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La cara más dramática del fútbol

La crisis económica del Jaén lleva al límite a la plantilla y los empleados

Dice Juan Antonio Tejera, el portero del Real Jaén, que cuando el pasado domingo los jugadores llegaron al campo del Écija a bordo de siete taxis, los empleados del club sevillano se sorprendieron e incluso dudaron sobre su verdadera identidad Y no era para menos. La grave crisis económica por la que atraviesa uno de los equipos más veteranos de la Segunda División B ha motivado que ya no haya dinero ni para pagar el autobús de los desplazamientos. Tan crítica observaron la situación los taxistas de la ciudad que decidieron poner sus vehículos a disposición de la plantilla de modo totalmente gratuito.

"No podemos dejar que el club desaparezca, es un símbolo para la ciudad, es como si de la noche a la mañana Jaén se quedara sin castillo o catedral", comenta Manuel García Vico, el presidente de la Asociación Gremial Provincial de Auto Taxi, para quien el gesto de sus compañeros busca ante todo "despertar conciencias" e involucrar a otros colectivos y empresarios para evitar la muerte de una institución con 88 años de historia.

El estadio no tiene luz, los jugadores no cobran y el club está a la deriva

El desplazamiento en taxis ha sido uno de los episodios más sonrojantes de un club que, después de haber rozado las dos últimas temporadas el ascenso a la Segunda A, se encuentra inmerso en una profunda deriva institucional y deportiva. Tanto es así que los jugadores, a los que se adeudan varias nóminas, han explotado y han pedido la marcha del máximo accionista del club, Carlos Sánchez, que podría estar negociando la venta de sus acciones. "La única solución es que entren inversores nuevos", admite el portero Tejera.

Las penurias económicas son tan acuciantes que los jugadores incluso realizaron el desplazamiento a Écija tras almorzar en sus domicilios, con el fin de ahorrarse la comida. "Hubo taxistas que nos ofrecieron sus bocadillos", dijo, agradecido, el futbolista Antonio Fabios. Por si fuera poco, el estadio de La Victoria lleva varias semanas sin luz eléctrica por el impago de los recibos, por lo que el club se ve obligado a jugar los partidos por la mañana. Y ahí no quedan todas las desdichas de este equipo que se arrastra en el grupo IV de la Segunda B. Un jugador ha tenido que costearse de su bolsillo una operación de pubalgia por el impago de los seguros sociales por parte del club, algunos jugadores tienen que compartir piso porque no tienen para pagar un alquiler y hasta el utillero, Enrique Cárdenas, ha salido en la prensa local denunciando que subsiste pidiendo la comida que se tira en los supermercados. Ayer el club repartió 6.000 euros entre los futbolistas y otros 6.000 entre los empleados como ayuda de emergencia.

El máximo accionista del club encendió todas las alarmas al reconocer a los jugadores que no habrá dinero al menos hasta principios del próximo año, por lo que abrió la puerta a la salida masiva de profesionales en el mercado de invierno. Así las cosas, los aficionados temen ahora más que nunca por el futuro del club. Una desaparición que se evitó el pasado verano con un acuerdo de última hora para renegociar la deuda de 400.000 euros contraída con jugadores y técnicos.

Aunque los gestores del club siguen apelando a la ayuda institucional, desde el Ayuntamiento de la ciudad se ignoran los llamamientos, sobre todo tras el escándalo originado en el pleno del mes de julio, donde el PP e IU tumbaron el convenio urbanístico que el PSOE había pactado con el empresario José María González de Caldas para la construcción de más de 3.000 viviendas a cambio de saldar la deuda que tenía contraída el Real Jaén. De nuevo, el fútbol y el ladrillo casaron mal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2010