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COLUMNA

Metro a metro

Huelga, sindicalistas, trabajadores son tres palabras malsonantes que no deben pronunciarse cuando las familias de orden se sientan a la mesa. Pertenecen a la misma categoría que obrero, un vocablo en vías de extinción, excomulgado del vocabulario políticamente correcto desde los tiempos del franquismo, cuando la festividad de san José Obrero, eufemismo para alejar los fantasmas del 1 de mayo, se reufemizó en san José Artesano antes de evaporarse entre los fastos fascistas de las demostraciones sindicales del Bernabéu y las redadas y cargas policiales de las fuerzas del orden. Fuerzas del orden, familias de orden, la injusticia antes que el desorden, cualquier método servía para protegerse del caos que aparejaba la lucha de clases, otro concepto borrado, no por la Historia, sino por los que la escriben y manipulan al antojo de sus patronos. Patronos, patrones, patronal, palabras que siguen gozando hoy de buena prensa, aunque las empresas de los patronos estén en bancarrota y los patrocinados en el desempleo o con las alas recortadas.

Cuando Aguirre pronuncia la palabra "sindicalista" lo hace siempre entre dientes

Cuando Esperanza Aguirre pronuncia la palabra "sindicalista" lo hace siempre entre comillas, entre dientes y cruzando los dedos, como un conjuro para alejar a los mengues, esos pequeños demonios rojos que amenazan la transición del "Estado de bienestar" al "estado de sitio" permanente. La huelga de Metro de Madrid no se inició como un "conflicto laboral", comenzó como una huelga sin eufemismos y sin servicios mínimos, una huelga "salvaje". Cuando los servicios mínimos los dicta la parte contratante de la primera parte las huelgas se quedan muchas veces en eso, en conflictos de menor calado. Cuando, a posteriori, los tribunales señalan que los servicios mínimos eran abusivos el conflicto ya se ha diluido y las empresas entonan agradecidas el "ahí me las den todas", que es uno de los himnos favoritos de los socios de la CEOE.

Los trabajadores de Metro fueron a la huelga contra los recortes de salario y para defender el respeto hacia la negociación colectiva, un derecho pisoteado por la empresa, que no respetó el convenio laboral vigente a la hora de aplicar las rebajas salariales, unas rebajas que en principio no tenían que haberles sido aplicadas y que no han sufrido, por ejemplo, sus colegas de la EMT (toquemos madera y crucemos los dedos) y otros colectivos no funcionariales. Las huelgas hay que montárselas a Zapatero, y si esta no es una huelga política que venga Dios y lo vea... En pleno berrinche doña Esperanza Aguirre no tiene pelos en la lengua para citar el fantasma de Lenin. Entre los asesores de la presidenta debe haber uno especializado en el área del marxismo-leninismo, al que se supone que no le recortarán el sueldo, pues anda sobrecargado de trabajo preparando los diversos argumentarios para que la jefa pueda seguir despotricando con cierto fundamento.

Todas las huelgas son políticas y no hace falta que ningún dios oficie de mediador. Todas las huelgas son políticas porque la política, como Dios, está en todas partes. Lo malo de la política es que o la haces o te la hacen. Creo que Lenin dijo algo de esto también, aunque no puedo corroborarlo porque mi asesor de marxismo está de huelga y sin servicios mínimos. También podríamos decir que hoy todas las huelgas son contra Zapatero, que oficia de payaso de las bofetadas en todas las pistas de nuestro circo nacional y de parte del extranjero. Para avivar la memoria de Esperanza Aguirre hay que recordar que los trabajadores del metro fueron a la huelga con Franco, con la UCD, con el PSOE y con el PP. En la huelga de 1983, sin servicios mínimos porque los señalados se consideraron abusivos, Enrique Barón, ministro de Transportes, llegó a acusar a los huelguistas de un delito de sedición que los jueces no vieron por ninguna parte porque no se habían puesto en peligro ni la salud, ni la seguridad de los ciudadanos y existían otros medios de transporte alternativos La frase de Lenin sobre los sindicatos como correa de transmisión de los partidos políticos, citada fuera de contexto por Aguirre, puede ser aplicable, entre comillas, a las dos centrales sindicales mayoritarias, Comisiones Obreras y UGT, pero en la huelga de Metro, y fuera de ella, hay otros sindicatos, el de conductores y Solidaridad Obrera, que no son ni correas ni engranajes de nadie.

Si la huelga general anunciada sigue su curso la correa de transmisión del PSOE repartiría un buen correazo a los suyos y, aunque entre comillas, entre dientes y cruzando los dedos, Esperanza Aguirre se frotará las manos y enterrará en el baúl de los malos recuerdos (uuuuú) otras correas y ataduras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2010