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Entrevista:PETER MOLYNEUX | 10 PREGUNTAS A

"Nuestra relación con las pantallas era unidireccional. Eso está cambiando"

PETER MOLYNEUX. Creador británico de videojuegos de 52 años. Famoso por sus juegos de simulación divina, en los que uno hace de Dios, es el desarrollador de la tecnología de Microsoft Kinect, que permite actuar con todo el cuerpo. Presenta Fable 3.

¿Un futuro en el que las consolas lean la mente sería deseable? Kinect no lee la mente. Es una herramienta fantástica, con muchas posibilidades y a la que no estamos acostumbrados. Nuestra relación con las pantallas era unidireccional y eso está cambiando.

La trama de su nuevo videojuego es bastante clásica… ¿Todo está aún en Shakespeare? Es un juego muy europeo. Es épico, pero le veo una inspiración más dickensiana. Es de un revolucionario que quiere derrocar a un rey. Por lo demás, es bastante normal, la gente se casa, se mudan juntos…

Es cierto, se permite hasta el matrimonio homosexual… Lo cual es un asunto un tanto espinoso en según qué países.

Como creador de videojuegos en los que uno hace de Dios…, ¿está obsesionado con el poder? De la misma manera que lo está un niño que coge un palo. Lo que me apasiona del poder es que conlleva una responsabilidad…

Eso es de Spiderman… Es una cuestión de elecciones y de consecuencias. Si caminas por un puente que se va a romper con una persona enormemente gorda…, ¿le tirarías para salvarte? Mis juegos te enfrentan con esa clase de dilemas.

¿Cómo se adapta uno a la realidad tras jugar cuatro horas a ser Dios? Creo que como mejor persona.

¿Es un hombre de enemigos? No. Hay gente muy interesada en cuál será mi próximo movimiento. Y he cabreado a algunos… Hace diez años sufrí una amenaza de un fan, descontento con el devenir de la serie. Tenía una metralleta, salió en los diarios.

¿Confía en la bondad intrínseca del ser humano? Creo que el 99,9% de la gente es maravillosamente buena, aunque están seriamente frustrados.

¿Qué hizo con su primer millón de libras? Liquidé las deudas y pedí un montón de cientos de libras en monedas para alfombrar el dormitorio de mi madre. A ella no le hizo tanta gracia.

¿Deja a su hijo jugar a la consola? Por supuesto. Trato de guiarle para que él mismo se ponga sus límites de tiempo de juego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de noviembre de 2010