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Alec Baldwin, actor de moda y político en ciernes

Si Alec Baldwin tuviera que elegir un papel para reflejar su vida, podría ser un Hamlet en versión cómica. El actor vive una resurrección en Hollywood debido a los tres Globos de Oro y los dos premios Emmy recibidos por su interpretación de Jack Donaghy, un ejecutivo ultraconservador, en la serie 30 Rock. Pero en realidad Baldwin es un izquierdista convencido, que hasta ha visitado de incógnito al movimiento Ocupa Wall Street y no esconde su sueño de, algún día, ser alcalde, senador o, tal vez, gobernador, en Nueva York. Los políticos republicanos que ya le ven como un rival le ridiculizan por querer ser muy progresista y, a la vez, haberse gastado 8,8 millones de euros en un apartamento en el Soho de Manhattan.

Otro golpe para su intento de parecer un actor normal, alineado con los más desfavorecidos, crítico con los ricos y poderosos, ha sido su expulsión de un avión, al estilo de Naomi Campbell, por negarse a apagar su iPad antes del despegue. Ocurrió el pasado martes.

Alec Baldwin volaba en primera. Tuvo un tenso intercambio con una azafata. Y cuando el avión se dirigía a la pista de despegue, se levantó iracundo y dio un portazo en el baño, al que, por cierto, se llevó el iPad. El capitán, alarmado, regresó a la puerta de embarque y ordenó a Baldwin que se marchara. Una salida poco honrosa para alguien que aspira a ser un cargo público.

Así es Alec Baldwin. Amigo de los indignados de EE UU. Crítico feroz de los años de la Administración de George W. Bush. Y uno de los primeros en apoyar, esta semana, a Barack Obama en su campaña de reelección para 2012.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2011