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Reportaje:LAGUNA DE FUENTE DE PIEDRA | verano

Un bautizo muy flamenco

La reserva natural malagueña bate récords con el nacimiento de 8.000 pollos

A algunos, como a Conchi Pacheco, se les llenan los ojos de lágrimas cuando llegan por fin al humedal, aunque los pies se les hundan en el fango hasta casi la rodilla. Para muchos habitantes de Fuente de Piedra, el día del anillamiento de flamencos en la reserva natural de la localidad es parte de su vida. Llevan 24 años reservando un día del verano para levantarse antes de las cuatro de la mañana, entrar en la laguna con sigilo, sin hacer ruido, y recoger los pollos de flamenco nacidos en el último año para pesarlos, medirlos y anillarlos. Un proceso que pese a que pueda parecer rutinario, nunca es igual.

Este año cada uno de los 462 voluntarios tenía que recorrer unos 200 metros cubierto de agua hasta la cintura. En los últimos 13 años no se recordaba nada igual. Las intensas lluvias del pasado invierno se reflejaban ayer, en pleno agosto, en el metro de agua que dificultaba el trayecto. Normalmente no es necesario mojarse y cuando comienza a salir el sol, la luz lo inunda todo de repente al brillar sobre la sal que queda sobre el terreno seco.

462 voluntarios anillaron ayer en el humedal a 616 crías de estas aves

Pero aunque ayer el suelo estaba fangoso y resbaladizo, lo que dejó más de una caída, todo era un ir y venir de gente, cada uno a su misión. Elo Rojas, que se había levantado junto a su marido y sus dos hijos a las tres de la mañana para venir desde Granada, estaba encargada de la suelta del pollo y hablaba en voz baja con el flamenco que transportaba entre las manos. "Ya queda poco bonito, ahora ya se acaba todo". Y sonreía al dejar el animal sobre al agua y ver como se alejaba. Así hasta 616 veces con 616 pollos. Sólo 10 tuvieron que ser trasladados a un centro especializado por una rotura en las patas o las alas. En pocos días seguramente podrán volver a unirse a la colonia más numerosa del Mediterráneo occidental, con más de 8.118 pollos nacidos este año.

Del corral situado en el centro del lugar de trabajo, en mitad de la laguna y completamente rodeado de agua, iban saliendo uno a uno los flamencos en brazos de los portadores que los paseaban por los diversos puestos. Primero para anillar, luego para pesarlos y tomarles las medidas del pico y las patas y, al fin, para soltarlos en el agua.

En otro corral algo más apartado, 1XSJ, uno de los pollos según lo identificaba su anilla, hacía esfuerzos para mantenerse en pie. En pocos minutos, sin embargo, alguien se lo tuvo que llevar. Tras su paso por el hospital había recuperado fuerzas y no dejaba de picotear a los demás enfermos. En esta zona se veían las caras preocupadas de los veterinarios que no paraban de atender a los que llegaban con algún problema. La mayoría de estos flamencos, sin embargo, solo presentaban estrés por el ajetreo y tras recibir una dosis de vitaminas estaban listos para volver al agua. A lo largo de toda la mañana solo murieron tres pollos.

Como el trabajo fue constante, a medida que avanzaban las horas a algunos se les iba notando el cansancio. Quien sí disfrutó fue el consejero de Medio Ambiente, José Juan Díaz Trillo. Rechazó subirse a una de las dos barcas que cruzaba de una orilla a otra y hasta no dudó en ayudar a empujar la embarcación. "Eres el motor del medio ambiente en Andalucía", bromean al pasar por su lado. Muchos se reían, otros reflejaban el cansancio en la cara. La madrugada había sido muy dura, pero los primeros vuelos de los flamencos al acabar la jornada levantaron los aplausos de todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2010