Reportaje:PERSONAJE

30 años sin y con John Lennon

Ayer, día 9 de octubre, John Lennon hubiese cumplido 70 años. Perdón… Ayer, John Lennon cumplió 70 años. Lo mismo da que, hace 30, un desequilibrado mental lo asesinara a tiros a la puerta de su casa en Nueva York. La trascendencia del mito ha revolcado la presencia del cuerpo. Su leyenda está viva.

Yoko Ono, su viuda, lo dice: "Es su 70º aniversario y voy a volcarme en que este año salga todo muy bien". Si las cábalas existieran engrandecerían las ironías del destino para con John Lennon y los números que acaban en cero. En 2010 no solo se cumplen 30 años de su muerte y lo convierten en un fantasma septuagenario. También se llora otro triste aniversario: los 40 años de la separación de The Beatles, tras la grabación de Let it be.

"A mí, The Beatles me parecían geniales. El problema es que yo a ellos, no tanto", afirma Yoko Ono
"Mark Chapman está más seguro en la cárcel. Hay mucha gente que no le perdona lo que hizo", dice Yoko Ono

Para los forjadores de misterios y señales que escapan al raciocinio, seguro que existe una explicación oculta en estas tres casualidades. Pero las recientes declaraciones de Mark David Chapman, el hombre que lo mató, el tipo que le descerrajó cinco tiros por la espalda, nos colocan a ras de suelo. Lennon pecó de falta de precaución y mala suerte: "Era más fácil matarlo a él que a otros", ha asegurado desde la cárcel de Attica, en Nueva York, donde cumple condena. Había barajado la posibilidad de cargarse a Elizabeth Taylor o al presentador de televisión Johnny Carson. Pero Lennon era mucho más accesible. Lo que estaba en cuestión era algo tan etéreo como sus cinco minutos de gloria.

Algunos estetas y moralistas han criticado la falta de piedad de Yoko Ono con Chapman. Cada vez que se hablaba de perdón, de revisión de condena -se ha rechazado su libertad condicional seis veces; cada vez que se abría la posibilidad de tender una mano, la viuda del autor de Give peace a chance daba la espalda. Hoy no se baja del carro. En el lujoso hotel londinense donde esta mujer nos recibe vestida de negro, con gafas redondas oscuras, un té, pastas, algo de fruta y descalza sobre una moqueta de tonos claros, se muestra bastante reacia a verle en la calle: "No hablo de Mark Chapman. Solo digo que para él es más seguro que siga en la cárcel. Desde luego, Sean, Julian y yo también nos sentimos mejor así, pero él mismo corre peligro fuera. Hay mucha gente que no le perdona lo que hizo".

Para unos cuantos resulta inquietante que alguien capaz de generar tanta unión, tanta fe en la utopía, tantas buenas vibraciones y esperanzas de profeta también labrara una considerable ración de odio. Poca gente ha estado tan cerca del cielo y la santidad como Lennon en los últimos tiempos. Con sus desiertos lúgubres, sus dobleces, su infancia rota y sus zonas oscuras, es de las figuras que más se han parecido a una especie de Mesías en la era moderna. Ya lo proclamó él cuando The Beatles causaban furor en todo el mundo: "Somos más famosos que Jesucristo". Pero también, o precisamente por eso, producían un rechazo enfermizo.

Odio es lo que movió a Chapman aquella fría mañana del 8 de diciembre a apretar el gatillo a la puerta del edificio Dakota, donde vivía la pareja, a la vuelta de un paseo por Central Park. Pero, ¿lo hizo solo? Yoko Ono sigue abierta a todo tipo de posibilidades. "Creo que mucha gente influyó en su acción". ¿Amiga de la teoría de la conspiración a la manera de JFK? ¿Incómodo para el sistema? ¿Enemigo público de los cimientos del orden moral? "Quizás, pero no quiero hablar mucho de eso. Nos metemos en un terreno que no me gusta…", dice, excusándose esta mujer, ya muy metida en la tercera edad a los 77 años y de vuelta de muchas cosas.

Como del desprecio casi unánime que una vez llegó a generar entre sus fans. Para casi todo el mundo fue la mayor causante de la ruptura de The Beatles. "Cuando los conocí, pensé que eran geniales. Pero ellos no tenían la misma opinión sobre mí. En esa época, John quiso seguir creciendo por su cuenta. Juntos disfrutábamos mucho, nos divertíamos. A mí me convirtieron en culpable de todo. Era lo que convenía. El chivo expiatorio más propicio. Lo superé bien porque en mi interior sabía que no era así".

Tampoco fue tan cierto que Lennon denostara su obra junto al cuarteto más famoso de la historia. Hubiese sido poco inteligente por su parte. Más cuando el tiempo sigue demostrando que ellos construyeron los cimientos de la música popular y toda una cultura que les ha seguido cuarenta años después. "Estaba orgulloso de lo que habían conseguido. Orgulloso de fundarlos. Orgulloso de que fuese a él a quien se le ocurriera el nombre", comenta ahora la viuda.

Pero lo bueno se acaba. La suya fue una década intensa e increíblemente creativa. De sus hallazgos han bebido multitud de artistas después. Entre Please, please me y Let it be, con el hito del Sargento Pepper's en medio, los Beatles forjaron un sendero genial por el que toda la cultura pop ha caminado y sigue caminando. Paul McCartney ha ido curando los desencuentros de aquellos años. Ella también. "Los dos estamos muy ocupados. Hablamos a menudo, pero no de esas cosas porque ninguno queremos desenterrar heridas ni abrir la caja de Pandora". ¿El tiempo lo cura todo? "Eso espero". Hay que ser prácticos. "Tenemos muchos negocios en común y debemos trabajar juntos", asegura Yoko.

Negocios que todavía conviene estrujar. Más en épocas de vacas flacas. Ahora aparecen nuevas recopilaciones tanto de The Beatles como de su esposo. Han pasado cinco años desde la última, Working Class Hero. The definitive Lennon. En esta ocasión, la avalancha del chico de Liverpool sale al mercado en una caja con 11 discos, además de los álbumes Double Fantasy -su último trabajo en vida y el mismo que firmó a Chapman antes de que lo asesinara- o Gimme some truth remasterizados. También lanzan un recopilatorio con el título Power to the people.

La fiebre por el creador de Imagine no cesa. "Quieren hacerle homenajes en pueblos y ciudades de todo el mundo, estatuas, encuentros, es como un tsunami", comenta Yoko Ono. Pero ella lo agradece. Le nota muy próximo. "Hubo un tiempo en que físicamente le echaba de menos. Ahora le siento más cercano en espíritu, como si anduviera por aquí. Y me gusta esa sensación". No le molesta andar a cuestas con su sombra. Tampoco cree que su trabajo como artista conceptual y su labor en el mundo de la música haya quedado en un segundo plano. Es más, si alguien en alguna entrevista no le pregunta por él, admite que le molesta.

Su vida cambió definitivamente con ese cruce. De adolescente con tentativas de suicidio -"aunque se ha exagerado mucho ese tema", puntualiza- a artista musa de otros músicos como John Cage, la figura de Yoko ha pasado también a cuajar una leyenda muy similar a la de Gala con Dalí o Alma Mahler con Gustav. Fueron años locos y esperanzadores. "John tenía mucho de profeta. Los artistas verdaderos y los poetas verdaderos lo son. Ven más allá. Él veía más allá. En los años setenta recuerdo que hablábamos mucho de la aldea global. Hoy existe esa aldea global. Si siguiera vivo, me lo hubiese restregado: 'Ves, te lo dije".

Lo mismo cree acerca de los ideales en los que confiaban y esparcían desnudos en una habitación de hotel. Paz, amor, libertad, la utopía perfectamente definida en Imagine. "El 90% de la gente quiere eso. John era un hombre al que le gustaba proclamar verdades incómodas. Hoy pocos le llevarían la contraria. ¿Quién busca la violencia? Tan solo los estúpidos que creen que no se volverá en su contra".

PAZ, AMOR Y ALGUNA GUERRA

John Lennon y Yoko Ono se conocieron en una galería de Londres donde la artista japonesa exponía su trabajo. El músico entró y ella no sabía quién era. Tanta lejanía del mito beatle quizá hizo que no considerara tan grave su separación. Las tensiones con Paul y Linda McCartney hicieron imposible a partir de 1970 que siguieran juntos.

HERIDAS CERRADAS

El tiempo ha templado la relación entre Paul McCartney y Yoko Ono. Mientras Lennon vivía, la pareja departía con otros artistas como David Bowie o Simon & Garfunkel. Tampoco le hacían ascos al lujo ni a viajar en jets privados.

Sobre la firma

Jesús Ruiz Mantilla

Entró en EL PAÍS en 1992. Ha pasado por la Edición Internacional, El Espectador, Cultura y El País Semanal. Publica periódicamente entrevistas, reportajes, perfiles y análisis en las dos últimas secciones y en otras como Babelia, Televisión, Gente y Madrid. En su carrera literaria ha publicado ocho novelas, aparte de ensayos, teatro y poesía.

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