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El agravamiento de la crisis

Dexia revela presiones de los Gobiernos para mantener la deuda griega

La entidad se estabiliza en Bolsa tras llegar a desplomarse un 36% en su primer movimiento desde el miércoles. -El consejero delegado dimite tras el acuerdo entre Francia, Bélgica y Luxemburgo para volver a rescatar al banco

Dexia es ya, oficialmente, la primera víctima entre la banca de la crisis de deuda del euro. Las autoridades de Francia, Bélgica y Luxemburgo, los tres países en los que la entidad está radicada, han cerrado un acuerdo para volver a rescatarla con una operación que prevé su desmatelamiento y la creación de un banco malo en el que se agruparán sus activos tóxicos, lo que en total tendrá un coste para las arcas públicas de 90.000 millones. El problema del banco deriva de su exposición a la deuda de Grecia, país abocado a la suspensión de pagos, aunque hoy uno de sus principales directivos, Pierre Mariani, ha responsabilizado de forma indirecta también a los Gobiernos de estos tres Estados de la situación extrema a la que había llegado Dexia y que ha acabado forzando su rescate.

"Tal vez nuestra ingenuidad fue aceptar con demasiada facilidad las solicitudes de los Gobiernos", ha afirmado en relación a las peticiones oficiales que recibió el banco para mantener en sus carteras la deuda griega y no empeorar aún más la crisis del país mediterráneo. Según ha explicado Mariani, que ha asegurado que los problemas hubieran sido mayores si no hubiera sido por los esfuerzos de la dirección para estabilizar su cuenta de resultados, Dexia nunca ha tenido un problema de solvencia "sino de liquidez" dada su gran cartera de deuda soberana. "Las condiciones de financiación a corto plazo son las que han causado la caída del grupo", ha matizado.

Mariani también ha aprovechado su intervención pública para rendir cuentas con la agencia de calificación de riesgos Moody's. Según ha asegurado, esta sociedad puso "bajo presión" al banco con su anuncio de que ponía en revisión para una rebaja a sus tres principales unidades por el aumento de sus problemas de financiación. "Todo el mundo puede tener su propia visión" sobre los tiempos elegidos por la agencia para dar a conocer sus decisiones y opinar sobre si su anuncio creó una "profecía autocumplida", ha explicado Mariani.

Dexia, que tras ser rescatada ya en 2008 acabará ahora dividida en tres y con su filial en Luxemburgo con toda probabilidad en manos de un fondo soberano qatarí, ha vuelto a cotizar hoy tras dos jornadas suspendida. En su primer movimiento en Bolsa, que en realidad suponía un resumen de las órdenes recibidas en los últimos días, se ha desplomado un 36%, aunque tras tocar este mínimo ha recuperado posiciones hasta llegar a subir un 10%. Al final, ha moderado el avance de sus acciones al 4%.

Además, el consejo del banco ha aprobado esta mañana los planes de auxilio que ayer establecieron los Gobiernos de Francia, Bélgica y Luxemburgo y que se ha cobrado una víctima en la figura del consejero delegado de Dexia, Jean-Luc Dehane. El exprimer ministro de Bélgica ha dimitido esta mañana con efecto inmediato. La razón que ha esgrimido es que, como representante del Estado belga en la entidad, su cargo ya no tenía sentido desde el momento en el que Bélgica ha vendido su participación en el grupo.

Por otra parte, el ministro luxemburgués de Finanzas, Luc Frieden, ha confirmado hoy que un grupo de inversores en el que está un fondo soberano de la familia real de Qatar "quiere comprar" la unidad en el país de Dexia. El Gobierno de Luxemburgo quiere mantener una pequeña proporción de la filial, aunque no se ha publicado todavía hasta dónde quiere llegar este fondo soberano para tomar el control de la entidad.

La intervención pública en Dexia, con nuevas ayudas, tiene un doble significado económico. Por una parte, incrementa las presiones sobre la necesidad de recapitalizar los bancos europeos; y, por otra, supone una presión específica sobre Bélgica, que puede ver rebajada la calificación de su deuda, como ya advirtió el pasado viernes la agencia Moody's.

La solución política se alcanzó tras un acuerdo entre el primer ministro belga en funciones, Yves Leterme, su homólogo francés, François Fillon, y representantes del Gobierno de Luxemburgo. Tras la reunión, el Gobierno belga emitió un comunicado en el que afirma que "la solución sugerida, resultado de intensas consultas con todas las partes involucradas, se someterá al Consejo de Administración para su aprobación".

El esquema de la operación pasa por nacionalizar Dexia Banque Belgique (DBB), la entidad belga del grupo financiero; crear en Francia una nueva compañía para atender la financiación de las entidades locales, que son sus principales clientes; y vender Banque Internationale à Luxembourg a una sociedad de Catar por unos 900 millones de euros.

La confirmación de la nacionalización de la filial belga vino de boca del mismo primer ministro, que convocó una rueda de prensa a las tres de la madrugada para confirmar que su Gobierno va a controlar el 100% de DBB. El Estado belga ha ofrecido 4.000 millones de euros para hacerse con su control, un precio considerado razonable por el Gobierno federal. "Nos sentimos contentos por poder liberar a Dexia Banca Bélgica de todos los cargos y de todo riesgo", afirmó Leterme en la rueda de prensa.

"Los clientes y los ahorradores pueden estar seguros al 200 % de que su dinero está seguro", ha asegurado Leterme, quien también ha concretado que con este acuerdo también "el personal de Dexia está a salvo".

El alumno brillante dos veces rescatado

En menos de tres años, Bélgica habrá perdido dos de sus principales instituciones financieras. Primero fue Fortis, que cayó tras la desgraciada privatización de la prestigiosa Caja General de Pensiones, que tras una enloquecida expansión tuvo que ser rescatado por el Estado para acabar en manos de BNP Paribas.

Ahora los contribuyentes deberán rescatar por segunda vez a Dexia, sin saber cuál será el futuro que espera a la entidad. En 2008, fue el quinto banco europeo que recibió más ayudas públicas para no quebrar. Los Gobiernos de Bélgica, Francia y Luxemburgo acordaron una inyección de capital de 6.400 millones de euros, unas garantías de 150.000 millones y una línea de liquidez de 13.000 millones para adquirir activos dañados. A raíz de la intervención, el Estado belga es propietario del 5,7% del capital, las tres regiones belgas controlan otro 5,7% y un paquete igual está en manos de Francia.

En 2008, las autoridades francesas se opusieron a la creación de un banco malo, en contra de la opinión de varios expertos. En el fondo, la crisis de Dexia se basa en que era un banco sin clientes, sin depositantes. Vivía del mercado interbancario y cuando este se secó, el banco se quedó sin fondos. A esto hay que añadir la devaluación de la deuda soberana de Grecia.

Lo más fascinante del peliculón de Dexia es que la entidad sacó muy buena nota en las pruebas de solvencia del pasado julio. Entre los bancos con más de 100.000 millones de euros en activos ponderados por riesgo, solo dos (Rabobank y Danske Bank) obtuvieron una nota mejor: una solvencia del 10,38% para el escenario más adverso.

Dexia publicó en agosto unas pérdidas trimestrales de más de 4.000 millones de euros, las mayores de su historia, como consecuencia del deterioro de su cartera de deuda griega. Esos resultados ya pusieron de manifiesto que algo no cuadraba con las pruebas europeas. Y lo que no cuadraba era, precisamente, que no contemplaban la hipótesis de un impago de la deuda por parte de ningún país.

Solo una semana después de la publicación de los exámenes, la UE y los principales bancos y aseguradoras pergeñaron una reestructuración "voluntaria" de la deuda griega que implica una quita del 21%. Tras el agravamiento de la crisis, es probable que la participación privada en el rescate sea aún mayor.

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