Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El día que llegaron las Mick Andrews

Eran principios de los setenta, se corría un campeonato de trial y en la larga recta del Club Viladrau, en la población feudo de los Permanyer y de Montesa, las Cota 247 se alineaban bajo los plátanos frente a las eternas rivales, las Sherpa de Bultaco, como en los más hermosos días de torneo medieval en Sabih-de-la-Touche (Ivanhoe). Pero en un extremo, tres motos solitarias destacaban entre la marea de rojo y rojo y gris: extrañas, extravagantes en su librea de blanco con franja verde. Eran casi tan exóticas como la Matador de Carlos Nadal. Eran las Ossa MAR 250/ 72, las Mick Andrews Replica. Arrasaron. Había nacido, como se suele decir, una leyenda.

En el mundo de entonces, el de los míticos Seis Días de Escocia, Malcolm Rathmell, Martin Lampkin, las botas con hebillas y la pasta de Araldit con fibra de vidrio para sellar los depósitos rotos, Mick Andrews -de acrobático pilotaje- y su Ossa irrumpieron con refrescante iconoclasia. Le llamaban "la bestia", aunque, lo que hay que ver, había estudiado en Eton.

Solo unos pocos de nosotros, como Santi Montaner, optaron por la Mick Andrews Replica, había que tener cierto carácter especial, ganas, quizá, de llevar la contraria. "Era fantástica", recuerda el empresario y diseñador Paco Llonch, que adquirió una. "Mucho más bonita que las Cota y las Sherpa, rompedora; cierto, la palanca de arranque, alargada, era incómoda, y peligrosa: una vez choqué de frente contra la MAR de Jordi Llobet y su palanca me atravesó la pierna, estuve todo el verano de recuperación". Llonch no le guarda rencor a la Mick Andrews: "¡Qué va!, era la mejor en todo, en estética, en motor: no tenía bajos, era pura potencia, dabas gas y salías de cualquier sitio".

Después de la MAR llegó la TR80, "la amarilla", pero en nuestros corazones sigue ronroneando la vieja trialera verdiblanca, empatada solo (si hablamos de Ossa) con la antigua enduro, la naranja, de depósito de torpedo, con la que coleaba Dorín y con la que pegaba saltos fabulosos Christopher Mitchum en Un verano para matar (1972), con, ¡mmm...!, Olivia Hussey...

Ossa vuelve. Habrá que celebrarlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011