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HISTORIAS DE UN TÍO ALTO | BALONCESTO

El mejor del año... Tom Thibodeau

Una de las consecuencias más lamentables del auge de Internet ha sido el incremento del pensamiento de grupo, es decir, de la tendencia de la opinión pública a arremolinarse en torno a una tesis fundamental. Supongo que lo podríamos haber visto venir, ya que la gente lleva repitiendo como un loro los pensamientos de los demás desde que la Gaceta de Jerusalén llamó ramera a María Magdalena en el 23 d. C. ("¡Noche regada con vino con Jesucristo! ¡Grabados en el interior!"). Internet solo lo hace más fácil.

La carrera de este año por el premio al Jugador Más Valioso (MVP, en sus siglas en inglés) de la NBA es una muestra de la omnipresencia del pensamiento de grupo. Ahora se da por hecho que Derrick Rose exhibirá pronto un trofeo de MVP en su casa; en gran parte, porque la gente sigue diciéndolo.

Derrick Rose es una constante en los Bulls. Lo que este año ha cambiado es la plantilla y tener un gran entrenador

Derrick Rose es un jugador de baloncesto muy bueno. Y los Bulls de Chicago son mejores este año que el anterior. Pero, cuando comparamos los dos años, Rose es una constante, una constante portentosa y sobrenatural, pero que no deja de ser una constante. Lo que ha cambiado es la plantilla -los Bulls echaron a los preferidos de los hombres blancos, Kirk Hinrich y Brad Miller, y ficharon a los ganadores habituales, Carlos Boozer y Kyle Korver- y el entrenador, ya que contrataron a Tom Thibodeau, el que fuera asistente de los Celtics de Boston, para sustituir al bien peinado, aunque permanentemente desconcertado, Vinny del Negro.

¿El resultado? La temporada pasada, los Bulls anotaron 97,5 puntos por partido y recibieron 99,1 en su camino a convertirse en el octavo cabeza de serie de la Conferencia Este. Esta, los Bulls han anotado 98,3 puntos mientras que han concedido 91,2 en la senda que les convertirá (probablemente) en el primer cabeza de serie en los playoffs de la Conferencia Este.

Si Derrick Rose fuese el jugador más valioso de todo el baloncesto, su equipo habría sido tan bueno (o casi) el año pasado, antes de los cambios. Gracias al impacto de Thibodeau y de los jugadores alrededor de Rose, es razonable pensar que los Bulls serían tan buenos este año (y posiblemente mejores) si Rose fuese sustituido por Deron Williams, Rajon Rondo o Chris Paul.

De hecho, estos tres nombres están probablemente más legitimados para ser candidatos al MVP. Los Hornets serían unos perdedores sin Paul. Los Celtics, carne de cañón de los playoffs de la Conferencia Este sin Rondo. Y Williams, aunque probablemente sea un mal tipo (prueba de ello es que obligó a Jerry Sloan a dejar su cargo en Utah), debe de tener alguna influencia en el destino de sus equipos: los Jazz están totalmente perdidos sin él y parece que los Nets han rejuvenecido con él.

Los Bulls serían peores sin Rose, pero no serían ridículos. Y esa, creo, es la definición del MVP: si se quitara al jugador nominado de su equipo, su equipo se convertiría en el hazmerreír de toda la Liga. Siguiendo esa pauta, la elección del MVP de 2011 está clara: Kobe Bryant o Dirk Nowitzki. Los Lakers serían unas tomas falsas sin Bryant. Sin Nowitzki, los Mavericks son los Kings de Sacramento: divirtiéndose algunas noches, pero viendo los playoffs por televisión (en televisores grandes, eso sí) en su casa.

Pero ni Bryant ni Nowitzki ganarán. Gracias a una corriente popular impulsada por Internet y que está aplastando las opiniones disconformes como si fueran un perro lisiado delante de un Maserati, Derrick Rose será nombrado MVP de la NBA. Será una elección segura: los Bulls están entre los equipos de la élite de la NBA y Rose es el mejor jugador de Chicago.

Y entonces David Stern volará hasta Chicago con un trofeo. Como tiene que ser. Pero será el trofeo equivocado y se lo dará al hombre equivocado. Porque el único trofeo que debería entregar en Chicago es el trofeo con la etiqueta de Entrenador del Año. A Tom Thibodeau.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011