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Reportaje:INVISIBLE PARA HACIENDA

El empresario sumergido

Fernando Ferré, propietario de un 'holding' con 60 hoteles y 1.500 trabajadores en Ibiza, nunca pagó impuestos ni usó tarjetas

Fernando Ferré Cardó es un hombre muy desordenado y muy individualista. Al menos eso sostiene su abogado en tono exculpatorio, al hablar de su cliente que tras ser detenido el 28 de mayo, ingresó finalmente en prisión el 3 de junio, imputado por delitos fiscales continuados, delitos contra los derechos de los trabajadores y fraude a la Seguridad Social. No había pagado nunca impuestos a pesar de ser propietario de un holding con 60 hoteles (una capacidad de 11.000 camas y 1.500 trabajadores). Su compañía, Grupo Playa Sol (GPS), con una deuda de 150 millones, es una de las más importantes de Ibiza, pero su persona no era muy apreciada entre los grandes empresarios de la isla. Tampoco entre sus trabajadores. Y es que Fernando Ferré tampoco era un buen pagador.

Ferré sufrió una condena por maltrato a trabajadores: empleados de sus hoteles duermen en sótanos y pasillos

"Su negocio consistía en no pagar nada", dice a modo de síntesis uno de los investigadores, quien califica el caso de Ferré como "el paradigma de la economía sumergida". Tanto es así que se desconoce su verdadero patrimonio: no tenía cuentas corrientes a su nombre, no usaba tarjetas de crédito, vivía de forma austera, comía en uno de sus hoteles, pagaba siempre (cuando lo hacía) con dinero en metálico. Ferré tampoco usaba el ordenador ni llevaba una ordenada contabilidad de las 200 empresas que gestionaba. No le hacía falta, puesto que se las apañaba para sembrar la confusión alrededor de sus empresas, la mayoría de ellas con denominaciones de difícil comprensión (Tu-Xis-Luc, Vi-Par-Loc y así en decenas de casos). Ferré no existía para la Hacienda Pública ni para la Seguridad Social.

El secreto mejor guardado de su imperio hotelero estaba en un pequeño cobertizo situado en el patio de su casa. Allí, tres trabajadores chinos punteaban a mano las entradas y salidas de dinero y pasaban las cifras a la contabilidad real. A pesar de ser personal de tanta confianza, cobraban tres euros por hora de trabajo y tenían derecho a cama en el citado cobertizo. De los primeros datos se deduce que sus empresas facturaban 36 millones de euros al año.

Antes de ingresar en prisión, había pasado un período de descanso de 24 horas en una habitación de una clínica privada de Ibiza, escoltado por dos policías. La noticia de la detención le debió causar una gran sorpresa. "Su corazón sufre arritmias y él toma muchas pastillas", dice su abogado Gabriel Garcías, versión que contrasta con la de un funcionario de policía: al parecer sus arritmias aumentaban cuando tenía que declarar y desaparecían cuando tenía que estar presente en el registro.

Esa táctica dilatoria ya la empleó en 2006 cuando fue detenido por primera vez a consecuencia de las denuncias de unos trabajadores.

Ha de depositar 80 millones de euros o aportar bienes para afrontar la fianza civil con el fin de asegurar el pago de sus responsabilidades. El fraude generado por Ferré se estima en casi 15 millones. El responsable de la Agencia Tributaria en Baleares, Raúl Burillo, calcula que no pagó 7,5 millones de cuota del impuesto de sociedades y 7 más del IVA. El agujero de la evasión puede doblarse con los impuestos de transmisiones y los impagos de cuotas a cientos de obreros. Más de treinta funcionarios llevan meses buceando en esta cueva de economía sumergida.

A sus 66 años, el primer empresario hotelero de Ibiza era algo así como un hombre invisible, un empresario sumergido. Natural de Tarragona, ha procurado moverse siempre en el anonimato. No se conoce mucho de él. Se casó con una mujer portuguesa con la que tuvo dos hijos. Se separó y tuvo una niña de otra relación. Hace décadas abandonó Ibiza al fracasar un negocio de agua embotellada en Sant Joan. Luego, retornó con nuevas ideas: ser una especie de hotelero de bajo coste para turistas de playa y discotecas. Comenzó a adquirir locales viejos y pequeños. Aterrizó con fondos depositados en Andorra, donde aún tiene anclas su enrevesada malla empresarial.

Pasó a ser mister pagaré por abusar de los pagos aplazados. En 2001 se lanzó a una meteórica carrera y adquirió 40 hoteles, la mayoría anticuados. Mientras los hoteleros de Ibiza se expandían por el Caribe, Ferré engordaba en casa. La cadena Fiesta, de la familia Matutes, vendió varios edificios a GPS.

El tinglado de Ferré engordó al operar con un banco de cabecera, el Crédito Balear, del Banco Popular, que le apalancó con créditos baratos, según fuentes de la investigación. Ello explica que una sucursal de dicho banco haya sido registrada. Ferré está tan endeudado que paga al año 11 millones de euros de intereses. "Es un gigante con los pies de barro, un hombre de negocios a la antigua, en el mal sentido, desorganizado, desconfiado, avaro", explica un funcionario que le interrogó. "Eso sí, tiene un aire de encantador de serpientes".

Los jueces le conocen. Tiene antecedentes penales. En 2009 fue condenado a dos años de prisión por un caso de amenazas y lesiones, en 2005, a 13 empleados de tres hoteles. Pero pactó una indemnización y eludió la condena. Esa experiencia no le amilanó. En la documentación intervenida se han hallado contratos de trabajo donde se obliga a jornadas laborales de 11 horas, los 7 días de la semana, sin descanso ni vacaciones. Se incluye otra cláusula feudal, esclavista: quien libra un día deberá compensar a la empresa. Los trabajadores de algunos hoteles duermen en sótanos y pasillos.

Ferré actuaba a la vieja usanza. Le gustaba vigilar a pie de obra las reformas de sus hoteles. Sin embargo, tiene muchas denuncias por construcciones ilegales e incumplir la normativa de turismo.

Hacienda con sus sistemas informáticos tardó meses en documentar la parte sumergida de la cadena hotelera. Ferré obstaculizó la persecución fiscal de su grupo con participaciones cruzadas, autoalquileres de hoteles, compensaciones de cantidades entre sociedades, aportaciones económicas para paliar supuestas pérdidas. Movía las sociedades de una provincia a otra y enmascaraba las propiedades con las denominaciones mercantiles chinas.

El negocio radicaba "en no pagar nada", ningún impuesto, ni IVA ni Sociedades, ni cotizaciones de los trabajadores a la Seguridad Social. Igualaba ingresos y gastos en la cuenta de explotación. "Se financiaba con las partidas que debía destinar a tributar al Estado, es un paradigma de la economía sumergida, clandestina", indican desde Hacienda.

"Yo, solamente trabajo", repitió un Ferré inquieto mientras funcionarios de la policía registraban la sede de su holding. Cinco cajas fuertes aparecieron vacías. De alguna manera, Ferré había intuido semanas atrás que estaba siendo investigado. Hay constancia de que había estado tratando de destruir documentos. Había comprado recientemente una máquina trituradora de papel. Pero era pequeña. Y barata. No podía tragar tanto material. Se atascó y se rompió. La treta quedó inconclusa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010