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Tribuna:coyuntura nacional

Inciertas previsiones para 2011

Es habitual, tras la publicación de la contabilidad nacional, que los analistas de la coyuntura actualicemos las previsiones a corto plazo. Por lo que respecta al cuarto trimestre de este año, no parece que las cosas estén cambiando mucho respecto a lo que ha sido la tónica general del año. Es decir, un cuasi-estancamiento del PIB, con altibajos trimestrales originados por el adelanto de gastos ante la finalización de algunos estímulos fiscales a las compras de vehículos y la subida del IVA en julio. Este fenómeno aún podría tener efectos en el cuarto trimestre, pues el consumo debería registrar una recuperación significativa, aunque solo sea porque el tercer trimestre fue un periodo anormalmente bajo como consecuencia de dicho adelanto. Pero la aportación del consumo privado al crecimiento se verá contrarrestada por la caída del consumo público -las Administraciones públicas deben apretarse el cinturón para cerrar el ejercicio dentro del déficit previsto- y de la inversión en capital fijo, especialmente de la construcción. Aunque no con la intensidad del tercer trimestre, la demanda interna volverá a tener una aportación negativa, por lo que el crecimiento del PIB, que prevemos en una décima (0,4% en términos anualizados), provendrá del saldo exterior [gráfico superior izquierdo]. Con ello, el PIB del conjunto del año da una caída de dos décimas porcentuales respecto al del año anterior. Este resultado mejorará en tres o cuatro décimas las previsiones que hacíamos los analistas al finalizar 2009.

El crédito va a seguir siendo escaso y, como consecuencia, los tipos de interés, más altos

Hay un consenso generalizado de que hasta la segunda mitad del año no se creará empleo

Las perspectivas para 2011 son más inciertas que nunca, ya que mucho de lo que ocurra en los próximos meses dependerá de los derroteros que tome la crisis financiera de la zona euro, en la que España está situada en la primera línea del frente. Supongamos que las cosas se van normalizando poco a poco. Aun así, la crisis dejará rastros. Resumiendo, el crédito va a seguir siendo escaso y, como consecuencia, los tipos de interés, más altos. A ello hay que añadir el efecto del ajuste fiscal. El objetivo es reducir el déficit público en 3,3 puntos porcentuales del PIB, dos terceras partes recortando gastos y el resto recaudando más impuestos. Ello conlleva menos demanda pública en consumo y sobre todo en inversión (los presupuestos del Estado han recortado en más de un tercio los créditos para infraestructuras y es de suponer que algo parecido haga el resto de Administraciones públicas), y menos transferencias y prestaciones a las familias y empresas, quienes además tendrán que pagar más impuestos, todo lo cual recorta su renta disponible. Los salarios públicos se han reducido y los privados, sensibles a la elevada tasa de paro, se están moderando notablemente, lo que a la larga será positivo para la economía española, pero en el corto plazo tiene un efecto restrictivo sobra la demanda. Para colmo, los precios del petróleo están registrando una nueva escalada, provocando más inflación y recortando el poder adquisitivo de todos los agentes económicos. También la demanda mundial de bienes y servicios comerciables se está moderando.

Todo ello hace prever que la recuperación de la economía sea lenta, a razón de un par de décimas por trimestre al comienzo del año y de cuatro al final, lo que resultaría en un crecimiento medio anual del PIB de siete u ocho décimas. Esta es la previsión del consenso de analistas privados y de los organismos públicos, que se queda medio punto por debajo de la del Gobierno

[gráfico superior derecho]. La mayor diferencia con el Gobierno está en la demanda interna, especialmente en el consumo, pero ya hemos visto que el horno no está para muchos bollos.

A partir de estas previsiones de crecimiento de la economía no cabe ser muy optimista respecto al paro. Hay un consenso generalizado de que hasta la segunda mitad del año no se empezará a crear algo de empleo. Por ello, y bajo la hipótesis de que la población activa no varíe significativamente, la tasa de paro aún aumentará ligeramente hasta el 20,5%.

A pesar de ello, no debiera considerarse el próximo como un año perdido. Los ajustes y saneamientos financieros y la necesidad de recuperar competitividad tienen costes en términos de crecimiento a corto plazo, pero serán la base del despegue a partir de 2012.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010