Acto de contrición en el FMI

El Fondo admite que sus previsiones han fallado especialmente desde 2011 La desviación en los periféricos del euro supera el punto porcentual

Christine Lagarde, este jueves en su comparecencia en Washington
Christine Lagarde, este jueves en su comparecencia en WashingtonAP

¿Por qué creó Dios a los economistas? Para que los pronósticos del tiempo nos pareciesen buenos. Las predicciones económicas han arrojado una tonelada de chistes, pero al Fondo Monetario Internacional (FMI) le hace poca gracia cómo sus cálculos se han dado de bruces con la obstinada crisis desde hace cuatro años. Las estimaciones a un año para el periodo 2011-2014 fueron, como promedio, “demasiado optimistas”: unas seis décimas o 0,6 puntos porcentuales superiores a los resultados.

La desviación se debe sobre todo a que el FMI sobrevaloró el potencial de las economías emergentes —que fueron las estrellas del rock durante esos años y concentraron el 80% del crecimiento— y su error promedio es el doble de las economías avanzadas. Los datos proceden de un análisis elaborado por la propia institución sobre sus informes de perspectivas desde octubre de 2010, lo que supone una suerte de mea culpa por haber estado errando sobre la marcha de la economía. Este trabajo, además, coincide con una autoevaluación trienal del organismo, que hace pocos días admitió además que había pecado de parcialidad en algunos aspectos, con sesgos positivos hacia países tutelados y hacia economías desarrolladas.

“El problema básico de los pronósticos del FMI es que se basan en un análisis muy mecánico y esto es una complicación cuando hay un cambio de contexto”, explica por teléfono el economista James Galbraith, profesor de la Universidad de Texas e hijo del famoso John K. Galbraith. “En particular, hay una mala interpretación del mercado crediticio, así que olvidan la mala influencia que los mercados caprichosos y los bancos deteriorados tienen en el crecimiento sostenible”, añade.

De hecho, los fallos en las predicciones de las economías avanzadas se dan sobre todo entre 2011 y 2012 y se deben en buena parte al shock que produjo la crisis de la zona euro, lo que llevó a fuertes revisiones de países bajo presión como España, así como el efecto por el terremoto de Japón. La desviación media en los países estresados de la eurozona (Grecia, Irlanda, Portugal y España) alcanzó los 1,4 puntos entre 2011 y 2013, y un punto porcentual en 2011-2014.

Los pronósticos erraron sobre todo en los emergentes y la zona euro

“Hay distintos ingredientes en la desviación. Por ejemplo, se subestimó el efecto que el parón de las economías desarrolladas iba a tener en las emergentes”, explica Luis Servén, responsable del departamento de análisis macroeconómico del Banco Mundial. Además, hace más de un año el Fondo asumió que no le había dado a la austeridad la importancia que tenía a la hora de frenar la recuperación, tal y como reconocieron en un documento.

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El error medio para la economía japonesa fue de 0,8 puntos en el periodo 2011-2013 y de 0,7 puntos para 2011-2014. El fallo para EE UU, en cambio, es mínimo.

Después de un repunte inicial, el crecimiento global bajó cada año entre 2010 y 2013, del 5,4% al 3,3%, por sacudidas como la de la eurozona, pero “aunque los informes de perspectivas eran también revisados a la bala, el crecimiento final ha sorprendido igualmente a la baja en cada informe desde 2011”, señala el FMI

Galbraith entra en el ejemplo español. “Al país se le ha pedido que haga muchas de esas llamadas reformas, especialmente en el mercado laboral. Si las hubiera cumplido todas y cada una, ¿le hubiera premiado el mercado con tipos de interés más bajos? No, cualquier pánico por Grecia, Irlanda o Italia aún afectaría a España, ya que los inversores los tratan a todos como un grupo”. A su juicio, “solo Mario Draghi podía reducir los tipos de interés y fue el cambio de política del BCE la que lo consiguió, no las reformas”. “Pero los economistas, como siempre, son demasiado lentos para reconocer lo que el resto puede ver fácilmente”, remata.

El Fondo cree que la sobrevaloración de las inversiones es uno de los principales factores que ha contribuido a las desviaciones y lo atribuye a factores domésticos, sobre todo en los países en los que la inversión ha decepcionado más de lo que lo han hecho las exportaciones. “En esto ha desempeñado un papel muy importante la confianza y esta es mucho más difícil de medir, la economía no es una ciencia exacta”, apunta Servén.

Al final, el chiste de sobre los economistas que hacen que las predicciones meteorológicas parezcan fiables tiene cierto sentido. El Nobel de Economía, Kenneth Arrow, que sirvió en la Segunda Guerra Mundial en el departamento de meteorología, explicaba hace unos meses a este periódico que “en meteorología un buen pronóstico no es decir si va a llover o no, sino la probabilidad de que llueva”. “En la economía veo que hay poca dedicación a la valoración de los pronósticos, a observar lo bien o mal que han funcionado”, decía. El FMI sí ha pasado revista.

Sobre la firma

Amanda Mars (enviada especial)

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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