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Arruinada, ebria y avergonzada

La duquesa de York busca en EE UU salir del pozo vendiendo su herida imagen

Lo primero que hizo Sarah Ferguson tras la difusión del ya famoso vídeo del News of the World fue huir al otro lado del Atlántico, donde se siente más arropada. En los días que siguieron, la duquesa de York elegía el sofá de Oprah Winfrey, la presentadora más influyente de la televisión americana, para entonar un mea culpa, declararse "una mujer estúpida" y asegurar que estaba ebria cuando intentó vender los favores de su ex marido , el príncipe Andrés, a cambio de 600.000 euros. Una segunda humillación pública, en forma de confesión en la pequeña pantalla, a la que Sarah accedió en un intento por salvar su reputación y sobre todo su carrera en Estados Unidos, el país que le permitió reinventarse tras su divorcio (1996) y donde vuelve a buscar una tabla de salvación a su maltrecha situación financiera.

Cobra 18.000 euros anuales de pensión y tiene una deuda de un millón

Acosada por los acreedores y amenazada con la bancarrota, la antigua nuera de Isabel II estaba negociando nuevos contratos en el mercado estadounidense cuando estalló el escándalo, el pasado 23 de mayo, según ha revelado el Sunday Times citando fuentes de su entorno. Con proyectos como un programa televisivo y el patrocinio de una línea de mobiliario y accesorios del hogar, la duquesa pretendía encarar la abultada deuda que acumula su compañía, Hartmoor, estimada en casi un millón de euros. Uno de sus principales acreedores, un despacho de abogados de Londres al que contrató para gestionar sus asuntos, presentó demanda en los tribunales en otoño. Quien fuera embajadora de una firma de dietas, con un salario de 2,4 millones de euros anuales, autora de libros infantiles y de manuales de autoayuda, hasta coproductora de una película de éxito, confesaba al periodista disfrazado de empresario que le tendió la trampa: "No tengo nada, mi situación es desesperada". Desde que en 2007 expirara su contrato con Weigh Watchers, el grueso de negocios de Sarah se ha torcido.

El acuerdo con la productora Handmade Films para adaptar al cine sus obras infantiles acabó frustrándose a resultas de la recesión, y de aquella operación a la duquesa solo le quedó la factura del relaciones públicas londinense que le representaba. Paralelamente, su estrella iba perdiendo gancho entre el público estadounidense, pero no modificó su estilo de vida y su querencia por exclusivos vestidos para lucir en los entornos más selectos. Cuando el News of the World publicó la bomba, la duquesa festejaba el 40º cumpleaños de Naomi Campbell en la Costa Azul junto a Donnatella Versace y Jennifer López. "Siempre necesita un entorno de asesores a su alrededor, y eso resulta muy caro", ha explicado su biógrafa Ingrid Seward, quien describe a Fergie como una buena persona, apreciada por quienes la conocen y bastante ingenua.

También de naturaleza rebelde y un tanto errática, fruto de una adolescencia y juventud sin guía, con un padre vividor y mujeriego y una madre (Susan Barrantes) que abandonó a la familia cuando Sarah tenía 13 años para rehacer su vida en Argentina. Ese carácter nunca acabó de encajar en el entorno real. La joven pelirroja que se casó con el hijo de la reina en 1986 no quiso o no pudo adaptarse a su papel oficial, consciente además de que no agradaba a los Windsor. "Vulgar, vulgar, vulgar", exclamó el entonces secretario privado de Isabel II cuando, en 1992, la prensa difundió unas fotos de Sarah en top less mientras su "asesor financiero" John Bryan le succionaba un dedo del pie. El divorcio se consumaba cuatro años más tarde, viéndose forzada a aceptar una pensión de solo 18.000 euros anuales. La ruptura de Diana con Carlos reportó a la princesa de Gales 18 millones.

La duquesa de York siguió viviendo con sus dos hijas en la mansión que Andrés tiene en Windsor, pero no consta que el príncipe le abonara un penique después de vender la residencia que ambos compartieron de casados a un empresario de Kazajistán por 17 millones. Tiene la amistad y apoyo del ex marido, pero poco más. Desde el divorcio, y la consiguiente marginación de los círculos reales, ha tenido que resolver ella misma su sustento, y de ahí la creación de la compañía Hartmoor para gestionar su entonces exitosa conquista de América. Ahora, finiquitada la época de las vacas gordas, la figura de Sarah presenta varias incógnitas: si abandonará definitivamente la mansión de Windsor, si la familia real le "animará" a instalarse en EE UU o si pesará más la defensa numantina que le brinda su ex marido. Y, por supuesto, ¿quién cubrirá esas deudas?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010