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Reportaje:

La fiesta del realojo

La Comunidad de Madrid derriba 29 chabolas del poblado de Santa Catalina - Las 13 familias que habitaban en infraviviendas serán reubicadas lejos de allí

Las mañanas suelen ser tranquilas en el poblado de Santa Catalina, en Entrevías. "Hoy parece fiesta", aseguraba ayer una de sus moradoras. Entre barro, basura y escombros desfilaban operarios, policías, periodistas y los organizadores del evento. El frío no congeló las sonrisas ni tampoco un tímido arranque de zapateado mientras las máquinas excavadoras derribaban 29 chabolas. Las 13 familias que vivían desde hacía años en el poblado estaban de despedida. Pero nadie lloró. La Comunidad de Madrid les había concedido una casa lejos de la inmundicia.

A las diez de la mañana, ya habían recogido sus enseres y estaban dispuestos a marcharse a su nuevo hogar. Sin ratas, con agua caliente, calefacción y luz. Todo en régimen de alquiler durante cinco años, renovable. "Yo voy a pagar 60 euros al mes", explicaba Rocío García Escudero, de 31 años, por una casa de tres habitaciones con terraza. Poco más de 100 euros mensuales le iba a costar a Raquel Fernández y sus tres hijos dormir en camas separadas. "Mis dos niñas se acostaban juntas, una hacia arriba y la otra hacia abajo. Yo, en una cuna grande con el pequeño de un año". Una vida en una caja de cerillas ilegal que dejan atrás con el compromiso de integrarse en sociedad.

Aunque Rocío Fernández, de 29 años, no estaba tan convencida. Le habían asignado un piso muy cerca de donde viven "sus contrarios": son miembros de otra familia de etnia gitana, como la suya, con la que están enemistados desde 1995 por la muerte de un joven. Rocío tenía miedo por lo que le pudiera pasar.

El Instituto de Realojamiento e Integración Social (IRIS), que les ha conseguido las viviendas, supervisará el comportamiento de los realojados. No podrán hacer ruido a partir de cierta hora. Tendrán que respetar las normas de convivencia del vecindario. Si no lo hacen así, la Comunidad podría rescindir el contrato de alquiler y vuelta a empezar.

Para acogerse al plan de realojamiento, las familias tenían que cumplir ciertos requisitos. Por ejemplo, estar empadronados en la zona afectada antes de 2005 o carecer de recursos. La mayoría de las familias que ayer celebraban su traslado decían dedicarse a la venta ambulante de "ropa, colonia o chatarra". Por eso todos trataban de recuperar las vigas de metal de sus chabolas derribadas.

El Gobierno regional se comprometió en 2008 a eliminar en 2011 con los asentamientos ilegales de El Cañaveral (Vicálvaro), Las Mimbreras (Latina), Santa Catalina y El Ventorro (Villaverde). El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, destinaron 109,8 millones de euros a partes iguales.

En Santa Catalina quedan aún 30 familias por ser realojadas. Lo harán "este trimestre", según explicó el director gerente del IRIS, Javier Ramírez. Cuando así sea, se dará por terminado el desmantelamiento del poblado de Entrevías. Mientras llega el momento, la ropa tendida de los que quedan sigue secándose entre escombros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011