"La gestión sin ideología es inútil"

Oriol Bohigas revisa la crisis de ideas que afecta a la izquierda catalanista

El próximo 20 de diciembre Oriol Bohigas cumplirá 85 años, pero sigue en forma. La excusa de la entrevista es la celebración, el proximo martes, del 150º aniversario del Ateneo Barcelonés, que él preside desde 2003 y al que ha hecho un lavado de cara de magnitudes considerables. Lo define como "un club de autoformación cultural que, además, se ofrece a la ciudadania como ágora para crear opinión, estudios y criterios políticos sobre Barcelona y Cataluña". De esto último, precisamente, interesa conversar con él. Tras el batacazo de los socialistas catalanes en las últimas elecciones, se habla mucho de crisis de ideas. "Creo que una de las razones es que la política en Cataluña ha sufrido un cambio generacional negativo", explica. "La gente de la primera democracia estaba fundamentada en las ideas. Después llegó esta vulgaridad de que lo que cuentan son los hechos y no las palabras. Yo pienso lo contrario. Aquel mundo de palabras que era el primer PSC estaba dirigido por gente que se había pasado la vida haciendo teoría política y que tenía ideas sobre el futuro de Cataluña. Pero fueron sustituidos por gestores. Y sin ideología, la gestión se hace con materiales equivocados o inútiles".

Pese a un pinzamiento que le ha tenido amargado los últimos meses, Oriol Bohigas sigue siendo uno de los mejores polemistas del país. Le molesta, por ejemplo, que al final el PSOE se haya acabado comiendo al PSC, al que reclama una vuelta a los orígenes. "Cada vez más el PSOE ha ido ocupando los espacios, las ideologías y las maneras de actuar, por lo que el catalanismo de izquierdas está siendo eliminado del panorama político de Cataluña. El último discurso electoral era tremendo porque solo habló gente que ni sentimental ni vocacionalmente era del PSC, sino del PSOE: Felipe González, Zapatero, Chacón, Manuela de Madre... No había nadie del primitivo PSC". La renovación de este partido precisa, dice, "una reforma total, que puede pasar tanto por su supresión y la creación de un nuevo partido como por la evolución hacia sus orígenes. En resumen, que el PSC sea un partido autónomo del PSOE y tenga grupo propio en el Parlamento de Madrid. Y que acepte como base fundamental de su ideología el catalanismo de izquierdas".

En este contexto, confía en que el nuevo Gobierno haga "limpieza" de los vicios estructurales acumulados -"estructuras de mando ineficaces, entidades intermedias, responsabilidades poco responsables..."- y no le sorprende que las encuestas auguren también debacle en el Ayuntamiento de Barcelona. "Es doloroso decirlo, pero es la distancia entre el Ayuntamiento de ahora y el de Maragall. La diferencia es la falta de ideas global y de voluntad política. Supongo que al Ayuntamiento le pasa lo mismo que le pasó a la Generalitat con otro partido, y es que la repetición insistente de los mismos cuadros provoca una falta de frescura y de ideología". En estas circunstancias, dice, es lógico que se hable de renovación. "Lo que no quiere decir que esta sea mejor o peor. De hecho, si me preguntan qué diferencia hay entre el programa socialista y el convergente para Barcelona, diría que no lo sé. No conozco los rasgos ideológicos de las dos posibles propuestas".

Sobre la ciudad, piensa que se está exagerando respecto a su supuesto decaimiento, pero hay detalles, "como la suciedad y la ocupación indebida del espacio público", que le molestan. Un ejemplo serían los nuevos chiringuitos de La Rambla. "No podía creérmelo cuando los vi", señala. "Me parecen el último indicativo de la degeneración estética y cultural de la ciudad". Que esto pase en una ciudad que vive de la arquitectura modernista y moderna le sorprende. Aunque, todo hay que decirlo, respecto a su principal activo, Gaudí, piensa que se está exagerando. "Hay una utilización muy chabacana de la arquitectura de Gaudí, y de ahí viene la continuación de la Sagrada Familia, que me parece un error evidente. Y más viendo lo ya realizado".

En esta Barcelona en la que, dice, "está ganando terreno la carcundia", considera sintomático del exceso de confianza en la sociedad civil lo que ha pasado en el Palau de la Música. "Siempre se dice que mientras no interviene la sociedad civil las cosas no funcionan, pero esto es una verdad a medias. La sociedad civil sola no va a ninguna parte. Es el caso de la Sagrada Familia, que al ser una obra de esta envergadura, altura y tamaño no puede depender solo de sus usarios o de los que la pagan, sino de la voluntad de los ciudadanos a través del Ayuntamiento que los representa. Y de igual manera la sociedad civil que interviene en el Palau de la Música tiene que ser vigilada porque es un equipamento de carácter colectivo. La política cultural no puede estar en manos de la sociedad civil, porque la base de esta es la privatización económica y unos intereses muy concretos. Creo que el Palau es el ejemplo".

Oriol Bohigas en el salón de su casa en la plaza Reial.
Oriol Bohigas en el salón de su casa en la plaza Reial.CARLES RIBAS
Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS