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OBITUARIO

Robert W. Fogel, el Nobel de Economía que polemizó sobre esclavos y trenes

Aplicó los métodos de la econometría a investigar de forma iconoclasta temas históricos

Robert W. Fogel, historiador económico y Nobel de Economía 1993.
Robert W. Fogel, historiador económico y Nobel de Economía 1993.

Robert William Fogel (Nueva York, 1926) fue, con Douglass North, que lo compartió con él en 1993, y Simon Kuznets, su maestro, uno de los pocos historiadores económicos que han obtenido el Nobel de Economía. Como Kuznets, Fogel era de origen judío ruso y fue el primero de su familia nacido en EE UU. En su juventud se afilió al Partido Comunista, sin duda afectado por el drama de la Gran Depresión. Sin embargo, cerca de los 30 años se desilusionó del marxismo y decidió estudiar Economía en la Universidad de Columbia bajo la tutoría de George Stigler (otro futuro Nobel) y de Carter Goodrich, gran estudioso de la historia del transporte y la intervención estatal en la economía. Goodrich fue quien sugirió a Fogel el tema de su tesis (la historia de los ferrocarriles en Estados Unidos), cuya publicación haría a su autor famoso. En efecto, en 1964 apareció Los ferrocarriles y el crecimiento económico de los Estados Unidos (Tecnos, 1971), un libro de ensayos de historia econométrica que pronto se convirtió en la comidilla de los círculos académicos americanos.

¿Por qué tuvo tal impacto un libro sobre la historia del ferrocarril, tema ya bastante estudiado? En primer lugar, se trataba de un trabajo econométrico e innovador; eran los años en que la historia econométrica, o cliometría, se estaba desarrollando y dando lugar a fuertes debates. En segundo lugar, Fogel trataba de demostrar que sus antecesores exageraron la importancia económica del ferrocarril. En tercer lugar, el libro de Fogel era metodológicamente revolucionario: para medir el impacto del ferrocarril en la economía estadounidense construía una estimación de lo que hubiera sido esta economía si el ferrocarril no hubiera existido: su conclusión era que el tren había añadido “nada más” un 5% a la renta nacional. En cuarto lugar, el libro de Fogel introducía conceptos muy innovadores tales como el “ahorro social” y el “contrafactual”. El ahorro social era, en este caso, la contribución del ferrocarril a la renta nacional. El contrafactual, aunque conocido de los filósofos de la historia europeos, no lo era apenas entre economistas e historiadores a ambos lados del Atlántico. Era contrafactual la idea de imaginar lo que hubiera pasado si hubiera ocurrido algo que en realidad no ocurrió: en este caso, si el ferrocarril no se hubiera construido.

El libro de Fogel se convirtió en tema de feroz discusión entre historiadores “cuantitativistas” y “cualitativistas”. Fogel triunfó entre sus contemporáneos: la cliometría avanzó arrolladoramente y no solo en Estados Unidos. Los estudios sobre el ahorro social del ferrocarril proliferaron en todo el mundo: los hubo en Inglaterra, en Francia, en Alemania, en Italia, en Rusia, en México y, por supuesto, también en España, y en esos países también dio lugar a fuertes controversias.

Pero Fogel, con su especial olfato para dar con temas polémicos, publicó un segundo libro cuyo truculento título era Tiempo en la cruz. La economía esclavista en los Estados Unidos (Siglo XXI, 1981). En él utilizaba también métodos cuantitativos para demostrar varias cosas: la primera, que la esclavitud, por odiosa que resultara moralmente, era económicamente viable y muy productiva; la segunda, que los esclavos en EE UU recibieron, por lo general, un trato bastante suave; la tercera, que el nivel de vida y la productividad de los esclavos se comparaban ventajosamente con los de los trabajadores libres. A Fogel, casado con una mujer negra, se le acusó hasta de defender la esclavitud, aunque su intención, creo yo, era muy otra: restaurar la dignidad del pasado de la población afroamericana.

Creativo y fructífero hasta el final, Fogel trabajó también en nutrición y antropometría económica, temas que permiten estimar la riqueza en épocas preestadísticas, e incluso avanzar conjeturas de futuro. A mediados del mes pasado, el original y polémico economista fallecía a los 86 años.