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Plenitud vital del maestro Muti

El Premio Príncipe de Asturias al músico napolitano reivindica el papel del director de orquesta como un puntal del arte de nuestro tiempo

El director de orquesta Riccardo Muti, nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Artes, irradia una enorme y poderosa energía. Piensa, como Toscanini, que en el ejercicio de la comunicación musical los brazos son como la extensión de la mente, las ideas musicales hay que transmitirlas en los ensayos y en un concierto todo debe ser lo más claro posible. Muti es un gran comunicador. Una virtud fundamental en alguien en quien confluyen todas las miradas, las de los músicos y las del público. También es un seductor, aunque se quite importancia. "Huyo de los gestos pirotécnicos", ha llegado a afirmar. "Los brazos y las miradas comunican la energía del alma. Dirigir una orquesta es un ejercicio más espiritual que físico". Toca el piano en sus ratos libres, es vitalista y extrovertido. Hace gala de un especial sentido del humor. No renuncia en ningún caso a su condición de maestro, pero con el paso del tiempo se perciben cada vez más sus rasgos más entrañables. Profesionalmente está en su momento de plenitud.

19 años al frente de La Scala marcan un punto de inflexión en su carrera

Por todo esto y por su carisma, se veía venir este premio. Los galardones tenían un poco abandonada últimamente a la música clásica y a los intérpretes carismáticos. Muti (Nápoles, 1941) es uno de ellos. Es, en cierto modo, el final y la recompensa a un año intenso: un tiempo en el que han sucedido muchas cosas en la irresistible ascensión del director de orquesta napolitano y su prestigio ha crecido todavía más si cabe. Ha comenzado su periplo al frente de la Sinfónica de Chicago, ha dirigido un emotivo Nabucco en la Ópera de Roma (incluso invitó a los asistentes a cantar el coro Va pensiero en defensa de la cultura y como protesta contra los recortes económicos de las Administraciones gubernamentales italianas). Se ha divulgado también por YouTube un divertido y desmitificador discurso suyo en Estados Unidos sobre la función del director de orquesta.

Sufrió un amago de infarto en Chicago en vísperas de unos conciertos populares en los barrios de mayoría mexicana y ha experimentado meses después una recaída. En medio de este clima, su perfil humanista se ha elevado al compás de una creciente sensación de libertad, de compromiso con la sociedad, de vida en la música y más allá de ella. Se diría que el sufrimiento ha rejuvenecido a Riccardo Muti.

El carismático director italiano siempre ha simultaneado la música sinfónica con el teatro lírico. En el terreno de las grandes orquestas imprimió su sello lírico y transparente en Europa a la orquesta Philharmonia de Londres y en Estados Unidos a la Orquesta de Filadelfia, de la que se decía, y no sin razón, que era la orquesta americana con el sonido más europeo. Sus 19 años al frente de La Scala de Milán marcan un punto de inflexión en su carrera operística. Su músico de cabecera ha sido siempre Verdi, pero se atrevió incluso con una tetralogía wagneriana en La Scala, que resolvió muy dignamente. Buscó en todo momento un ensanchamiento del repertorio no siempre bien comprendido, pero con un incuestionable rigor musicológico.

Su salida de La Scala le vino bien porque, como él mismo declaró a EL PAÍS, "necesitaba volver a sentir la libertad". La música lírica del XVIII ha sido siempre otra de sus incondicionales compañeras de viaje. En Salzburgo, especialmente, se volcó con Mozart. Siempre puso buena cara a los Cherubini, Paisiello, Pergolesi, Spontini o Jommelli. Por ello fue comprensible que cuando le ofrecieron la organización del Festival de Pentecostés en Salzburgo optase por la ópera napolitana como base. El próximo 10 de junio dirigirá allí I due Figaro, de Mercadante, compuesta en España, que posteriormente viajará al teatro Real de Madrid, como primera pieza de una colaboración a largo plazo. Años antes, en el teatro Pérez Galdós de Las Palmas, se pudo gozar bajo su dirección de una ópera de Cimarosa.

A Muti se le ha asociado frecuentemente con Karajan por el fraseo y la belleza del sonido, pero él se siente a gusto cuando se le sitúa como heredero de Toscanini. Y cuando se le da ocasión, muestra su agradecimiento a Antonio Votto, su maestro, y primer colaborador del maestro de Parma. El estilo de Muti es, en cualquier caso, más de un purasangre que de un intelectual depurado. Vibra con las emociones a flor de piel. En cierta ocasión, en 1995, se metió en un lío monumental, participando en el Festival Mahler de Ámsterdam al lado de los Haitink, Abbado, Chailly, Rattle y de todos los mahlerianos de postín de aquellos años. Hizo la Cuarta y para sorpresa de muchos salió más que airoso de aquella embarcada en la sala mítica del Concertgebouw.

Además de Chicago, Muti no falta a las citas de Lucerna y Salzburgo, mantiene su fidelidad al Festival de Ravenna y la orquesta juvenil Cherubini, tiene la intención de seguir con Verdi en Roma y, en principio, con la ópera italiana del XVIII en Madrid. Con la Filarmónica de Viena lleva colaborando 40 años. Pero por encima de los méritos personales, más que abundantes, que concurren en la figura artística y humana de Riccardo Muti, lo que sale reivindicado con esta distinción del Premio de las Artes Príncipe de Asturias es el papel del director de orquesta como uno de los puntales del arte de nuestro tiempo. Ahí están, dejándose la piel, en el terreno musical y en el social a través de la música, los Barenboim, Abbado, Rattle y tantos otros. Riccardo Muti los representa a todos en esta ocasión. A los directores, a los músicos y a los amantes de este arte inconmensurable e inagotable que es la música.

Una selección de premiados

- Jesús López Cobos, director de orquesta (1981).

- Antonio López, pintor (1985).

- Luis García Berlanga, cineasta (1986).

- Eduardo Chillida, escultor (1987).

- Óscar Niemeyer, arquitecto (1989).

- Antoni Tàpies, artista (1990).

- Fernando Fernán-Gómez, actor, cineasta y escritor (1995).

- Santiago Calatrava, arquitecto (1999).

- Woody Allen, cineasta (2002)

- Miquel Barceló, artista (2003).

- Paco de Lucía, músico (2004).

- Pedro Almodóvar, cineasta, (2006).

- Bob Dylan, músico (2007).

- Richard Serra, escultor (2010).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2011

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