Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
68ª edición de la Mostra de Venecia

William Friedkin ofrece una orgía de sangre y risa

El autor de 'El exorcista' presenta 'Killer Joe' a concurso

Risotadas a todo volumen y aplausos con algo de recochineo resumieron ayer el estado de ánimo del personal después de ver la comedia más burra y cafre del lustro: Killer Joe, del ínclito William Friedkin. Intentar a estas alturas quitarle mérito al currículo de Friedkin sería cosa de necios, no por nada este señor con pinta de vecino de esos que escruta a la comunidad con sus prismáticos ha firmado obras del tamaño de El exorcista o la inmensa French connection. Sin embargo, de un tiempo a esta parte el cineasta de Chicago parece disfrutar del cine algo pasado de vueltas. Por si alguien tenía dudas de que no va a dejar de hacerlo solo hay que ver Killer Joe.

La historia es la adaptación de una obra de teatro de Tracy Letts que empezó a representarse en 1993 y que cuenta la historia de un jovenzuelo metido en líos con gente que no debe y que ve como única salida cargarse a su madre y cobrar el seguro de vida. Naturalmente, y aunque está apurado, no va a ser él el que se decida a cometer el crimen, así que decide contratar a un profesional (el Killer Joe del título, interpretado con montañas de bilis por Matthew McConaughey). El segundo problema del personaje (el jovenzuelo) es que no tiene ni un duro, así que lo mejor que se le ocurre es dejar a su hermana de garantía para el pistolero. Este acepta y a la hermana en cuestión -una señorita de moral extremadamente laxa- tampoco le parece mala idea. Luego empiezan las palizas, las amenazas, las persecuciones y las bofetadas a granel; a un par de los protagonistas los hinchan a guantazos en secuencias de esas que no gustarán a los que sufran de estómagos delicados.

El realizador parece disfrutar haciendo un filme que está pasado de vueltas

'Shame' es la película favorita de la crítica para el León de Oro

A los personajes a los que no les tocan la cara les esperan otras delicias. Todo ello contado en formato digital y clavándoles la cámara en el cogote a los que salen por ahí arrastrándose o huyendo de algo. Viendo cómo tratan a los protagonistas uno no puede dejar de pensar en el escritor Jim Thomson y, si se pone meticuloso, en la adaptación que el británico Michael Winterbottom hizo de la novela El demonio bajo la piel, y donde el personaje de Casey Affleck, un sheriff con problemas de autocontrol, deja las caras de sus amantes como una hamburguesa.

Hay mucho de negro y catártico en las aventuras de las criaturas de Friedkin, aunque a todos les falten una o varias tuercas. Hay también una secuencia de sexo oral (llamémosla así) que hizo que más de uno/a dejara la sala en estampida como si tuviera que buscar con urgencia una cabina para llamar a su madre. De hecho, Killer Joe te da pocas opciones, o te la miras con impasible regodeo o huyes y tratas de no pensar más en ello: "Se puede decir más alto pero no más claro", habrá pensado el director, un hombre de pocas manías. También hay en el filme un juego de esos tan clásicos en el que el primo de la historia acaba siendo el más listo del tablero y que enlaza Killer Joe con las películas de estafas y tomaduras de pelo que tanto gustan en Hollywood. Aun así hay que aclarar que la trayectoria comercial de este proyecto henchido en sangre y mala baba se antoja bastante dudoso, por no decir imposible. Demasiada hemoglobina y ninguna concesión.

Por cierto, acompañan a Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Thomas Haden Church y Gina Gershon, aunque con las tortas que les llegan a dar lo del reconocimiento facial -llegados a cierto punto- se antoja bastante complicado.

En otro orden de cosas, Shame, película del británico Steve McQueen, es ya la clara favorita de los críticos para llevarse a casa el León de Oro. Veremos si aciertan o -como de costumbre- el jurado hace lo que le da la gana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2011