Reportaje:LIGA DE CAMPEONES | Ida de los cuartos de final: Barcelona-Shakhtar

Furbescu, el astuto

Mircea Lucescu es idolatrado en Donetsk y admirado en Brescia después de su paso victorioso por Turquía e Italia

Mircea Lucescu y Pep Guardiola se conocen relativamente, mantienen una relación profesional correcta y comparten ciertas afinidades, como una vinculación sentimental con el Brescia. El técnico rumano (Bucarest, 1945) entrenó (1991-1996) al club que preside Luigi Corioni. El catalán fue jugador y también capitán suyo cuando dejó el Barcelona en 2001. La semana pasada incluso viajó a la ciudad lombarda, visitó a sus conocidos en la entidad y cenó con Corioni. Pudo constatar entonces el buen recuerdo que dejó Lucescu en Brescia y en toda Italia después de su paso también por el Pisa, el Reggina y el Inter.

A Lucescu, en Italia, le llamaban Furbescu, de furbo, por astuto, por su capacidad para trampear los partidos tácticamente y generar las mejores condiciones para el triunfo de su equipo. Antiguo delantero internacional rumano, es un referente en su país, triunfó en Turquía al ganar la Liga con clubes rivales como el Galatasaray y el Besiktas y ahora es el rey del fútbol en Ucrania, tanto que en determinados medios se debate sobre la posibilidad de que sea el seleccionador con vistas a la Eurocopa. Alejado del boato mediático, trabaja sin más presión que la suya. Su rendimiento resulta excelente. A ninguno de los clubes de las grandes Ligas les gusta jugar contra Lucescu. Si no, basta con preguntar en el Arsenal o el Roma.

Su apelativo responde a su pillería, a su capacidad para trampear los partidos
Le encanta crear equipos, trabajar con jugadores jóvenes, mercadear

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Aunque difícilmente ganará la Champions, el Shakhtar puede hacer que la pierda más de uno de los favoritos. Al Barça, por tanto, le aguarda una eliminatoria exigente, máxime si se recuerda que solo le pudo derrotar en la Supercopa europea que les enfrentó en 2009 (gol de Pedro en la prórroga) y que sus eliminatorias en la Liga de Campeones han sido muy igualadas, aunque siempre acabaron con ventaja para los barcelonistas.

Los azulgrana todavía recuerdan los gritos de Lucescu al final del partido de la liguilla europea en octubre de 2008, cuando salió a la sala de prensa después de que el Barcelona remontara en los tres últimos minutos con dos goles del recién salido Messi el tanto de Ilsyinho. "Ha sido una vergüenza", proclamó; "el comportamiento del Barça ha sido indigno. Lo lamentará toda la vida".

Ocurrió que Bojan no devolvió una pelota que el Shakhtar había tirado fuera para que atendieran a uno de sus futbolistas y Messi la embocó a gol. A Lucescu, que siempre procesó los detalles más intrascendentes para amarrar sus victorias, le dolió cómo le ganó el Barça y quiso que se enterara toda la Champions. No lo tuvo en cuenta Guardiola, que no reparó después en llamar dos veces a Lucescu para contrastar su buena opinión sobre Chigrinski.

Dima Chigrinski no duró ni una temporada en el Camp Nou porque el Barça no es el Shakhtar ni la turística Barcelona tiene que ver con la ciudad minera de Donetsk. Un mal negocio para los azulgrana y la mejor de las operaciones para los ucranios, que ganaron 10 millones de euros.

En cualquier caso, Chigrinski expresa la fascinación que el Shakhtar de Lucescu despierta en Guardiola. El equipo del rumano ha borrado de forma progresiva las marcas que situaron al Dinamo de Kiev como un referente en la ahora desaparecida Unión Soviética y en Ucrania. El club por excelencia ya no es el Dinamo, emparentado con la revolución naranja y el mundo occidental, sino el Shakhtar, siempre más próximo a Moscú.

Desde la llegada de Lucescu, en 2004, el Shakhtar no solo acostumbra a ganar la Liga, sino que fue pionero en la conquista de la Copa de la UEFA, en 2009, contra el Werder Bremen, y ahora mismo ha alcanzado por vez primera los cuartos de la Champions.

"El Shakhtar representa la modernidad frente al envejecimiento de Dinamo", concluye Francisco Biosca, un doctor leridano que ejerce de máximo responsable médico en Donetsk.

A Biosca le contrataron por Internet: su nombre figuraba como el de presidente de la Sociedad Europea de Traumatología del Deporte y le presentaron una oferta irrechazable. Hoy es una figura destacada en el organigrama del club que preside Rinat Akhmetov, el empresario más rico de Ucrania y el 148º en la clasificación mundial de Forbes, con 3,6 billones de euros. Akmetov gobierna; el director general, Sergei Palkin, ejecuta y Lucescu piensa, entrena y ha montado un equipo que lidera la Liga sin oposición y controla, por lo demás, a los jóvenes del país. A Lucescu le encanta crear equipos, trabajar con jugadores jóvenes, mercadear. Figuras como Tymoschenko, Matuzalem, Elano y Brandão han sido sustituidas por media docena de brasileños estupendos: Fernandinho, Jadson, Willian, Douglas Costa, Eduardo y Luiz Adriano.

Fútbol brasileño en la medular y en la delantera para desequilibrar y jugadores europeos para compensar en el pivote y la defensa, como los centrales Chigrinski y Rakitskiy y los volantes Hubschamn y Mkhitaryan. Los laterales son propiedad de Srna y Rat, de largo recorrido, muy profundos en un equipo muy competitivo y a gusto de un técnico duro y exigente en el campo. Un entrenador amable, culto y fiel cumplidor del plan de negocio del club: el Shakhtar no solo juega más que el Dinamo, sino que también compra y vende mucho mejor. Una escuela que atiende a 200 niños augura, por añadidura, un buen futuro a una entidad con 1.200 empleados.

A Lucescu, políglota -domina siete idiomas-, persona próxima, entrenador sabio y técnico con muy buen ojo, solo le preocupa el latido de su corazón. Nada más ganar la Copa de la UEFA tuvo un serio achaque y después se ablandó cuando se cruzó con su hijo Ravan, técnico del Rapid de Bucarest y de la selección rumana, en un partido europeo que perdió por 1-0. El enfrentamiento contra el Barça, por el contrario, no parece que le vaya a aflojar.

Aunque, como buen atacante, siempre le gustó jugar bien al fútbol y contar con jugadores muy técnicos, sus equipos se distinguen tanto por dominar el juego como por saber jugar a la contra, por tocar en largo o en corto, por abrirse o cerrarse, por disputar los partidos. Hay un dato especialmente revelador para identificar al Shakhtar: es el cuartofinalista que más faltas ha cometido por partido (17,5) y el que más ha recibido (16,5).

A Corioni, si pudiera elegir, le gustaría que ganara Lucescu, ciudadano ilustre de Donetsk a sus 65 años. Sin desmerecer a Guardiola.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0004, 04 de abril de 2011.

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