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OPINIÓN

Incógnitas sobre América Latina

Más de 500 años después del descubrimiento, América Latina sigue ofreciendo oportunidades. Hay dos cosas que ya son bien conocidas sobre la región. Por un lado, ha venido creciendo más que las economías desarrolladas en la última década. Y esperamos que siga siendo así después del bache de 2014 y 2015, con un crecimiento potencial superior al 3%, que compara muy bien con el 2,2% para las economías desarrolladas.

Pero también es verdad que la región es cada vez más heterogénea y es difícil hablar de una sola América Latina. Como ejemplo, la Alianza del Pacífico deberá crecer un 3% este año y 4% en 2015, muy por encima del promedio regional (1% y 2%), reflejo de políticas económicas estables y una apuesta por las reformas y la integración con la economía mundial.

Esto no es nuevo. Los inversores que han descubierto América Latina desde hace una década o más ya lo saben. Pero sí hay dos aspectos inéditos. Por un lado, la región ha conseguido combinar crecimiento y estabilidad. Por primera vez una recesión global como la de 2009 no generó en América Latina un ajuste mayor que en los países desarrollados. En parte por la suerte de estar más ligado al ciclo chino, pero también en buena medida por los amortiguadores que se construyeron en los últimos 20 años, como tipos de cambio flexibles y políticas económicas prudentes.

La región debe activar los programas de reformas para promover el aumento de la productividad

Otro aspecto nuevo es que la región ha disminuido su riesgo, con un menor y mejor endeudamiento. Por ejemplo, no hay otra región desarrollada o emergente que haya visto una mejora similar de la calificación de su deuda soberana en los últimos siete años, para no hablar de las que los han empeorado, como la periferia europea. El mensaje es claro: América Latina no sólo tiene el potencial de crecer más rápido, sino también con menor riesgo relativo.

Quedan las incógnitas para la región. La primera es el panorama en el corto plazo. ¿Podrá sobrellevar un ajuste de precios de las materias primas, un menor crecimiento en China y unas condiciones financieras menos holgadas con el retiro del impulso monetario de la Reserva Federal? Probablemente sí, pero sobre todo en los países con fundamentales más sólidos y donde se han recompuesto esos amortiguadores que ya se usaron con éxito en 2009.

Esto enlaza con la segunda incógnita. Frente al cese de los vientos de cola en Latinoamérica será cada vez más importante activar los motores internos en la región: los programas de reformas para promover el crecimiento de la productividad. Y eso pasa por impulsar la inversión en capital físico (incluyendo infraestructuras), apuntalar la inversión en capital humano (educación y salud) y reducir la informalidad. ¿Se hará? La buena noticia es que hay algunos países en la región que están iniciando ese camino, lo que puede desencadenar un efecto demostración en el resto.

Juan M. Ruiz es economista jefe para América del Sur de BBVA Research