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Tribuna:

La vida de un militante

Ha muerto Curiel, Petit. Con él se va un buen trozo de la reciente historia de la izquierda de España. Digo izquierda, sin más, porque es así. Enrique arrancó su compromiso político en Vigo, de niño, de la mano de una familia golpeada por la Guerra Civil y por la represión de la dictadura. Y ese compromiso le llevó a Madrid a estudiar Ciencias Políticas. Allí nos conocimos. Y allí maduró su determinación antifranquista y su firme voluntad de militar en la reconquista de las libertades.

Su vida ha sido la de un activista. Un militante de la izquierda. Él expresa como pocos nuestras fracturas. Las heridas de guerra marcaron a la izquierda y a nuestra generación. Y dejaron su huella en el cuaderno de campo de Curi. El PSI, el PCE, la Fundación Europa, el PSOE, sus caídas, sus ascensos, su crisis en el pecé... Desde 1965, piedra a piedra, verso a verso, levantó con otros muchos, trincheras y zanjas... era un tiempo de "obreros y estudiantes contra la dictadura..."; las asambleas, cientos de asambleas; estados de excepción; expedientes; expulsión de la Universidad, lo vivió todo, intensamente. En "el partido" (entonces nos parecía que solo había uno en el que militar con eficacia en la clandestinidad) vivimos los fundamentos de la huelga general política, luego el pacto por la libertad, luego la ruptura, más tarde la ruptura pactada...

Vivió en primera persona los tiempos de la Transición, la Junta democrática, la Platajunta, la constituyente, los cambios y los virajes en el Partido Comunista... Nada le fue ajeno; para bien y para mal, él es co-responsable de lo mucho que hicimos y de lo mucho que nos dejamos por el camino. Esa es la grandeza de una vida vivida hasta el extremo. Militada. Comprometida. Una vida, querido amigo, Enrique, que se te ha quedado corta; para ti, para los tuyos. Te ha faltado tiempo para dejarnos a todos, sobre todo a los más jóvenes, a tus alumnos de la Complu, algunas reflexiones sobre lo hecho, lo no hecho y sus porqués...

Todo han sido combates. Y todos, como era Enrique, librados con vehemencia, siempre con un guion bien escrito, con fundamentos. Enrique amaba la lectura. Conocía bien el marxismo de los marxistas: trabajó a fondo a Marx y Engels; y luego a Lenin y tantos otros puntales de aquel ya viejo debate comunista. Transitó por el eurocomunismo y la socialdemocracia. Ha muerto leyendo a Jorge Semprún, sobre Trotski. Su biblioteca es expresiva del debate y los avatares de la izquierda a lo largo de los cien últimos años. Y su vida también.

Juan Luis Paniagua es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Complutense y presidente de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2011