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Reportaje:vida&artes

Se busca joven para salvar el campo

La España rural se arriesga a quedar despoblada en 20 años por el envejecimiento - Los expertos alertan de las consecuencias para la agricultura y la estructura social

Menos del 20% de la población española vive en el 90% del territorio. Son los habitantes de las zonas rurales. Una población marcada por el envejecimiento -más de un 30% tiene más de 65 años en los municipios más pequeños- y por la masculinización: las mujeres abandonan los pueblos y el campo. Si la situación sigue así, la previsión es que el entorno rural quedará despoblado en unos 20 años, con importantes repercusiones para la agricultura, el medio ambiente y la estructura social.

"El medio rural tiene dos problemas claros: el envejecimiento y la masculinización de la población". Así lo afirma el director general de Desarrollo Sostenible del Medio Rural, del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), Jesús Casas Grande.

Más de un tercio de la población de los pueblos pequeños supera los 65 años

Las tareas agrarias se desarrollan en un entorno machista que echa a la mujer

La renta media anual en el medio rural es de solo 12.000 euros

La brecha digital resta atractivo a los pueblos, donde falta banda ancha

El responsable de Desarrollo Rural entiende que es difícil revertir la situación, pero ve algunos signos para, al menos, que no se agrave. "No vamos a dar la vuelta al escenario, pero sí debemos aspirar a estabilizarlo con la vuelta de activos y de nuevos pobladores al medio rural. No se va revertir el proceso, pero sí se puede mantener la población", afirma. Hay una circunstancia que facilita, en su opinión, los intentos actuales de recuperar agricultores. "En los años de la burbuja inmobiliaria era muy difícil competir con la construcción porque había sueldos muy altos".

En el actual marco comunitario, 2007-2013, se han presupuestado 630 millones de euros para las medidas de incorporación de jóvenes a la agricultura. De esa cantidad, se han gastado hasta la fecha 165 millones, que han permitido la incorporación de unos 8.000 jóvenes, aunque son muchas más las explotaciones que han cerrado en este periodo. "También es verdad", añade, "que el modelo agrario está cambiando. Hace 10 años en Castilla y León se podía vivir con 40 hectáreas y ahora son necesarias 300".

Algunas comunidades han comenzado a desarrollar líneas propias de ayudas para la incorporación de jóvenes al mundo rural, como ayudas condicionadas a cinco años de permanencia al frente de una explotación en Castilla-La Mancha o créditos a un interés bajo en Andalucía. Aunque a la última convocatoria acudieron menos de 200 personas.

Manuel Orellana está a punto de jubilarse. Compagina su trabajo de funcionario con las 70 hectáreas en las que cuida unas 400 ovejas en Benaocaz (Cádiz, 730 habitantes). Espera que su hija pueda seguir con el campo, pero desconfía. Lo han intentado y no salen las cuentas. "El campo no da dinero y se fue a trabajar a otro sitio porque, por lo menos, necesita 1.000 euros al mes para vivir".

Miles de familias sobreviven de la agricultura y la ganadería con menos de 12.000 euros al año, un 34% menos que los ingresos medios en cualquier zona urbana española.

El problema es generalizado y las consecuencias de esta situación son múltiples y van desde una disminución en cantidad y calidad de la producción agrícola a alteraciones graves de la organización social o a perjuicios en la preservación del entorno y el paisaje. A esto hay que sumar los ancianos que quedan en situaciones económicas y asistenciales precarias en pueblos cada vez más aislados. Son algunos de los efectos del envejecimiento de la población rural que identifica la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que incluye este problema de los países desarrollados y en desarrollo entre sus prioridades.

En España, la situación afecta principalmente a Castilla y León, donde el 37% de la población rural tiene más de 65 años, Castilla-La Mancha (36%), Galicia, Aragón (35%), La Rioja y Asturias (32%). Pero en todas las comunidades se dan señales de alerta. En Andalucía, por ejemplo, más de la mitad de la población activa agraria tiene más de 54 años, lo que presagia una difícil renovación generacional en un sector económico clave.

Francisco Serrano, presidente de la Cooperativa Almazaras de la Subbética, en Córdoba, advierte: "La situación es preocupante y no solo para el sector; para toda la sociedad. Somos necesarios, pero estamos en una situación muy crítica, trabajando con precios de hace 10 años. No puedo aconsejarle a mi hijo que se dedique al campo".

La desproporción de los precios de venta con los costes de producción y las limitaciones para la comercialización directa son los principales problemas que todos los agricultores identifican para señalar que, sin un campo rentable, no es una opción ni siquiera para los jóvenes parados.

Manuel Ariza, director general de la Sociedad Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa) y experto en desarrollo rural afirma que éste es uno de los instrumentos, pero no es suficiente. Critica que el modelo de agricultura predominante no es ni el más respetuoso con el medio ambiente ni el que genera más puestos de trabajo. También destaca que la Política Agraria Común (PAC), aunque tiene entre los jóvenes una de sus prioridades, "no funciona". "No solo la agricultura no les resulta atractiva, es que se desarrolla en un entorno machista, que echa a la mujer, y encima no se dan los niveles mínimos de calidad de vida, por lo que los grados de satisfacción son mínimos". Ariza propone una política integradora y de reestructuración municipal, que genere núcleos atractivos, con una planificación orientada a mantener la población y que favorezca la industrialización del medio rural y los mercados locales. "Hay que pensar en rural", resume.

José Antonio Moreno lleva 30 años dedicados al campo en Loja (Granada). Es la cuarta generación de agricultores y asume: "Cuando acabe, no tendré relevo". Advierte de que con su trabajo cumple, además de una función económica, una labor social al mantener razas de ganado, el monte y el paisaje, uno de los elementos del patrimonio más complejo. Por eso defiende que el trabajo agrícola es uno de los más dignos.

Manuel Domínguez Centeno, horticultor de Palencia, de 61 años, explota en régimen de arrendamiento unos 3.000 metros cuadrados de invernaderos y una finca de una hectárea de cultivos hortícolas en el municipio de Husillos (Palencia). Lleva más de 30 años como agricultor y está soltero. "Te tiene que gustar muchísimo el campo para que te compense la poca rentabilidad económica de las explotaciones. La situación actual no hace nada atractivo enrolarse en la agricultura. El agricultor asume más riesgos y tiene que acometer fuertes inversiones, pero los precios cada vez son más bajos. Además, cada vez se impone más la tecnología en el campo, pero eso servirá para las grandes explotaciones, pero los pequeños agricultores lo tenemos muy difícil".

Y es que, junto al envejecimiento y la marcha de las mujeres, la brecha digital es otro de los problemas que distancia aún más el mundo rural del urbano. De todos los internautas españoles, solo un 17% reside en municipios de menos de 10.000 habitantes. El programa de extensión de la banda ancha a zonas rurales y aisladas incluye a 5.706 municipios y a ocho millones de habitantes. Las tecnologías de la información son claves para tener acceso a servicios e información que ya son habituales en las ciudades.

El campo no parece atractivo para los jóvenes, ni siquiera como salida a la situación de crisis. Pero las consecuencias de la despoblación no esperan.

"En este trabajo no hay domingos"

Francisco Martínez Raya, de 33 años, lleva 10 años luchando por sacar adelante la finca en la que han trabajado cinco generaciones de su familia. Completó los estudios de Educación Física y se quedó a poco de acabar Ingeniería Agrícola. El campo pudo más y tiró de él.

Su política es de especialización y venta directa. Afirma que es capaz de comercializar tan barato como las grandes superficies y, aunque se queja de la incertidumbre y la falta de estabilidad, reconoce que la experiencia, la autonomía y el trabajo físico en la naturaleza le compensan para seguir luchando. "Lo nuestro es una empresa y filosofía", asegura este responsable de El Cortijo de Torre Guájar en Guadix (Granada).

Su caso no es el normal. Salvador Roncero, ganadero de Zamora y coordinador de Juventudes de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), resalta que menos del 15% de los agricultores son menores de 40 años. "Nuestra sociedad no puede permitirse el lujo de perder a quienes conservan el medio ambiente y proporcionan comida".

Para Francisco Casero, presidente de la asociación Comité Andaluz de Agricultura Ecológica, el problema es muy grave. "La alimentación, el agua y la energía van a ser las claves de este siglo y Europa se ha descuidado. No puede depender de terceros para su producción agrícola. Hasta ahora hemos perdido capacidad productiva y productores. Y así, estamos cuestionando el futuro. La única solución son los jóvenes, facilitar su incorporación al campo. No es un problema de ayudas, sino de compensación, de apoyo, de hacer atractiva esa actividad". Casero advierte de que hasta ahora, las iniciativas han sido un "rotundo fracaso" porque hay más gente que abandona que la que se suma a la actividad agrícola.

La realidad es tozuda y le da la razón. Ninguno de los hijos de Gerardo Puente, agricultor y ganadero de Miño de San Esteban (Soria), va a seguir sus pasos. "Entiendo que los jóvenes no quieran dedicarse a esto. En este trabajo no existen ni los domingos. Hacen falta más incentivos para asimilar a los jóvenes, porque se promete mucho, pero no se cumple y son demasiadas las exigencias".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011

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