Opinión
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De toboganes y crédito

Sería falaz pensar que junto al durísimo ajuste de salarios y de empleo habrá un impulso compensador de la demanda

Cuando el bono soberano andaba por histéricas cumbres, algunos economistas —pastilla contra la hipertensión en mano— advocábamos por seguir manteniendo un esfuerzo reformista pero, además, por recibir un empujón financiero que, añadido al esfuerzo propio, pudiera lanzar a España por el tobogán de la recuperación y por una senda de confianza. Hoy da la sensación de que ese columpio existe, pero bajamos por él como un niño en su primera vez, hincando talones en los lados para evitar caer muy rápido y hacernos daño. Da la sensación de que el tobogán quema o no es suficientemente seguro.

La confianza inversora ha aumentado de forma significativa y la competitividad exterior también

La confianza inversora ha aumentado de forma significativa. La competitividad exterior también. El bono soberano se mueve en una franja que hace dos años nos parecía inalcanzable. Sin embargo, los datos de creación de empleo, comercio minorista o producción manufacturera, entre otros, parecen avisarnos de que las revisiones al alza del PIB no parecen estar acompañadas claramente aún de un componente real y social que mejore la confianza que más echamos de menos: la del ciudadano.

La situación de la economía es hoy mejor de lo que hubiéramos divisado hace poco tiempo, pero sería falaz pensar que junto al durísimo ajuste de salarios y de empleo habrá un impulso compensador de la demanda que nos conducirá a través de un nuevo milagro. Hay un elemento común a la España a la que los especuladores querían chupar la sangre y a la que hoy trata de respirar: parece necesitar un impulso adicional.

Por la evidencia y la tozudez empírica considero que la afluencia de más crédito tiene un papel esencial en la recuperación económica de España. En este entorno, el Banco Central Europeo está llamado si no a dirigir, al menos a estimular un entorno crediticio más eficiente. Nótese que hablo de eficiencia y no de laxitud. Porque hay suficientes indicadores que sugieren que España ya ha navegado por un proceso de destrucción-creación, de renovación empresarial que permite que haya un número importante de proyectos empresariales que, como mínimo, necesitan ayuda para mantener un circulante y una actividad creciente y pujante.

La afluencia de más crédito tiene un papel esencial en la recuperación económica de España

Se diga lo que se diga, las entidades financieras quieren y deben dar crédito, es su negocio y esencia principal. Eso sí, hoy más que nunca deben darlo bajo parámetros de responsabilidad. Pero hay mucho margen para crecer en préstamos a pymes.

En medio de una presión regulatoria enorme es posible —y de hecho se percibe ya— una mejora en dos frentes: i) el crédito a pymes se está redefiniendo y hay toda una avenida de negocio; ii) hogares y empresas están reduciendo su deuda de forma más acelerada de lo que se esperaba, sin necesidad de quitas que hubieran echado por tierra la reputación del país y el sector financiero durante décadas. El crédito nuevo avanza —como los datos confirmaron ayer aun tímidamente—, al tiempo que las amortizaciones se aceleran. Más pronto que tarde el primero superará a las segundas. Pero falta un ingrediente, un impulso más que comparta riesgos o señalice la idoneidad de la inversión: es el turno del BCE, de dar valor adicional a las garantías sobre activos. Hace tiempo que en España se trabaja sobre ese proyecto y hay mucho margen para su desarrollo. Igual hay que esperar algo más, pero, cuanto antes, mejor.

Santiago Carbó Valverde es catedrático de Economía de la Bangor Business School (Reino Unido) y de la Universidad de Granada, e investigador de Funcas.

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