PUNTO DE OBSERVACIÓNColumna
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Asedio medieval

El director de la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos), el irlandés John Ging, tenía previsto pronunciar el pasado día 1, en la London School of Economics, una conferencia titulada Ilegal, inhumano e insensato: el asedio medieval a Gaza en 2010. A través de una política de sitio, que dura ya casi tres años, un millón y medio de palestinos han sido aislados, empobrecidos y en gran parte ignorados por el mundo exterior, clama Ging, un ex militar y diplomático de 45 años, acostumbrado a escenarios terribles y escandalizado por lo que presencia sistemáticamente en la franja palestina.

El asedio que padece Gaza es una medida medieval que amenaza con destruir las mentes y las perspectivas de futuro de cientos de miles de inocentes, una operación destinada a aniquilar la estructura de una sociedad civilizada, protesta Ging, encargado desde 2006 de distribuir la magra ayuda internacional en el territorio: 450 millones de dólares para 1,5 millones de personas que viven en un espacio equivalente a la mitad de la superficie de la ciudad de Madrid, muy afectado además por los bombardeos israelíes de diciembre de 2008 y enero de 2009 que destruyeron cientos de instalaciones civiles y viviendas. (La UNRWA colecta fondos para Gaza en la página http://www.yotambienmesumo.org).

"Estamos en una zona donde no hay piedad para el débil", afirma el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak

Era este cerco, que destruye "las mentes y el futuro", lo que pretendían romper quienes viajaban en la flotilla asaltada violentamente, precisamente el día 1, por los militares israelíes. Asqueados por la pasividad de la comunidad internacional, de los Gobiernos occidentales, indiferentes ante el destino de los miles de inocentes que sufren el asedio, un grupo de hombres y mujeres aceptó participar en una operación destinada a llamar la atención sobre Gaza. Nunca pensaron que podría costarles la vida. Simplemente creyeron, como aseguró el escritor sueco Henning Mankell, que cuando se habla de solidaridad, "uno debe saber que es la acción lo que prueba el compromiso".

La activista Lauren Booths, que participó en otro intento anterior de romper el cerco, lo explicó muy bien en The Guardian: "Nuestra misión es simplemente mostrar a la población de Gaza que hay gente normal que se preocupa por su apremiante situación. Que sabemos de su miedo, de la prisión en la que están obligados a vivir. Y que tipos corrientes de buen corazón hacen lo que pueden para llevar su sufrimiento ante los ojos del mundo".

Sería importante que la ONU abriera una investigación formal sobre lo ocurrido en el Mavi Marmara, porque, aunque ahora pueda parecer que Israel goza de completa impunidad, interesa establecer que existen leyes internacionales y que si esas leyes han sido violadas, llegará el día, antes o después, en el que las autoridades de Tel Aviv, como las de cualquier otro país, deberán rendir cuentas y asumir culpas.

Pero, sobre todo, importa acabar con el asedio a Gaza y con el escándalo de una población civil sometida a un castigo colectivo que prohíben claramente las leyes internacionales. Sancionar a Israel, como propone Menkell, ayudaría a salvar a los israelíes, como el aislamiento internacional de Sudáfrica ayudó en su día a salvar el futuro de los sudafricanos. Cualquier castigo sería mejor para los israelíes que la cruel ceguera de unas declaraciones del ministro de Defensa, Ehud Barak, recogidas esta semana por el diario Haaretz: "Estamos en una zona donde no hay piedad para el débil, donde no hay segundas oportunidades para quienes no se defiendan a sí mismos".

Seguramente el ministro pretendía referirse a Israel como víctima. La realidad es que su pensamiento es perfectamente aplicable a los palestinos, a quienes nadie puede negar su condición de inferioridad frente al poderoso Ejército israelí, y que es exactamente ese consejo (no hay segunda oportunidad para quien no se defienda a sí mismo) el que hace que muchos palestinos crean que su única salida es hacer algún día suficiente daño a Israel como para que acepte que no puede pagar el coste de la ocupación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 06 de junio de 2010.