La prima de riesgo asfixia la financiación de las pymes españolas

Las empresas españolas pagan casi un 50% más por un crédito que las alemanas. Las alternativas a los préstamos bancarios no terminan de despegar

Carteles de sucursales bancarias en Madrid.
Carteles de sucursales bancarias en Madrid.SAMUEL SÁNCHEZ

“Tenemos pruebas sustanciales, significativas e importantes de que el área monetaria europea está ahora fragmentada”. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), reconocía así que el experimento europeo de una moneda única corre un serio peligro de resquebrajarse y en esa razón fundamentó su nuevo plan, las Transacciones Monetarias Directas (OMT, en sus siglas en inglés), que servirán para comprar deuda soberana de los países sometidos a una presión que, según el banquero central, nace de los “infundados temores de los inversores acerca de la reversibilidad del euro”. Pero la fragmentación no solo afecta a la financiación de los países en el punto de mira de los mercados, España e Italia, sino también a la de sus empresas.

Los inversores solo están dispuestos a comprar títulos emitidos por los Tesoros español o italiano si su rentabilidad es superior a la deuda alemana, que es la que perciben como segura, y eso explica la escalada de las primas de riesgo. Pero las pequeñas y medianas empresas de las economías más vulnerables de la zona euro son también las que más caros deben pagar los créditos que piden a los bancos. Según los últimos datos recogidos por el BCE, el coste de un préstamo de hasta un millón de euros con un vencimiento entre uno y cinco años, el típico que piden las pymes, se situó en España en julio en el 6,5%. Por la misma financiación, una compañía situada en Alemania tendría que pagar un 4,04% y una francesa un 4,14%. Las empresas españolas no pagaban unos intereses tan altos desde 2008. El desfase afecta también a los negocios italianos, que tienen que abonar un 6,24%, y portugueses, a quienes cuesta un 6,85%.

“España no es competitiva porque a una empresa que hace lo mismo que otra en Alemania le cuesta la financiación casi un 50% más cara”, señala Alfonso García Mora, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

Las sociedades de capital riesgo o de inversión apenas se han consolidado

Desde el departamento de préstamos sindicados de Citi en España se vive en primera línea lo que en términos económicos se conoce como “desacoplamiento” y que significa que países que deberían converger lo dejan de hacer, como ha sucedido con la periferia europea respecto a Alemania. Según Miguel Trueba, responsable del área, en el último año los préstamos sindicados concedidos a empresas españolas han tenido un coste de 300 puntos básicos (3 puntos porcentuales) más euríbor. Un diferencial que duplica el que se aplicaba en 2010. “Entonces, Telefónica hizo una refinanciación a 120 puntos básicos; esa misma operación, este año, le ha salido por 260. Y eso, una compañía puntera, para otras de menos calidad sube por encima de los 300 puntos básicos”. Como ejemplo, la refinanciación que realizó antes del verano Urbaser, filial de ACS y dedicada al tratamiento de residuos urbanos, una operación a tres años que le costará 375 puntos más euríbor.

Los datos ponen una vez más en evidencia la histórica dependencia de las empresas españolas de la financiación bancaria. Una relación que se torna perniciosa en un momento en que los propios bancos españoles tienen cortado el acceso al mercado interbancario y apenas han puesto en marcha un doloroso proceso de saneamiento de balances podridos de créditos hipotecarios incobrables, inmuebles adjudicados y terrenos sin valor. Además, el crédito a pymes ha sido tradicionalmente un importante negocio de las cajas de ahorros y bancos medianos, precisamente los que tendrán que sufrir los ajustes más duros si no quieren acabar en un proceso de resolución, tal y como prevé la última reforma bancaria aprobada por el Gobierno.

Otra solución son los pagarés de empresas, pero con garantías

En este contexto parece difícil prever que la concesión de créditos se vaya a reactivar pronto. “La fragmentación es muy preocupante y el problema no es que no haya demanda solvente, sino que no hay oferta. Cuando hay demanda, al final es una cuestión de precio, pero cuando directamente no se conceden créditos, lo que sucede es que no hay oferta”, indica García Mora.

Para sobrevivir, las empresas españolas tienen pocas opciones. Las sociedades de capital riesgo (venture capital) o capital inversión (private equity), que se dedican a invertir en proyectos emergentes en el primer caso o ya en marcha en el segundo, apenas se ha consolidado en España. El Mercado Alternativo Bursátil (MAB), creado en 2007 como un parqué para sociedades de capitalización reducida, no ha tenido el éxito esperado, fundamentalmente por su escasa liquidez: “Las empresas salen a ese mercado y obtienen fondos de una vez, pero luego no tienen seguimiento”, señala Ignacio Cantos, socio director de ATL Capital. Este apunta como posibilidad salir al exterior para buscar financiación: “El desapalancamiento [proceso de desendeudamiento] no se va a resolver a corto plazo. Salir a los mercados de capitales fuera no será fácil, pero si se normaliza un poco la situación, empresas como Pescanova o Abengoa, medianas grandes, podrían sacar por ejemplo bonos a dos años al 4% o 5%, quizá más baratos”, opina. Otra solución para eludir el monocultivo de la financiación bancaria, en opinión de García Mora, es el desarrollo de un mercado activo de pagarés de empresa, como el que existe en otros países: “Eso sí, con todas las garantías para que no se repitan situaciones como la de las participaciones preferentes”.

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