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Los inmigrantes aún recogen la fruta

Los españoles se resisten a volver al empleo peor remunerado pese al paro

La campaña de la fruta en Lleida necesita entre 10.000 y 12.000 temporeros. Y pese a que Cataluña cuenta con casi 700.000 parados, y el servicio de empleo catalán ha ofrecido el trabajo a 7.800 desempleados, solo 1.668 respondieron que sí. El caso de esta provincia catalana ilustra un fenómeno que esta misma semana ha puesto de relieve un informe del Ministerio de Trabajo: pese al paro y la destrucción de empleo, los españoles se resisten a volver a ocupar los puestos de trabajo más duros y menos remunerados, aquellos que dejaron durante la época de bonanza para ascender en la escala laboral.

"No hay sustitución, al menos en un sentido apreciable. Nunca la hay", explica el autor del informe, Miguel Pajares. Para hacer esta apreciación, se basa en los datos de la encuesta de población activa (EPA) de los últimos años. En ellos se observa cómo los inmigrantes representan un 34,3% de los trabajadores no cualificados, mientras que a finales de 2007, antes de que llegara la debacle del mercado laboral, suponían el 32,7%.

Rasgos similares se aprecian en la afiliación al régimen agrario de la Seguridad Social. En junio de 2009 la cifra de inscritos extranjeros ascendía a 239.235; en 2010, a 249.340. Lo mismo sucede con las trabajadoras del hogar. En un año ha pasado de 166.909 a 174.931.

Nada concluyentes son los datos que emanan del otro sector asociado al empleo de los inmigrantes durante los años de euforia económica, la construcción. La explosión de la burbuja se ha llevado por delante más de un millón de empleos, de los que 320.000 son de inmigrantes. Ahí no hay trabajo ni para españoles ni para extranjeros. Precisamente el hundimiento de la construcción residencial y la destrucción de puestos de trabajo que ha traído explica -como en tantos otros aspectos del mercado laboral español- que los inmigrantes hayan sufrido la crisis laboral con mucha mayor crudeza que los españoles. El paro entre los extranjeros estaba cerca del 10% cuando comenzó la crisis, y ahora (pese a que bajó en el último trimestre) es del 30%. Entre los españoles el salto ha sido del 8% al 18%.

"En el caso de los españoles ha habido un movimiento ascendente, a pesar de la crisis. No obstante, ha sido mucho más lento que en los años anteriores", comenta Pajares. A continuación, matiza: "Los españoles comienzan a aceptar puestos de trabajo que ocupaban inmigrantes, pero no es masivo. No se aprecia en las estadísticas".

En este matiz pone el acento Íñigo Moré, director del centro de investigación Remesas.org. "Comienza ahora a verse el retorno en números relevantes de españoles al mercado de baja cualificación y remuneración. En pequeños números, pero existe, cosa que antes no ocurría", explica Moré. Toma la respuesta positiva de unos pocos españoles para recoger fruta en Lleida para decir que la lectura correcta es que habrá nacionales trabajando en el campo ilerdense. Pocos, pero habrá.

"No creo que el número de estos trabajadores [españoles] sea aún suficiente como para decir que la competencia es ahora más relevante que la complementariedad. Tampoco creo que estemos al borde de un cambio de tendencia. La evolución de las remesas indica que desde hace dos trimestres la economía de los inmigrantes se está recuperando", profundiza Moré. Apoyándose en las divisas que envían los inmigrantes que trabajan en España a sus familiares, "un buen termómetro laboral", este investigador afirma que el mercado laboral ha tocado fondo para los extranjeros.

En UGT, la responsable de inmigración, Ana María Corral, también señala que "hay un mayor número de trabajadores que acceden a un puesto que antes no querían". Para explicar la resistencia de los trabajadores españoles a volver a los sectores poco remunerados, el sindicato recurre a las condiciones laborales. Los 14.000 españoles que vendimiarán en Francia cobrarán al menos 8,86 euros la hora; en España la media es de 5,3 euros.

En todo caso, si la mejoría del mercado laboral tarda, la situación puede abocar a los españoles a volver a los puestos de trabajo que dejaron. "Si la recuperación tarda más que la vida útil de los subsidios de desempleo la competencia [por estos empleos] se incrementará", cierra Moré.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2010