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Reportaje:

Vilagarcía, a ritmo de cueca

El pianista argentino Juan Carlos Cambas traslada a Galicia el Festival de Cosquín, el más importante de América Latina dedicado a la música folclórica

Vilagarcía de Arousa será el fin de semana del 15 y 16 de octubre una pequeña Cosquín, la ciudad argentina que en 1961, buscando proyección turística, acabó como sede del festival de música folclórica más concurrido de América Latina. Sobre el Cosquín gallego tiene mucho que decir el pianista Juan Carlos Cambas, espectador, participante y premiado en el argentino. No sabe por qué empezó a interesarle el folclore de su país natal: en su casa de Buenos Aires no se escuchaba "música de raíz", rememora: sus padres eran emigrantes y la metrópoli estaba más apegada a los ritmos siempre urbanos del tango que a las zambas, cuecas y carnavalitos del interior.

Cambas cambió Buenos Aires por Galicia en 2002, todavía amenazante la sombra del corralito. En 2009, el festival de Cosquín tuvo otra sede inhabitual en Cádiz -la tiene también, desde 1981, en Kawamata, Japón-, y hasta allí fue Cambas a tocar y a intentar que la próxima edición argentina tuviese la música gallega. "Me dije: ¿si hay una sede en Cádiz, por qué no en Galicia?", recuerda. Lo consiguió en parte: Vilagarcía será sede del Festival, pero la delegación de músicos gallegos tendrá que esperar a enero de 2011 para actuar en el santuario argentino del folclore, que cobra vida desde hace 50 años durante nueve noches de enero, las nueve lunas de Cosquín. En las dos lunas de Vilagarcía estarán Jaime Torres, virtuoso del charango -una especie de guitarra andina-, Paola Bernal, la quenista Mariana Cayón, el trío Aymama y el propio Cambas. La música gallega estará representada por Daniel Bellón y Diego Maceiras.

Fan de Mercedes Sosa, logró convencerla para que participase en uno de sus discos

Aprendió a tocar el piano grabando las manos del músico Eduardo Spinassi

Las conexiones de Cambas con los artistas folclóricos de su país son casi infinitas. En su adolescencia descubrió a Mercedes Sosa, la artista tucumana que encabezó el Movimiento del Nuevo Cancionero con su mezcla de reivindicación de las raíces y crítica social. "Era su fan y terminamos siendo amigos", recuerda. La propia Sosa lograría el impulso final a su carrera tras su participación en el Festival de Cosquín de 1965. En 1999, Cambas consiguió el sí de La Negra para colaborar en uno de los proyectos más ambiciosos de su vida, Almas en el aire, un disco en el que colaboró con otros grandes de la música argentina, como Suma Paz, la cantora de la Pampa. En aquella ocasión, Sosa, acompañada por el piano de Cambas, puso voz a la épica de la resistencia gaucha de Güemes, el guerrillero del norte. "Siempre quise tener al lado a los artistas que admiro", reconoce.

A pesar de la proyección que de la que gozaban desde los 60 gatos, vidalas y chacareras -danzas típicas del centro y norte de Argentina-, a Cambas no le resultó fácil formarse en la música tradicional. "Estudiaba música clásica y el piano me encantaba", recuerda. En aquel tiempo había abierto en Buenos Aires una escuela de música folclórica, pero no era esa la formación que buscaba. "Aprendí con Eduardo Spinassi, un pianista que no tenía formación musical". Cambas grababa las manos del músico cuando tocaba y, así, por imitación, fue mejorando su técnica.

Entonces, Cambas admiraba a Jorge Cafrune, Ariel Ramírez y Atahualpa Yupanqui, pero desconocía la música que se hacía en Galicia, tierra de su madre, nacida en Meis. Cuando hizo el viaje de vuelta a Galicia, acuciado por la crisis económica en su país, "pero también por la inseguridad", le costó adaptarse a un lugar que no conocía su música. En 2007 consiguió editar Almas en el viento, el disco para el que había logrado la colaboración de Mercedes Sosa, pero aún así no empezó a vivir exclusivamente de la música hasta el año pasado. Hoy es el productor de sus discos, da clases de música a niños y adolescentes e interpreta bandas sonoras en un restaurante de Baiona. Se sabe fuera de los circuitos habituales: "No quiero que me digan que un tema de más de cinco minutos no es pasable en una radio".

De la música folclórica argentina, que nunca ha abandonado, dice que, con la desaparición de los grandes nombres -Yupanqui en 1992, Mercedes Sosa y Suma Paz el año pasado-, el público gallego pierde referencias. Por eso no deja de tener ideas: la última, A Viaxe, un recorrido musical por la ida y vuelta de su familia de Galicia a Argentina y de Argentina a Galicia. León Gieco cantará Solo le pido a Dios y Dulce Pontes, un tango. El intercambio de papeles es casi natural, explica: la Plata debe al viaje de una orilla a la otra del Atlántico buena parte de su música popular. "En realidad, el tango es un fado con bandoneón", apunta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010