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EE UU-España: ¿socios a prueba de crisis?

En estos momentos de crisis mundial, y especialmente de caída libre de la economía española, es necesario plantearse con rigor si el relativo éxito en las relaciones económicas bilaterales con Estados Unidos es historia o tiene todavía recorrido.

Las relaciones económicas entre ambos países se basan, principalmente, en cuatro variables: el comercio, la inversión directa española en Estados Unidos, la inversión directa estadounidense en España y la inversión en cartera de los grandes fondos estadounidenses en empresas españolas cotizadas. Dejamos fuera de este artículo otros flujos bilaterales, como son la inversión inmobiliaria o el turismo.

Sobre la inversión en cartera voy a extenderme muy brevemente. Es bien sabido que grandes fondos de inversión y de pensiones estadounidenses detentan paquetes importantes en compañías cotizadas, muy significativamente en las mayores compañías del Ibex 35. Estas inversiones no estratégicas, que no suelen tener representación en los Consejos de Administración, buscan rentabilidades a plazo. Sus gestores están preocupados con la evolución de la Bolsa española, que ya ha perdido más del 40% de su valor en tres años. Muchos de estos fondos no desinvertirán y esperarán lo que haga falta para generar plusvalías en el futuro. Muchos otros van a desinvertir o están desinvirtiendo ya, pues perciben riesgo en la contracción del mercado doméstico y en el excesivo apalancamiento de muchas de nuestras compañías cotizadas. Sin embargo, estos fondos serán sustituidos por otros, muchos de ellos también estadounidenses, en el momento en que se generalice la percepción de que las compañías cotizadas españolas vuelven a estar a un precio competitivo.

España está perdiendo atractivo y prestigio, y no solo es una cuestión de atajar el déficit
Sin reformas ambiciosas hacia un nuevo modelo productivo, la inversión extranjera menguará

En cuanto al comercio bilateral, creemos que la crisis puede suponer un revulsivo para impulsar el comercio entre ambos países. Las cifras de comercio entre España y Estados Unidos nunca han sido gran cosa. Estamos hablando de unos 8.750 millones de dólares en exportación de Estados Unidos a España y de unos 7.865 millones de dólares de exportaciones españolas hacia Estados Unidos. Para España, Estados Unidos es el 6º socio comercial. Para Estados Unidos, España es tan solo el 30º. Y estos datos de 2009 se han mantenido relativamente invariables durante más de una década. Sin embargo, la corrección del tipo de cambio euro-dólar va a suponer una oportunidad para muchas empresas españolas que no eran suficientemente competitivas para exportar bienes y servicios al mercado estadounidense.

En la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España apostamos por un cambio euro-dólar de alrededor de 1,10 a finales de este año. Esto supone un aumento de competitividad para las exportaciones españolas al mercado estadounidense de más de un 30% en dos años. Las compañías españolas, muy especialmente las pymes, deberían focalizarse en el gran mercado estadounidense, al que van a tener acceso con productos y servicios a precios competitivos por vez primera en décadas. Por otra parte, las exportaciones estadounidenses a Europa, y a España en particular, no van a pararse. El presidente Obama lanzó en diciembre del pasado año la National Exports Initiative, un plan que cuenta con el apoyo de nuestra organización en Washington, la US Chamber of Commerce, y que va dirigido a duplicar las exportaciones estadounidenses en el plazo de cinco años, creando más de dos millones de nuevos puestos de trabajo. Las exportaciones estadounidenses a Europa aumentarán, y España no va a ser una excepción.

Por lo que respecta a la inversión española en Estados Unidos, tampoco creemos que el proceso iniciado hace unos siete años vaya a detenerse. La inversión española en Estados Unidos tiene escasa tradición, pero las empresas españolas, que no habían invertido antes en Estados Unidos, concentrándose en Europa y Latinoamérica, han realizado un esfuerzo inversor colosal en este último lustro. Los grandes bancos, las empresas energéticas, algunas tecnológicas, las constructoras, las empresas de alimentación y las mayores empresas textiles se han lanzado a la conquista del gran mercado estadounidense. Desde la Cámara hemos intentado apoyar al máximo este proceso, que siempre hemos percibido como uno de los grandes retos para la definitiva internacionalización de la economía española. Hemos pasado de ser un inversor directo irrelevante a estar en el podio de los mayores inversores durante los últimos tres años. Aun así, la diferencia de inversión instalada de nuestras empresas con relación a las empresas de otros países europeos es enorme y, a pesar del esfuerzo, no hay prácticamente un país de nuestro tamaño e importancia con tan poca presencia empresarial en Estados Unidos. Desde la Cámara creemos que hay que ahondar en este proceso. La Administración española tiene que seguir apoyando con el plan del Ministerio de Industria Made in/Made by Spain, que debe de salvarse de cualquier recorte presupuestario, y las empresas, no solo las grandes sino también las pymes, deben seguir apostando por un mercado que les va a otorgar seguridad en tiempos de incertidumbre y les permitirá apuntalar -más que ningún otro en el mundo- su proceso de internacionalización.

Por último, se encuentra la inversión directa estadounidense en España. La inversión estadounidense en España sí tiene una larga tradición, y ha sido enormemente relevante para el desarrollo del tejido productivo desde los años sesenta. Estados Unidos es y ha sido durante décadas el primer inversor extranjero en España. Las empresas estadounidenses han aportado tecnología y capacidades directivas y han creado una red de empresas distribuidoras, licenciatarias y suministradoras en su entorno, que tiene una enorme trascendencia para nuestra economía.

Muchas de estas empresas invirtieron en España en un contexto muy diferente del actual. España era un país muy competitivo, con una mano de obra muy barata en comparación con otros países europeos. Hoy esto ya no es así y cualquier evolución del tipo de cambio no va a ser suficiente. España ha perdido ventaja competitiva como país destino de inversión porque no puede competir con otros países con mano de obra más barata, especialmente del este europeo, y la crisis está incidiendo en que pierda también prestigio. Muchos directivos de empresas estadounidenses en España se lamentan del deterioro del prestigio del país en sus casas matrices, y esto -que muchas veces es injusto pues no tiene nada que ver con la particular evolución de las compañías en España- está empezando a incidir peligrosamente en los planes de inversión.

España está perdiendo atractivo y prestigio a marchas forzadas, y no es solamente una cuestión de atajar el déficit fiscal. El país necesita enormes y urgentes reformas estructurales para encauzar de nuevo la energía de los ciudadanos: una reforma laboral de calado que flexibilice la contratación y el despido, una apuesta constante por la seguridad jurídica y la estabilidad regulatoria, una mayor protección de la propiedad intelectual, mejoras en la educación, particularmente la universitaria, reforma del estatuto del funcionariado y reducción del peso de la burocracia en la economía, incentivos medibles a nuevos sectores donde podemos ser competitivos, etcétera. Sin reformas ambiciosas destinadas a permitir que el sector privado vaya configurando un nuevo modelo productivo, la inversión extranjera en general y la estadounidense en particular menguará en los próximos años. -

Jaime Malet es presidente de la Cámara de Comercio de EE UU en España.

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