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Reportaje:

'Bous al carrer', entre la cultura y la tortura

El Consell y las peñas están dispuestos a salvar la fiesta de cualquier tentativa de modificación o prohibición

"Tortura no es cultura", dicen quienes denuncian el maltrato de animales en los festejos taurinos y esgrimen esa máxima como razón para eliminar del escenario cotidiano de las fiestas en los pueblos cualquier modalidad que tenga al toro como protagonista. "Aquí no se tortura. No se maltrata. No se emplean armas. Se cuida al toro. Hay animales que llegan a vivir 20 años, mientras uno de engorde, en ocasiones, no pasa de seis meses. Hay ahogados en las playas. Hay muertos en la carretera. Y no veo que se genere esa fiebre por prohibir", afirma Manuel Vicente, presidente de la Federación de Bous al Carrer de la Comunidad Valencia.

Defensores y detractores defienden posturas tan irreconciliables como parece. Vicente, de hecho, asegura que aunque ha tenido oportunidad de intercambiar opiniones con colectivos contrarios a la fiesta, "nunca ha servido para nada, mi sensación ha sido muy mala, ni entienden ni están dispuestos a entender". Pero él, además de no compartir, no entiende ninguno de los argumentos de los abolicionistas de la fiesta taurina. "Vale más un perro que una persona. Y creo que hay que tener un poco de sentido común. No puedo aceptar esta fiebre por prohibir en una sociedad democrática, en la que se espera que seamos capaces de respetar. Esto es muy mediático. Y la manipulación es cotidiana. Me gustaría que se preocuparan por los problemas importantes del país, por el hambre, y dejen de atacar la cultura del pueblo valenciano", afirma.

Al año se celebran unos 5.000 festejos taurinos con 300 heridos de media

Gobernación cifra el impacto económico anual de esas citas en 184 millones

Para unos y otros, las cifras juegan a favor de sus argumentos. La media de fetejos taurinos (bous al carrer, bou embolat, bou en corda, bou a la mar) está en 4.000 al año. Ha habido años de más de 6.000. La crisis dejó el año pasado en 5.000 festejos celebrados en la Comunidad Valenciana. Según el consejero de Gobernación, Serafín Castellano, 2010 se cerrará con una cifra similar. La policía autonómica realiza entre 400 y 500 inspecciones, al margen de la vigilancia presencial en cada festejo de la policía local del municipio. El impacto económico de los festejos taurinos se calcula en 184 millones de euros anuales (desde ganaderías a empresas organizadoras). Hay 3.000 peñas taurinas repartidas por las tres provincias que organizan festejos, además de un número importante de asociaciones culturales alrededor del mundo del toro. Una media de 300 participantes en la fiesta resultan heridos todos los años. Los fallecidos oscilan entre cuatro y diez por temporada.

Según Manuel Vicente, sólo dos pueblos de Castellón no tienen toros en sus fiestas patronales. Precisamente, en Castellón, se encuentra el emplazamiento que más festejos taurinos celebra al año: La Vall d'Uixò. En esa localidad de La Plana Baixa hay toros durante 69 días al año como mínimo. El 70% de los municipios de la provincia de Valencia celebra alguna modalidad de festejo taurino en sus fiestas. En Alicante, el 50% de las localidades. A cada convocatoria se calcula una media de asistentes de entre 2.000 y 3.000 personas. La Comunidad Valenciana es, con diferencia, donde más festejos taurinos se celebran.

Ambas partes utilizan la historia para apoyar sus tesis. Los defensores recurren a la tradición. Los detractores, al presente. El consejero Castellano y el presidente de la Federación de Bous al carrer, Manuel Vicente, reiteran que la constancia documentada de la celebración de festejos taurinos en tierras valencianas es más que centenaria. Que si data de la Edad Media, porque en el siglo XIV hay referencias a la celebración de corridas de toros en el Reino de Valencia; que si la primera plaza de toros permanente que se construyó en la Comunidad Valenciana fue la de Bocairent, que data de 1843; que si los encierros de caballos de Segorbe se remontan al año 1386.

Esos datos, y otros muchos, son los que tiene sobre la mesa la Consejería de Cultura y con los que tiene que tomar la decisión de declarar o no Bien de Interés Cultura (BIC) los festejos taurinos para dotarlos de una protección especial, que otros llaman inmunidad.

Los críticos con la fiesta no computan la tradición, el arraigo y la costumbre como valores positivos. En todo caso, lo contrario. Pero sea como fuere, su discusión es otra. Se centran en el maltrato animal, en la vulneración de derechos, en la alimentación de la tortura como espectáculo público y subvencionado. La democracia, que los defensores de la fiesta esgrimen como escenario de convivencia entre contrarios sin prohibiciones, es precisamente reivindicada por quienes pretenden que la fiesta desaparezca. No comparten que una sociedad evolucionada sea capaz de festejar la muerte de un animal, de celebrarla y jalearla.

La muerte de un vecino de Burjassot, de 46 años, en el bou embolat de Godella, el pasado domingo y dos heridos horas después en la convocatoria de La Vall d'Uixò se han sumado a la polémica abierta tras la prohibición de las corridas de toros aprobada por el Parlament de Cataluña. Manuel Vicente, que tiene 62 años, es de Massalfassar, ha sido 40 años embolador de toros, ha visto como su fervor lo heredaban sus hijos y confía en que algo también lo haga su nieto, está convencido de que por mucha embestida "la fiesta en la Comunidad Valenciana está a salvo, porque mientras tengamos este Gobierno, estamos apoyados, porque la gente de la fiesta hace mucho por cumplir las normas y mejorar, porque vamos a defender lo que es nuestro y nos identifica". Vicente coincide con el consejero Castellano en asegurar que "la seguridad total no existe".

En un intento de silenciar las voces contrarias a la fiesta, que han encontrado una plataforma y un altavoz en la decisión del Parlament de Cataluña de prohibir las corridas de toros, el Consell ha anunciado que en septiembre va a modificar el decreto que regula la celebración de los festejos para endurecer las sanciones.

De entrada, se anuncia un Código de buenas prácticas para con los animales. Precisamente, vecinos de Godella reflexionaban, tras el mortal accidente que vivieron, sobre las condiciones en las que han estado y están los toros y vaquillas que se llevan a las sueltas. Durante horas, dicen, esperan en un callejón que se improvisa en el propio trazado del pueblo, llenos de paja, hacinados, en una situación tal que entre ellos se dañan, no tienen prácticamente ventilación y sufren un calor espantoso. La peña organizadora del evento, La Cuna, niega la mayor: "Los animales están siempre en perfectas condiciones", asegura Salvador, de la comisión directiva.

Los cambios tienen que ver con los elementos de protección, cierre y delimitación, y con las plazas de toros portátiles. Por ejemplo, en el caso de las barreras verticales, se propone que se incorpore la madera siempre que el elemento metálico asuma la resistencia y solidez de la barrera. En el caso de los cadafals, se aplican las mismas exigencias que a las barreras verticales en cuanto a materiales, y permitirá la posibilidad de instalar burladeros de madera en las puertas de las casas que están dentro del recinto donde se desarrolla el festejo. Y se equiparará la plaza portátil a las exigencias del "recinto taurino". Los detractores de la fiesta no aceptan esta actitud "políticamente correcta" que pretende "adornar la tortura indiscutible que sufren los toros y vaquillas en los festejos taurinos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2010