Cartas al director
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Una vida muy corta

Este fin de semana, en el mismo informativo de una cadena de televisión, podía ver la noticia y las imágenes de la muerte del piloto de Moto2, Shoya Tomizawa, de tan solo 19 años, y un poco antes, un reportaje sobre jóvenes conductores de karts, futuros pilotos de Fórmula 1 y que con pocos años emulaban a los llamados grandes. Incluso algunos padres de estas jóvenes promesas se mostraban encantados con las proezas de sus hijos.

Supongo, por el contrario, que a pesar de ser conscientes de los peligros de las carreras de motos, los padres de Tomizawa, que corría en moto desde la edad de tres años, no estarán hoy tan contentos. Tampoco los padres de los dos jóvenes de Montellano (Sevilla) que el pasado fin de semana también perdían la vida, chocando entre sí, con sus motos.

Y cada día, nuestros jóvenes son saturados con imágenes de éxitos de pilotos de carreras de coche y moto. Pilotos muy jóvenes, cada vez más. Y los receptores de estas imágenes, algunos, serán conscientes de que estas carreras solo se pueden llevar a cabo en circuitos específicos, pero otros simularán, imitarán, probarán suerte en alguna de nuestras carreteras.

Me llama la atención que, así como surgen grupos que piden la prohibición de las corridas de toros, no existen grupos que pidan la prohibición de estas carreras que ponen en peligro la vida de los pilotos, y que fomentan el gusto por la velocidad entre los jóvenes.

Así es la vida: incomprensible. Y corta, muy corta, para muchos de nuestros jóvenes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 09 de septiembre de 2010.

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