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Tribuna:EN CONTRA DE LA PROHIBICIÓN | Los toros, a debate

Coherencia política

Septiembre de 1988, Pasqual Maragall, como alcalde, impuso la Medalla de Oro al Mérito Artístico de Barcelona al torero catalán Joaquín Bernadó.

Abril de 2004. El pleno del Ayuntamiento declara Barcelona Ciudad Antitaurina.

Febrero de 2008. Abatidos en el barrio de Montbau de Barcelona al menos 20 jabalíes de la extensa colonia de dichos mamíferos que habita la Serra de Collserola por orden del Departament de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat de Catalunya llevada a cabo por agentes forestales protegidos por Mossos d'Escuadra.

Abril de 2010. La Agencia de Salud Pública de Barcelona convoca concurso público para adjudicar los trabajos de aniquilación de 65.000 palomas de dicha ciudad por un montante de euros 120.000. A razón, más o menos de 1.84 euros / paloma muerta.

En Cataluña el asunto antitaurino ha sido y es un mero politiqueo con tufo identitario

Diciembre de 2009. El Parlament de Catalunya admite a trámite la Iniciativa Legislativa Popular para acabar con las corridas de toros en Catalunya.

Febrero 2010. La Comisión de Cultura del Parlament de Catalunya se dispone a iniciar los trabajos de blindaje de los llamados Correbous de las Terres de l'Ebre en nombre de su tradición y arraigo.

Marzo 2010. Comparecencias ante la Comisión de Medi Ambient i Habitatge del Parlament de Catalunya de taurinos y antitaurinos a fin de informar antes de la votación final para la abolición o no de las corridas que debe llevarse a cabo como muy tarde el 15 de julio del mismo año.

Más allá de argumentaciones teóricas, filosóficas o técnicas, el relato de los hechos que antecede estas líneas deja meridianamente claro el grado de coherencia cero en la actuación de los poderes públicos en sus intervenciones para regular las normas de conducta (humanas, ¿no?) que deben regir las relaciones entre humanos y animales en Catalunya. Patente queda para la historia que según quién, cómo, dónde, cuándo y con quién mande, las actuaciones son unas u otras, siempre muy por encima de la preservación de los presuntos derechos de los animales que, de existir, han sido siempre a conveniencia y discrecionalidad del poder (humano).

¿Debe un Parlament cerrar y dejar fuera de la ley un negocio privado que contiene una tradición centenaria, ofrece una actividad artística de primer orden y es la gran afición de miles de ciudadanos por el hecho de que en él interviene un animal? Yo creo que no, por una simple cuestión de libertad y de respeto a la minoría que encuentra en los toros su ilusión, palabra mágica en los tristes tiempos que corren. Y aspiro a que, visto lo visto con jabalíes y palomas -por no citar ratas, moscas, peces y canarios- el político responsable no salga con que hay que prohibir la corrida porque el animal sufre y muere. Sería un ejercicio más de hipocresía y cinismo político como lo es bastante el blindaje del correbou.

En Catalunya el asunto antitaurino ha sido y es un mero politiqueo con tufo identitario por más capas de maquillaje vegano que le den. Capaces son los políticos de prohibir los toros queriendo hacernos creer que sin toros seremos más buenos catalanes y mejores personas. Pero con la lista de incoherencias, hipocresía y doble moral con que la historia nos contempla, en eso tampoco les vamos a creer. Y si lo hacen crecerá más la tan temida -por ellos- desafección entre la calle y la política. Después que no se quejen.

Salvador Boix es el apoderado de José Tomás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010