Suecia no es (ni con suerte) El Dorado

El país escandinavo queda lejos de ser un paraíso, pese a la tasa de paro de tan solo el 8% Muchos españoles titulados tienen empleos no cualificados

Eloy Domínguez en Estocolmo.
Eloy Domínguez en Estocolmo.EL PAÍS

La buena suerte para Eloy Domínguez suena a calvario. Pero va de corazón. Habla despacio, con cautela y pesar. Convence con unos ojos muy abiertos, grandes, claros. Aquí, el camino de su suerte: estudió y mucho. Se formó en comunicación audiovisual y marchó a Barcelona para hacer un máster en documental creativo. Prácticas, muchas, pero ningún trabajo. Cumplió, como él siente, con “su parte”, y no halló recompensa. En junio de 2012 hizo el petate, metió 600 euros y voló a Estocolmo. “Sentí un gran alivio”, confiesa, “al tomar ese avión”. Antes habían ocurrido más cosas.

Tras probarse en Barcelona, donde conoció a su novia, una chica sueca, tuvo que regresar a su localidad natal, Simes (Pontevedra). En la empresa de construcción de su padre ya no había trabajo. Asomaba un posible desahucio. “Para ayudar a mis padres tuve que alejarme”, admite Eloy desde un café-librería.

Llegó a Suecia y empezó en la construcción. “Aún recuerdo”, dice con una mueca, “cuando trabajaba con mi padre y me decía que o estudiaba o a la obra”. Y ahí estaba, en la obra, donde tuvo que pernoctar en unos inicios muy difíciles en Estocolmo. Del andamio a un festival de cine y, ahora, a sus 28 años, a trabajar de camarero. Aquí llega la suerte. Básicamente porque tiene trabajo, porque con su novia en Estocolmo lograron vivir en el sótano de unos jubilados; porque su relación le abrió las puertas a obtener el personnummer, número de identificación esencial para ser un ciudadano más, y porque empezaba a sacudirse la sensación de “culpa” que sentía.

Suecia en corto

  • Tasa de desempleo: 8,1%.
  • Tasa de desempleo juvenil: 24,7%.
  • Crecimiento del PIB en 2013: 1,0%.
  • Número de españoles: 5.064 (censo, julio 2013).
  • Los ciudadanos de la UE y del Espacio Económico Europeo no necesitan permiso para trabajar a su llegada al país.
  • Para estancias superiores a 90 días es necesario tener un permiso de residencia.
  • El personnummer, número de identificación personal, es esencial para vivir en Suecia, acceder al sistema de salud, contratar servicios bancarios, dar de alta la red telefónica... Hacienda tarda en facilitarlo. Se necesita (al menos) probar la residencia, unos recursos económicos y cobertura sanitaria (tarjeta europea, seguro privado, etcétera).

¿Y ahora? “He tenido suerte, es un cambio positivo, siento que aprendo y prefiero ser puteado aquí”. No quiere oír hablar de volver de momento. Más radical suena Miguel Arce, ingeniero de caminos de 32 años. “¿Para qué volver cuando descubres que en otros países se está mejor?”. Llegó a Estocolmo en julio, dos meses después de que su empresa le echase. “No me dieron motivo”, se extraña, “aunque, claro, luego vi a quién contrataron y…”. Hay hartazgo y España está en la diana.

A Miguel le gusta viajar. Ya lo hacía desde el departamento de exportaciones en el que trabajaba. El olfato y su amor por Estocolmo le empujaron a aprender algo de sueco en Madrid, su ciudad natal. Aun así, con su determinación —“tomé la decisión de irme en una semana”, relata desde una terraza del centro—, con su chapurreo de sueco y una indemnización en el colchón, la primera impresión es clara: “Empezar aquí sin recursos es imposible”. O casi. Este es su plan: primero, machacar el sueco; luego, buscar empleo y, mientras, hacerse un hueco entre los de allí. “Tenemos algo que ofrecer, la forma de ser… Eso gusta a los suecos”.

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Pero eso no paga los 800 euros al mes que le pedían por una habitación. Duerme por unos 300 en el sofá de un amigo. Hace lo que quiere y por eso se dice “afortunado”. Aunque no se olvida de España: “Apúntate esto”, pide a su interlocutor: “¿Qué te parece que tras estudiar en un colegio público, en la universidad pública, ahora se lo devuelva a Suecia?”.

Suecia cuesta dinero y sacrificio. No es un país de ensueño, pese a su 8,1% de paro. El inglés puede valer para tirar, pero el salto llega con el dominio del sueco, un empleo, el temible personnummer… Y, por tanto, no es raro, como indica el personal diplomático español, que haya licenciados que soliciten incluso la plaza de chófer de la Embajada.

“Empezar aquí sin recursos es imposible”, explica un ingeniero de 32 años

Rebeca Luna nació en Mataró hace 24 años. Hoy es ingeniera industrial, una de esas especialidades, muy dura, a las que antaño les sobraban salidas. “Tú mismo te lo vas diciendo cuando estudias”, recuerda Rebeca. El 25 de junio de 2012 llegó a Estocolmo para trabajar en prácticas en el desarrollo de maquinaria para la radioterapia contra el cáncer. Su sueldo estaba por debajo del mínimo interprofesional, pero vivía en un piso de estudiantes. No conocía a mucha gente, le costaba el idioma y entender su mentalidad. “Los suecos eluden el conflicto”, explica junto a la estación central de la capital, “pero me integraron y les interesaba lo que yo decía”. La empresa fue mal. Regresó en mayo a su tierra, aunque solo por un mes. Ha logrado un empleo en las oficinas en Suecia de la red universitaria Aiesec. “Ahora me siento inmigrante y eso choca”, admite Rebeca. “Pero mis padres pasaron por cosas peores”. Ella volvería a casa.

También lo haría si se dieran “condiciones aceptables” el joven de 24 años que el 17 de julio acudió a la misión española en Estocolmo en busca de ayuda. Es ingeniero técnico en mecánica y prefiere preservar su identidad. Llegó hace dos años a Suecia. Cursó un máster y ahora cumple con las prácticas remuneradas. Pero hasta la Embajada reconoce que se encuentra en una laguna jurídica. Lo explica vía skype: trabaja, recibe dinero y, por tanto, cotiza; los impuestos se llevan un 30%, pero no recibe cobertura sanitaria porque no tiene el cansino personnummer. ¿Qué necesita? La tarjeta sanitaria europea, pero como en España no cotiza, no es posible ni declarándose sin recursos ante la Seguridad Social, salvo que fuera mayor de 26 años.

No es raro que universitarios pidan plaza de chófer en la embajada

“Si fuera al hospital”, ejemplifica, “tendría que pagarlo todo, empezando por la visita, que son 200 euros”. O, al cambio, un 20% de su actual paga mensual. Pero la laguna jurídica es pequeña y la arboleda más grande. “Todo ha fluido muy bien, he tenido suerte porque conocí a muchos suecos y son simpáticos”.

De todo tiene que haber, según Alberto, de 36 años, natural de León. Estudió biblioteconomía y documentación y se marchó a vivir a Suecia cuando la crisis en España asomaba la patita. “Ya veía yo entonces cosas muy raras”, recuerda mientras pasea por el céntrico barrio de Östermalm. “No tenía miedo ni al fracaso ni al éxito, pero tuve la oportunidad de vivir en Estocolmo”.

Ha trabajado de friegaplatos, en una fábrica llevando el inventario… Ha estudiado con tesón, sobre todo el idioma, para hacerse sitio en un mundo cerrado. “Me lo he currado mucho, de verdad”, insiste Alberto hasta convencer de que no tuvo un camino de flores. Desde hace cuatro años da clases a hijos de inmigrantes. Lo que dejó atrás no es suficiente para querer regresar. “Es muy triste lo que pasa”. Le da pena España, lo que ve y lo que su país escupe hacia fuera. “Yo he tenido suerte, pero he conocido gente que se vino y lo perdió todo”. No es Suecia, precisamente, El Dorado.

Sobre la firma

Óscar Gutiérrez Garrido

Periodista de la sección Internacional desde 2011. Está especializado en temas relacionados con terrorismo yihadista y conflicto. Coordina la información sobre el continente africano y tiene siempre un ojo en Oriente Próximo. Es licenciado en Periodismo y máster en Relaciones Internacionales

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