Los repetidores quedan por detrás del nivel de sus nuevos compañeros

La evaluación de secundaria revela grandes diferencias en el rendimiento si se ha suspendido algún curso y en función del estatus económico familiar

En el ecuador de la secundaria (segundo curso), la mayoría de los alumnos ha adquirido conocimientos suficientes para seguir adelante. Ahí están los del aprobado raspado y los del notable. Preocupan los márgenes: un 18% de estudiantes con un rendimiento bajo o muy bajo y la estrecha franja de excelentes, donde apenas se cuela un 8% de alumnos, según el informe sobre la evaluación estatal de la secundaria, que han pasado 29.154 estudiantes. Y las diferencias entre los mejores y los peores alumnos no las marca la comunidad donde viven, ni siquiera el centro en el que estudian. Es más fácil buscarlas por el nivel económico de cada casa, que es lo mismo que decir, por el número de libros que hay en ella o los estudios de los padres. En las clases medias y altas estarán también los alumnos con más expectativas académicas y los que menos repiten. Y estos dos factores influyen mucho en sus resultados.

Un 18% de los alumnos suspende, por solo un 8% de excelentes
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Los alumnos que han repetido un año obtienen entre 56 y 73 puntos menos que los otros. Y si se ha repetido dos veces, la diferencia se eleva hasta casi 100 puntos. El estudio divide los resultados de los alumnos en cinco niveles. La diferencia entre un nivel y el siguiente es de 74 a 76 puntos. Por tanto, tener 100 puntos menos, es caer en un nivel inferior, o más. "Repetir para hacer lo mismo no sirve de nada, no es más que una vía muerta hacia el fracaso. Hay que repensar seriamente las repeticiones", dijo el secretario de Estado de Educación, Mario Bedera, al presentar los resultados.

Los datos de esta evaluación estatal de la secundaria no son muy distintos de los que se obtuvieron en primaria o en el informe Pisa. Así que las conclusiones del Gobierno son también parecidas: achacan la medianía de nuestros alumnos al retraso secular en la educación. Y confían en que en unos años, los muchos alumnos que integran la etapa infantil den la vuelta a los resultados y se produzca un despegue parecido al que se ha experimentado en el deporte de élite. Pero mientras eso llega, Bedera cree que hay que seguir con las medidas en marcha: los contratos programa, mediante los cuales cada centro presenta su proyecto y objetivos educativos y se le proporcionan recursos para conseguirlos: hay 40 millones de euros para eso. "Ya está funcionando, esta es la vía, el problema está dentro de cada centro", dijo Bedera. La equidad del sistema educativo español sigue garantizada. No hay una comunidad excelente, aunque tienen mayor porcentaje de estos alumnos Navarra, Madrid, La Rioja, Castilla y León y País Vasco, por ejemplo. Tampoco hay ninguna en la banda del fracaso, aunque Canarias, Baleares, Andalucía, Extremadura, Valencia o Cataluña tienen más alumnos ahí. Depende, en todo caso, de cada una de las materias evaluadas: matemáticas, lenguaje, conocimiento e interacción con el mundo físico y competencia social y ciudadana.

El examen ha dividido los resultados en cinco niveles, donde el primero es el suspenso, por así decir, y el quinto, el excelente. Pero el medio (niveles dos, tres y cuatro) no es un totum revolutum. El nivel dos, el más flojo entre los que progresan, es todavía una franja ancha donde se acumula casi un tercio del alumnado. Y el siguiente escalón, donde tampoco se encontrarían los estudiantes más notables, está bien nutrido con casi un 30% del alumnado.

Así que, la delgadez de la excelencia es preocupante, pero también que sean los hijos de las clases obreras los que siguen engordando las peores calificaciones; los que no tienen libros en casa, los que suspenden y repiten y, finalmente, los que cortan el vuelo a sus expectativas académicas.

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