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Un alivio para las mujeres con síntomas

Son muchas las mujeres que sufren sofocos, sudoración, alteraciones del sueño y otros síntomas en relación con la menopausia. En algunas, estos síntomas llegan a afectar a su calidad de vida. Puesto que la causa es la reducción drástica en la producción de estrógenos, es razonable pensar que su reposición por medio de la terapia hormonal debe, como es el caso, mitigar esta sintomatología. Junto a ello, el final de la década de los ochenta y casi toda la de los noventa vieron nacer estudios experimentales y clínicos que sugerían un beneficio añadido en cuanto al riesgo cardiovascular y a la pérdida de masa ósea. En el inicio del nuevo milenio, sin embargo, se publicaron estudios clínicos que, apoyados en la alta calidad de su diseño, deshicieron la creencia de la protección frente a la enfermedad. Al contrario, la terapia hormonal aumentaba el riesgo de cáncer de mama, un efecto ya sospechado, y además el de enfermedades vasculares (enfermedad coronaria, ictus y tromboembolismo venoso). Fruto de ello, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios emitió una nota limitando el uso de terapia hormonal a mujeres con síntomas de suficiente magnitud como para afectar su calidad de vida y, además, por el menor tiempo posible. Las tasas de uso, que siempre fueron bajas en nuestro país, acabaron por ser poco más que simbólicas.

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Sin embargo, y aunque pasó con menor impacto mediático, se encontró que el uso de estrógenos solos, pauta usada en mujeres a las que se ha extirpado el útero, daba un perfil de riesgo prácticamente neutro. Recientemente, en abril de este año, se han publicado los datos del seguimiento a más largo plazo de estas mujeres, por una media de 10 años. Se ha confirmado que las mujeres que usaron estrógenos por una media de cinco años presentaban unas tasas significativamente inferiores de cáncer de mama. Además, si el uso se llevaba a efecto entre la edad de 50 y 59 años, intervalo en el que se prescribe terapia hormonal a la inmensa mayoría de las mujeres, hay también reducción en el riesgo de enfermedades coronarias.

De esta forma, se confirma la amplia evidencia anterior obtenida en estudios experimentales y clínicos, así como la hipótesis de que en mujeres de menos de 60 años, el perfil de riesgo se disipa. Más aún, y también de acuerdo con una serie de datos previos, todo apunta a que es la adición del progestágeno, el componente que acompaña al estrógeno en las mujeres con útero, la que parece condicionar riesgo. Debe subrayarse que en Europa usamos progestágenos distintos del acetato de medroxiprogesterona, el usado en los estudios que detectaron riesgo.

En conclusión, las mujeres con síntomas menopáusicos, que en su inmensa mayoría se encuentran en el intervalo de edad de 50 a 59 años, pueden sentirse aliviadas. Incluso usando la combinación de estrógenos y progestágenos, el riesgo en este intervalo de edad es mínimo, como también han confirmado los análisis estratificados por edad de los estudios más amenazantes.

Antonio Cano es catedrático de la Universidad de Valencia y jefe de servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital Doctor Peset (Valencia).

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 13 de mayo de 2011.

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