Grecia logra el apoyo masivo de sus acreedores para reducir la deuda

Inversores que poseen el 85,8% de los bonos regidos bajo la ley griega aceptan la quita El amplío respaldo permite activar las cláusulas de acción colectiva y eleva al 95,7% el total El acuerdo sitúa más cerca a Atenas de cerrar el segundo rescate financiero

La bandera griega ondea en el tejado del edificio de la Academia, en Atenas
La bandera griega ondea en el tejado del edificio de la Academia, en AtenasSIMELA PANTZARTZI / EFE

El jueves era el último día para que los acreedores decidieran si aceptaban o no perdonar la mitad de la deuda de Grecia. Tras acabar el plazo a las nueve de la noche (una hora más en Atenas), acreedores propietarios del 85,8% de los bonos regidos bajo leyes griegas habían aceptado rebajar su precio a la mitad, lo que representa la mayoría de toda la deuda en manos privadas. Con este amplío apoyo, el país evita por el momento el riesgo de una quiebra descontrolada.

“La participación en la quita de la deuda griega será tan voluntaria como las confesiones durante la Santa Inquisición Española”. Así comentó hace unos días el estado de la mayor reestructuración de deuda de la historia unos de sus damnificados, el presidente de Commerzbank, Martin Blessing. Una semana después, el lunes, el banco figuraba en la lista de los primeros 12 grandes grupos que aceptaban reducir el 53,5% del valor nominal de los bonos que poseen, en una operación que buscaba aliviar en 100.000 millones la carga de deuda de una Grecia al borde de la quiebra.

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Este porcentaje (85,7%) se considera sinónimo de éxito, ya que supera el mínimo legal necesario (66%) para que el Ejecutivo heleno pueda activar las cláusulas de acción colectiva (CAC). Gracias a ello, el total de inversores que serán incluidos en el canje se eleva al 95,7%, con lo que se alcanza claramente el mínimo que esperaba el Ejecutivo para llevar a cabo la operación, que era del 90%. Estas cláusulas implican que, al aceptar el acuerdo dos tercios de los inversores, el resto se ve obligado a asumir las pérdidas. El problema hubiese venido sobre el Gobierno heleno si hubiese quedado por encima de ese 66% pero por debajeo del 90% deseado una vez aplicadas las cláusulas, que solo pueden ejercerse sobre los bonos regidos bajo la ley griega.

El Gobierno griego y la organización que engloba a los 450 mayores grupos financieros del mundo, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) llegaron a un acuerdo que en la práctica condona la mitad de la deuda griega en manos de inversores privados, que suma 206.000 millones de euros, con una quita a través de un canje de bonos que se llevará a cabo el lunes. La quita, del 53%, se traduce en unas pérdidas reales de más del 70% para las entidades. Esta es la parte privada del segundo rescate de Grecia, pactado el pasado febrero en Bruselas, que conlleva 130.000 millones en créditos de los socios del euro.

Ya el miércoles, los 32 bancos y aseguradoras europeas que habían manifestado su apoyo junto a las entidades griegas representaban la adhesión de casi el 60% del volumen de deuda sujeta al pacto.

“Espero la máxima participación del sector privado, que contribuirá de forma significativa al esfuerzo para ajustar a reponer nuestra economía”, dijo en un comunicado el primer ministro, Lukas Papademos. También el presidente del IIF, Charles Dallara, aseguró que esperaba una “altísima participación”, aunque evitó concretar porcentajes.

El hecho de que el Banco Central Europeo (BCE) anunciase el jueves que volverá a aceptar los bonos griegos como garantía en sus operaciones también era un síntoma de que el proceso, largo y complicado, marchaba bien. El órgano europeo había dejado de asumir los títulos helenos como garantía el pasado 28 de febrero, cuando la agencia crediticia Standard & Poor’s rebajó la nota griega al nivel de impago selectivo.

El resultado no se hará oficial hasta el viernes, pero las bolsas se fueron animando durante la semana conforme se iban conociendo los apoyos al pacto griego y ayer las compras se envalentonaron al comenzar las noticias de que ese 75% era casi una realidad. El español Ibex 35 subió un 1,78%; el alemán DAX, un 2,45%; el francés CAC el 2,54%; el italiano MIB ,un 1,62%, y el Eurostoxx, un 2,17%. Wall Street también abrió con alzas contagiado de este optimismo. Las primas de riesgo se relajaron y el euro subió hasta cambiarse por 1,32 dólares. “Un proceso histórico será completado esta noche”, dijo en el Parlamento griego el ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos.

Aquellos fondos —sobre todo de alto riesgo— cuya inversión en deuda griega está cubierta por seguros de impago o CDS son los que planeaban rechazar la quita y prefieren ser obligados a esas pérdidas por la activación de las CAC, porque así cobrarían esos seguros. Tampoco los bonos regidos por leyes extranjeras se ven afectados por estas cláusulas, pero solo un 14% de toda la deuda griega al margen de la normativa helena.

No ha sido fácil llegar hasta ahí. Atenas tuvo que advertir a los inversores que rechazasen la quita que no habría una oferta mejor y tampoco recibirán fondos del nuevo rescate de 130.000 millones procedente de los socios del euro tras el acuerdo de Bruselas.

Dallara abundó el jueves en que “no hay más dinero que ofrecer en ese intercambio de deudas” y agregó, que los bancos consideran los términos de la negociación atractivos pese a que el intercambio los obligará a “eliminar más del 50% de los valores nominales (de los títulos en sus balances)”. “Es un número muy impresionante pero el valor actual de las pérdidas es aún mayor”, afirmó, en unas palabras que hacen recordar las de Blessing, de Commerzbank, cuando comparaba la voluntariedad de esta quita con la de las confesiones de la Inquisición.

La alternativa a la quita no es atractiva para los acreedores privados de Grecia, sobre todo para los bancos alemanes y franceses, los más expuestos a la deuda griega.

El conjunto del rescate griego busca situar el nivel de deuda pública en el 120% del PIB en 2020, cuando ahora supera el 160%, pero no faltan analistas que dudan de que el objetivo se logre y que, aun así, ese 120% sea sostenible. La economía afronta su quinto año de recesión y el jueves se conoció que la tasa de paro ha subido seis décimas en diciembre, hasta el 21%, más de seis puntos por encima del dato del mismo mes de 2010.

José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, ponía ayer otra cuestión sobre la mesa: “El plan deja fuera del perímetro a la banca griega, que está muy apalancada, debe 100.000 millones al BCE, y 24.000 en líneas de emergencia”.

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