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La carrera que Derrick Bird se cobró en vidas

La investigación policial apunta a las deudas con Hacienda y el miedo a la cárcel como causas de la matanza de 12 personas en el norte de Inglaterra

Cumbria es uno de esos lugares hermosos del norte de Inglaterra en los que nunca pasa nada. Mucha lluvia, valles verdes, colinas boscosas salpicadas de lagos, rebaños de vacas y ovejas, manadas de caballos, el mar reluciente en uno de esos días brillantes por un sol que no siempre asoma. Nunca pasa nada hasta que todo pasa de golpe. Primero, en noviembre, aquellas inundaciones terribles, cuando el río Derwent se llevó por delante todos los puentes a su paso por Cockermouth, donde las aguas alcanzaron los dos metros y medio en la calle comercial. Luego, aún no hace dos semanas, cuando volcó un autobús escolar en Braithwaite, que mató a dos niños y un adulto e hirió a otros 35, cinco de ellos de gravedad.

El fisco reclamaba 120.000 euros al asesino, que temía acabar en prisión

La tesis popular es que confiaba en la herencia de su anciana madre

Se habla de un viejo enfrentamiento con su gemelo, una de las víctimas

Tres de los muertos trabajaron con el homicida en la central de Sellafield

Esas dos tragedias se han quedado pequeñas al lado de la protagonizada el miércoles por Derrick Bird, un taxista de 52 años que mató a 12 personas e hirió a otras 11 antes de dispararse a sí mismo en un bosque. Pese al hermetismo policial, poco a poco se van esbozando los orígenes y el desarrollo de esa matanza, resultado probablemente de una mezcla de rencores personales, problemas económicos, el miedo a ir a la cárcel, la soledad de un hombre incapaz de rehacer su vida tras separarse de la madre de sus hijos y, quizás también, la torpeza de un cuerpo policial pequeño en una región muy extensa en la que nunca pasaba nada.

Se sabe ya que la primera víctima de Bird fue su hermano gemelo David, al que mató en su propia cama en la madrugada del fatídico 2 de junio en Lamplugh, aunque su cadáver no fue descubierto hasta mediodía. A las 10.20 de la mañana (9.20, hora peninsular española), la policía fue alertada de que se habían oído tiros en el cercano Frizington. Poco después se encontraría en el jardín de su casa el cuerpo sin vida de Kevin Commons, el abogado de la familia.

Estas dos muertes han dado cuerpo a la tesis de que el origen de la matanza está en los problemas económicos de Derrick Bird. Según varios de sus colegas, hacía varios años que dejó de pagar sus impuestos y se enfrentaba a una reclamación de Hacienda por 120.000 euros. Una cantidad que probablemente no podía afrontar y que le llevó a obsesionarse con que acabaría en la cárcel. Quizás influyó en ese miedo el hecho de que tuviera antecedentes penales: hace 20 años fue despedido por robo de su empleo en la cercana central nuclear de Sellafield, aunque entonces no llegó a entrar en prisión.

La tesis popular es que el taxista confiaba en la herencia de su anciana madre, una mujer de 90 años enferma de cáncer a la que no le queda mucho tiempo entre los vivos, para poder saldar su deuda. La gente habla de un enfrentamiento con su hermano gemelo, del que se dice que quizás fue quien le denunció a Hacienda. Un conflicto en el que Derrick nunca obtuvo el apoyo del abogado Commons.

Tras esas dos muertes, Bird se dirigió al centro de Whitehaven para saldar otras cuentas pendientes, esta vez con algunos de sus colegas taxistas. En particular con Darren Rewcastle, con el que había discutido varias veces, las dos últimas el sábado y la víspera de la matanza, porque este y otros taxistas habían roto el pacto de que los clientes debían coger siempre el primer taxi de la cola que se formaba en la parada de Duke Street, en el centro de esta población portuaria de 25.000 habitantes. Bird le disparó un tiro e intentó matar a otro taxista y su cliente.

La matanza tomó ahí cuerpo público y desató todas las alarmas. Desde ese momento, el taxista empezó una loca carrera final en la que fue disparando a quemarropa a quien tuviera la desgracia de cruzarse en su camino. En una hora mató a otras nueve personas e hirió a otras 11. La mayoría de los disparos, realizados desde su coche con una pistola y un fusil del calibre 22 para los que tenía licencia, se dirigieron a la cara de sus víctimas.

Tres de ellas habían trabajado en la central de Sellafield, por lo que se especula con que no hubieran sido elegidas al azar. Pero parece una tesis un poco peregrina porque esa central emplea a más de 10.000 personas y da trabajo, por ejemplo, al 70% de la gente que tiene un empleo en Whitehaven. Que tres de sus 23 víctimas hubieran trabajado allí no parece una proporción exagerada.

Esos nueve muertos y 11 heridos parecen haber tenido la desgracia de estar en el peor sitio en el peor momento. En Egremont, Bird mató a una mujer que volvía de hacer la compra y a un jubilado que caminaba hacia un local de apuestas. Muy cerca de allí, en Wilton, a una mujer de 66 años que salía de su casa para comprar el periódico y a su marido, que acudió a atenderla.

En Carleton, a un hombre que charlaba en la calle con un colega. En Gosforth, a un jugador semiprofesional de rugby que estaba ayudando a su tío a podar una valla. En Seascale, a un joven agente inmobiliario que iba en su coche, a un ciclista de 64 años y a una mujer de 66 años que repartía publicidad. Eran las 11.35 de la mañana cuando mató por última vez.

Bird se dirigió luego a través de carreteras secundarias hacia la zona montañosa de Boot. Hubo otros disparos, pero sin más muertes. Tras abandonar su coche, siguió su huída a pie hasta que decidió parar y pegarse un tiro. La policía encontró su cadáver a la 1.40 de la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010