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PERDONEN QUE NO ME LEVANTE

'Blog' de compañía

Cuando empecé mis colaboraciones en este periódico, hace más de un cuarto de siglo y con una sección semanal de chismes y rumores en esta misma revista dominical, mi redactora-jefa de entonces solía susurrarme: "Piensa que 300.000 pares de ojos están clavados en tu nuca mientras escribes". Eran los lectores que teníamos, que por fortuna se multiplicaron con rapidez. Ella me lo decía a modo de aliciente, pero a mí se me erizaban los vellos.

Pues bien, una sensación similar he sentido al enfrentarme yo solita (con la ayuda de unas amigas expertas) a la infinitud examinadora de la blogosfera. Pánico. Hace tiempo escribí un Perdonen en contra de los blogs vomitados por periodistas chivatos, esos que siempre están denunciando al que no piensa como ellos. Como suele ocurrir, fue tergiversado por quienes se sentían ofendidos ante cualquiera de mi oficio que criticara, aunque fuera mínimamente, su actividad en la Red: esa hipersensibilidad ha disminuido con los años. Los blogueros son ahora un cuerpo social de peso, sin complejos, que tiene mucho que decirnos o que, simplemente, quiere decir lo que le apetece porque le da la gana.

"Paso a formar parte de la comunidad 'bloguera'. Espero que disfrutemos todos"

Esa galaxia se ha convertido también en la mía. Empecé en esto de las tecnologías cuando otro jefe me señaló, en la sección de Cultura, un armatoste llamado ordenador, que funcionaba con una cosa llamada Atex. La pantalla era negra y las letras, verdes. Pueden verlo todavía si revisan Todos los hombres del presidente, la película sobre el Watergate. Mi jefe de Cultura me dijo: "Supongo que sabes cómo funciona". Dije que sí porque deseaba entrar en este periódico más que nada en el mundo. Me fijé mucho y, efectivamente, al poco lo dominaba, con la ayuda de mis compañeros y compañeras de sección. Allí tuve la oportunidad de escribir historias estupendas, que cientos de miles de pares de ojos leían también.

Déjenme que les diga algo acerca de ustedes, los lectores, lo sean de letra impresa o de esa otra que aparece en la pantalla pinchando un simple link -aprovecho para darles el mío: www.marujatorres.com, mi página cuando uno se asoma al espacio sin límites de Internet-. Ustedes son nuestro juez y, en ese sentido, tenía razón mi redactora-jefa de antaño. No hay que tomarles el pelo, no hay que estafarles, no hay que mentirles. A ser posible, no hay que defraudarles. Pero tampoco hay que halagarles. Mucho del periodismo del que actualmente renegamos lectores y periodistas se basa, precisamente, en satisfacer los bajos instintos del lector potencial, convirtiéndole así en algo mucho menos digno: en un simple cliente. Cuando la verdad duele, si es la verdad, hay que decirla. Hay que escribirla. De lo contrario, hacemos un flaco favor al periodismo, a nosotros y, desde luego, a ustedes. Periodistas degradados producen lectores degradados. Es algo que la parte más sucia de la televisión nos ha mostrado muy bien.

Sin embargo, hay algo maravilloso que se ha producido entre los lectores y yo a lo largo de este más de un cuarto de siglo que llevo escribiendo en este periódico, y de la década anterior en que trabajé en otros medios, lectores que me siguieron hasta aquí. Y eso maravilloso es que tenemos una relación. Sí, gente. Tenemos una relación. No sé ustedes, pero yo me siento muy feliz por ello.

Y ésta es la razón por la que he decidido abrir mi blog como si abriera un balcón por la mañana, tan ignorante como ustedes de lo que me va a deparar el día, pero con las mismas ganas habituales de pelearme por lo que venga, de reírme de lo de ayer, de llorar por lo de siempre. De tenerles cerca.

Hay otra cosa. Esta época nuestra de ahora mismo requiere que nos hagamos compañía. A los informadores en activo -yo me considero una persona activa que se expresa escribiendo, pero ya no investigo- les toca darnos casi cada día malas noticias, y les aseguro que en ese aspecto soy tan lectora dolorida como ustedes. Por consiguiente, creo que debemos utilizar cualquier canal de apoyo y de comunicación para recuperar esa unión que hace la fuerza, y que quizá perdimos porque no nos considerábamos necesitados… ni necesarios.

Con humildad, pero a mucha honra, paso a formar parte de la comunidad bloguera. Espero que disfrutemos todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010