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Crítica:J.-M G. Le Clézio - El éxtasis material

Celebración de la materia

He estado leyendo y releyendo al mismo tiempo dos ensayos de Le Clézio, y he observado que en el fondo y en la forma tienen mucho que ver, si bien uno trata del desmoronamiento de un imperio asombrosamente acoplado a sus propios mitos y a sus propios ritos (El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido) y el otro, El éxtasis material, versa sobre la fulgurante realidad de la materia, y sobre la identificación absoluta del cuerpo con el ser. Y es que ambos son claros ejemplos del proceder de Le Clézio, que consigue una fusión perfecta entre el ensayo y la narración, de forma que podrían considerarse narraciones-ensayo, en un grado superior al de otros autores de su generación y de generaciones posteriores.

El éxtasis material

J.-M. G. Le Clézio

Traducción Juana Bignozzi

Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, 2010

336. 17,50 euros

El éxtasis material puede leerse como una narración sobre las verdades más elementales de la vida, que aparecen ante nosotros en los periodos, más bien breves, en los que nos sumimos en el más profundo presente y la realidad se nos aparece como una revelación inesperada, con su espesor y su levedad, su movimiento, su plenitud de materia y de luz... Esos momentos en los que accedemos al éxtasis material, momentos negadores de todo lo accesorio, de todo lo teatral, de todo ese melodrama pastoso de la cultura concebida como una exhibición y una representación meramente formal.

Momentos también en los que seríamos sólo un cuerpo pleno de grandeza y pequeñez, del todo permeable a la vastedad del mundo y a su populosa e indiferenciada voz. El éxtasis material es una reflexión amplificada de la vida, desde sus elementos más representativos y sociales a los más íntimos y moleculares.

El ensayo se inicia con una obertura de carácter casi musical y a la vez llena de sustancia reflexiva, y versa sobre el antes de nacer. Ese "momento" prodigioso, vasto como el universo y tremendamente silencioso, que precedió a nuestro nacimiento, cuando aún éramos parte no identificable de la materia, cuando aún no habíamos caído en la tentación de existir, como diría Cioran.

Y es en ese capítulo donde Le Clézio dice: "¡El mundo antes de mi nacimiento, mundo que no me quiere, que no me necesita, abismo sin profundidad, precipicio que devora en su terrible superficie, vacío que no dispersa, que no ahoga, pero que se clava al suelo! Mundo impenetrable, indistinto, único órgano que sólo sirve para sí mismo. Estoy en este océano glauco como un islote que va a hundirse".

Mundo del que surgimos y en el que a la vez nos hundimos porque nunca dejamos de ser materia, hasta cuando nos convertimos en pura luz o en pura tiniebla o en puro vértigo "ese vértigo de lo inexpresable, de lo insensible, ese mundo terrible de la materia en desorden, de la materia siendo, donde están excluidos los rostros amados de la vida y de la muerte".

El texto concluye con una reflexión, honda y a la vez lírica, sobre el viaje que es la vida hacia la materia indiferenciada de la que surgió, y concluye con este fragmento: "Sin saberlo, sin luchar, porque lo deseo, he comenzado el largo viaje de regreso al hielo y al silencio, hacia la materia múltiple, calma y terrible; sin comprenderlo, pero estando seguro de que lo hago, he empezado el largo viaje religioso que, sin duda, jamás terminará". ¿O termina alguna vez el viaje de la materia?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de enero de 2011