. La mala noticia, añaden, es que en un mundo muy fragmentado políticamente donde el proteccionismo gana enteros, la gobernanza global, esa a la que aspiraron los firmantes del acuerdo de París para evitar un mundo más desigual, amenaza con desvanecerse.

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