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Tribuna:

Un hombre íntegro

Hay días en los que uno se levanta y se encuentra de frente con la historia. La noticia de la muerte de Enrique Curiel nos coloca de frente con la historia de nuestra Transición y de nuestra democracia.

Hay una generación de hombres y mujeres a la que debemos la democracia de la que hoy disfrutamos. Una generación que luchó por ella en la clandestinidad y que construyó con gran esfuerzo, con grandes renuncias, con gran altura de miras la casa común en la que hoy habitamos todos los españoles.

Enrique Curiel fue uno de ellos. Hijo de una familia muy querida y respetada en Vigo, marcada por el desgarro de haber perdido al hermano de su padre por la brutalidad fascista desatada en los albores de la Guerra Civil, Enrique Curiel dedicó su vida a luchar por el restablecimiento de las libertades democráticas en nuestro país. Primero en la clandestinidad, militando en el PCE. Luego construyendo la democracia con sus propias manos, a pie de calle, desde la doble militancia política y sindical.

Hombre extremadamente dialogante, sensible a las cuestiones sociales, muy accesible, si algo destacaban todas las personas que le conocían, de un partido u otro, de unas ideas u otras, más cercanas o menos, era su sensibilidad ante la injusticia, su comportamiento modélico. Y su intransigencia con los dogmatismos.

Su lucidez intelectual no le permitía comulgar con dogmas ni fundamentalismos. Su integridad se lo impedía. Por eso no tuvo reparos en abandonar la militancia comunista cuando constató, como dejó escrito, su giro "hacia la marginalidad y el pasado".

Pero era un "militante de la izquierda española", como a él le gustaba definirse. Y ese compromiso le llevó a impulsar la creación de la Fundación Europa, desde la que repensar un proyecto socialdemócrata para Europa, objetivo al que posteriormente contribuiría desde las filas del PSOE.

Concejal, diputado, senador, en estos tiempos en los que algunos se empeñan en degradar la política, se agigantan más que nunca figuras como la de Enrique Curiel, que nunca tuvo otra forma de entender la política que no fuera la del servicio público desde la proximidad y la cercanía con quienes le habían elegido.

Hoy, el cáncer cierra prematuramente el capítulo de uno de los protagonistas de nuestra historia democrática. Y nuestra historia como socialistas ve cerrarse el capítulo de una de las personas que más esfuerzos destinó a unificar a la izquierda española en torno a una casa común.

El mejor homenaje que podemos hacer hoy a Enrique Curiel es reivindicar el diálogo, la palabra, como fórmula de discrepancia y de entendimiento, con pasión pero con respeto. Con profundo respeto democrático. Como él hizo a lo largo de toda su vida.

José Blanco es vicesecretario general del PSOE y ministro de Fomento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2011