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La desconocida "reina" de Cataluña

La conferencia del Onze de Setembre recupera la figura de Elisabet Cristina, esposa de Carlos III

Los ingleses habrían hecho varias películas o series televisivas sobre el personaje de Elisabet Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, la protagonista de la conferencia del Onze de Setembre que ayer pronunció en el Saló de Cent la historiadora Virginia León, una de las grandes especialistas españolas sobre la Guerra de Sucesión.

La vida de esta princesa alemana tiene todos los ingredientes de una superproducción en la que cabría la sofisticada vida palaciega de las grandes cortes europeas del siglo XVIII, el conflicto religioso (nació protestante, pero se convirtió al catolicismo al casarse con el archiduque Carlos en 1708) y, sobre todo, la agitada vida política de una época en la que ella estuvo en el centro del huracán de la Guerra de Sucesión de la corona española, en la que se implicó toda Europa y que tuvo como una de sus grandes víctimas a Cataluña.

Según explicó la profesora de la Complutense de Madrid, Elisabet Cristina reinó desde Barcelona, donde se había instalado la corte austracista, desde 1708 hasta 1713. Su llegada al puerto de Mataró -que celebró su llegada "con fuegos artificiales durante tres días"- abrió un breve periodo de esperanza y optimismo entre los catalanes, confiados aún en que la causa austracista ganaría la guerra. En Barcelona, donde auspició numerosos espectáculos de teatro y ópera dentro de la estrategia de propaganda de la corte, estuvo al mando del país en dos ocasiones. La primera en 1710, cuando durante seis meses fue gobernadora de Cataluña mientras su marido intentaba recuperar el terreno perdido en Castilla. Cuentan las crónicas, explicó León, que "era una idea extendida que las cosas funcionaban mejor cuando ella estaba al frente del gobierno" y que tenía mucha mejor fama entre los catalanes que su esposo. Durante su segundo periodo de regencia, -cuando Carlos III dejó Cataluña en 1711 para convertirse en Viena en el emperador Carlos VI, lo que acabó de sentenciar el final de la guerra y la posterior victoria del borbón Felipe V - gestionó las derrotas y aplacó conspiraciones. Su marcha, el 19 de marzo de 1713, fue la evidencia del "abandono" en el que quedaba Cataluña. En una carta que le mandó al marqués de Rialp, que había sido su principal amigo y consejero en Barcelona, escribió: "Nunca podré amar a otra nación como amo a los catalanes, y lo haré toda mi vida". Podría fantasearse incluso con una historia romántica. ¿Es o no es una película?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2010