Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EDITORIAL

Más vale tarde

El BCE ha concretado finalmente parte de sus avisos enunciados durante los últimos meses acerca de su disposición a actuar para afrontar los problemas que afronta la eurozona, y que pueden resumirse en una desinflación peligrosa, crecimiento anémico, tasas de paro muy elevadas y un tipo de cambio del euro claramente perjudicial para las exportaciones del área. Las decisiones del jueves son de gran significación y pueden contribuir de forma efectiva a reducir algunos de los desequilibrios largamente incubados como consecuencia de una gestión de la crisis que contrasta con la llevada a cabo en EE UU o Reino Unido. De la caja de herramientas ha sacado reducciones en sus tres tipos de interés de referencia y ha sido pródigo en poner a disposición de los bancos cantidades de liquidez suficiente con las que abordar los problemas de transmisión de la política monetaria. Unas y otras decisiones penalizan el mantenimiento de recursos financieros ociosos o su cautelosa inversión en deuda pública. Además, ha dejado claro que dispone de margen de maniobra adicional: que sigue preparando la compra de titulaciones de créditos empresariales.

Teóricamente, las posiciones de liquidez incentivadas o las que a partir de ahora resulten penalizadas, deberían canalizarse hacia las empresas pequeñas y medianas que más están sufriendo el racionamiento del crédito y la discriminación de tipos de interés. En algunas economías como la española la inversión de estas empresas será el reflejo de que la confianza se ha asentado definitivamente y con ella la senda virtuosa a la que daría lugar una sostenida creación de empleo.

Su eficacia deberá evaluarse igualmente en relación con su impacto sobre el tipo de cambio del euro. Éste se ha mantenido muy apreciado durante demasiado tiempo, limitando la eficacia de esa devaluación interna a la que se han visto obligadas las economías periféricas con el fin de restablecer la competitividad exterior. La apreciación ha presionado a la baja la inflación, limitando las posibilidades de superación del elevado endeudamiento que mantienen las economías más vulnerables, la española entre ellas.

Hay que esperar que la reacción no sea tardía. Las decisiones del BCE tienen lugar cuando las evidencias acerca de las amenazas deflacionistas han vuelto a materializarse, especialmente en las economías periféricas, que son al mismo tiempo las que sufren de mayor vulnerabilidad financiera y exhiben un mayor nivel de endeudamiento. El bajo crecimiento económico, la ausencia de préstamos, la diferenciación de condiciones aplicadas a prestatarios empresariales son males que denuncian la mala gestión de la crisis en la eurozona. Las decisiones del BCE se adoptan cuando sus colegas, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, se están planteando reducir los estímulos que adoptaron de forma más diligente y agresiva hace tiempo. El contraste es evidente: las economías americana y británica crecen por encima de la eurozona y no presentan la fragilidad financiera de ésta.

Aunque con retraso innecesario es de esperar que la magnitud de la liquidez disponible y la actitud que ha mostrado en esta ocasión el banco central contribuyan a reducir las muy serias dificultades que presentan las pequeñas y medianas empresas.