Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

El maestro de los banquillos

El fútbol homenajea a Rodríguez Vaz tras 44 años en la escuela de entrenadores

Un conocido abogado coruñés se tropieza con Luis Rodríguez Vaz y le espeta: "Me han dicho que el día 17 te hacen un homenaje. Allí estaré. No porque seas un gran entrenador, que también, sino porque eres buena persona y buen amigo". Se espera abarrote para un reconocimiento singular. "Una vida ligada al fútbol", han titulado los gestores del homenaje en los carteles que reparten por toda Galicia. En tiempos en los que compromiso y estabilidad son valores vaporosos resulta llamativo que una persona mantenga durante 42 años una misma responsabilidad. Es el caso de Vaz, director de la Escuela Gallega de Entrenadores de fútbol desde 1969, hasta que este año la federación gallega decidió sustituirlo por Rafa Sáez.

A sus 69 años, aún continúa con su peregrinaje por los campos de fútbol

La Federación le impondrá su insignia de oro y brillantes

Colegas, profesores de la Escuela, exalumnos, esa gente del fútbol a la que formó y entre la que Vaz es referencia decidieron que tenían que mostrarle de alguna manera su agradecimiento y quienes forzaron su relevo no pudieron mirar hacia otro lado: la Federación le impondrá su insignia de oro y brillantes.

-¿Pero usted esá jubilado?

-Sííí... bueno, ¿de qué?

Del fútbol es complicado irse. Luis Rodríguez Vaz aparcó la carrera militar por la pasión de la pelota. Llegó a entrenar en Segunda División y a ser un clásico en Segunda B y Tercera sin el bagaje de haber sido futbolista profesional. Ahora, con 69 años que no aparenta, continúa con su peregrinaje de fin de semana por los campos de fútbol gallegos. Y algo se le agita cada pretemporada. "Es entonces cuando tengo un gusanillo tremendo. Y luego veo cosas en algunos partidos y me entran ganas de volver. Veo una falta de calidad increíble en jugadores que están en Segunda o Segunda B. Yo rechacé auténticos fenómenos porque no había sitio para todos".

Una vida ligada al fútbol es un reguero de vivencias y de etiquetas. "Sí, tengo fama de duro", reconoce. Y lo explica. "A la hora de entrenar y de competir siempre he entendido que un muchacho que quiere ser profesional tiene que estar al límite de trabajo. Un entrenador tiene que saber mandar. Hay que ser exigente con la disciplina y el entrenamiento invisible. Esa mentalidad ha mejorado, pero todos sabemos de jugadores que han tirado por la borda varios años en los que podían haber tenido un rendimiento económico".

El fútbol de Vaz es el del compromiso y el rigor táctico, el apoyo. "Cada vez quedan menos jugadores inteligentes", lamenta. Es la idea que forjó a finales de los sesenta cuando acudió a Madrid a obtener el título nacional de entrenador. Entonces era una proeza volver con él, un desafío en el que el numerus clausus disuadía a muchos y amargaba a otros. "Ahora cualquiera que haya jugado un mínimo al fútbol y que sea algo estudioso puede sacarlo. España es el país del mundo con más entrenadores titulados", explica Vaz, que recuerda aquellos días en la capital todavía impresionado por coincidir con Puskas, que a pesar de un físico que tendía al tonelete guardaba todo su talento en "un pie izquierdo increíble". Poco tiempo después ingresó en la Escuela Gallega de Entrenadores. "Fuimos pioneros en Galicia. La montaron Celso Mariño, un médico de Pontevedra y, sobre todo, Enrique Nieto, que era el secretario y una persona injustamente olvidada. Ellos me llamaron para ser profesor, tenían otras ocupaciones y a los dos años me ofrecieron dirigirla".

Era una profesión nueva, un reto formativo, un perfil multifución en el que los inquilinos del banquillo se ocupaban de la parte táctica y técnica, de la preparación física y la de los porteros. Todo eso ahora está compartimentado y especializado.

"El entrenamiento es más racional", pondera Vaz. "El trabajo, los sistemas y los métodos poco han cambiado, pero sí la formación. Cuando empecé sólo había tres publicaciones: un libro de Enrique Pons, unos cuadernillos que comenzaba a editar la Federación y un compendio de educación física de la Academia Militar de Toledo". Luego llegó Carlos Álvarez del Villar, que escribió el primer gran compendió sobre preparación física en el fútbol. Ahora los entrenadores estudian medicina deportiva, reglas del juego, desarrollo profesional, dirección de equipos, organización, primeros auxilios y hasta empiezan a preocuparse por cómo llega su mensaje a público y futbolistas.

En todo ese ínterin no se puede entender la historia del fútbol gallego sin Rodríguez Vaz, que pasó por Fabril, Deportivo, Lugo, el desaparecido Turista olívico, Ourense, Racing, Compostela, Endesa y hasta por el vecino Chaves portugués mientras pilotó la formación de centenares de entrenadores, ese colectivo de sufridores, los primeros que salen por la puerta cuando el penalti da en el palo. Es la dictadura del balón, también la que Vaz explica: "Estamos en manos de personajes que juegan con el sentimiento de profesionales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2011