Reportaje:63º Festival de Cannes

Luces y sombras bajo la alfombra roja

Más allá de las películas, el gran certamen del mundo del cine esconde todo tipo de negocios - Es el acontecimiento anual con más periodistas acreditados

Cannes, perla de la Riviera: sus playas (de pago), sus boutiques, bares y restaurantes (carísimo todo), su mezcla inasible de elegancia y horterada, sus fiestas salvajes -menos salvajes que nunca por culpa de la crisis-, sus superyates, sus jeques árabes, su prostitución de lujo, sus productores octogenarios rodeados de veinteañeras en flor, sus hotelazos de ultralujo (el Hotel du Cap, el Carlton, el Martinez o el Majestic, este último con la suite más cara de Europa, una bicoca recién inaugurada a 38.000 euros la noche), sus jugadores de petanca dándole al pastis como campeones, sus numerosísimos votantes del Frente Nacional (como en toda la Costa Azul), su festival de cine... ¿¿Su festival de cine?? Algunos prefieren llamarlo su circo del cine.

No hay una explicación sobre cómo se escogen sus filmes
En esta edición no hay ningún director español en la sección oficial

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Tal es la dimensión que ha adquirido la tradicional megacita de cada mayo, en la que se entremezclan, sí, las películas y sus estrellas, los actores y sus manías, los famosos y los aspirantes a serlo, la ensoñación de la sala oscura y la crisis del cine... y donde también conviene, de vez en cuando y para no dejarse nada en el tintero de las verdades, mirar debajo de la alfombra para comprobar si todo el polvo ha sido convenientemente barrido. Debajo de la alfombra roja y rutilante, las luces y las sombras, y hasta las tinieblas, del festival, perdón, del circo cinematográfico más grande del globo y de sus locos seguidores.

- Película sí, película no. Ni los más viejos del lugar consiguen dar una explicación mínimamente lógica sobre cómo se las apaña el comité de selección del festival de cine más importante del mundo a la hora de admitir o descartar películas en su sección oficial a concurso. No hay, ni se les espera, criterios establecidos sobre la película-tipo que el delegado artístico del certamen, Thierry Frémaux, y su presidente, el todopoderoso Gilles Jacob, buscan para la carrera hacia la anhelada Palma de Oro. De hecho, hay títulos que saltan de la oficial a otras secciones paralelas -como Una cierta mirada o la Quincena de Realizadores- como por arte de birlibirloque. Como ocurrió el año pasado con Tetro, de Francis Ford Coppola, a quien Jacob ofreció una "sesión especial" dentro de la sección oficial, a lo que el director de El padrino opuso un educado pero firme "para eso, me voy a la Quincena".

Y una maldad, aunque basada en la más estricta de las realidades: sí que hay un común denominador a las películas de la sección oficial. La inmensa mayoría de ellas, ya sean tailandesas, argentinas, belgas o del Chad, llevan en su sangre capital francés. ¿Y el cine español? Pues bastante maltrecho en cuanto a su presencia por aquí: ni un director español este año, ni en la sección oficial a concurso ni en Una cierta mirada. Por mucho que el ICAA o el ente Catalan Films & TV se empeñen en publicar páginas de publicidad en revistas especializadas patriotizando del todo bajo los lemas Cine español en Cannes o Cine catalán en Cannes películas de directores tailandeses, estadounidenses o portugueses. Que, por mucho que tengan una parte de capital español, y más concretamente catalán, ni son ni serán nunca españolas o catalanas por mucho que lo digan reglamentos redactados a la mayor gloria de los gestores culturales de turno. En la Quincena de Realizadores participa el gallego Oliver Laxe con Todos vós sodes capitáns.

- Tribuletes en tropel. Durante mucho tiempo, el festival de Cannes fue el segundo acontecimiento más seguido por los medios de comunicación del mundo entero, sólo por detrás de los juegos olímpicos; ahora es el tercero, por detrás de los mundiales de fútbol. Este año, han sido 4.300 las acreditaciones expedidas por el servicio de prensa del festival. Como es lógico, la mayor parte de los periodistas persigue a los mismos personajes, o sea a las estrellas, y estas persiguen a los responsables del festival para que les quiten los moscones de encima. A veces no puede ser. En realidad, quien manda de verdad en este festival no son ni los cineastas ni los organizadores del gran circo, sino las grandes distribuidoras internacionales -básicamente estadounidenses- que son las que dictan en La Croisette la ley de quién, cómo, cuándo y dónde entrevistará a the talents, que es la palabra sagrada para nombrar a las estrellas. Lo cierto es que, siendo honestos, hablar de entrevistas en Cannes es una falacia grande como varios campos de fútbol seguidos. Ejemplos de entrevistas de Cannes: uno, llega Tarantino, se sienta en una mesa, en la mesa hay 12 periodistas, transcurren 20 minutos y unas seis o siete preguntas, no más; se levanta Tarantino, se va. ¿Entrevista? Dos, llega la periodista a la suite del Carlton, emocionada porque tiene un cuarto de hora a solas con Cate Blanchett. De pronto le dicen: "Cate se ha tenido que ir, te llamarán desde el coche donde va y le puedes hacer unas preguntas". ¿Entrevista?

- Cine, negocio... y mucho más. El inevitable cruce de caminos entre cultura e industria que define al cine tiene su máxima expresión en los sótanos del búnker, como se conoce a un palacio de festivales al que, por cierto, le hace falta un lifting como el comer. Allí despliega sus multimillonarias plumas de pavo real el célebre Marché du Film, el mayor tenderete de compraventa de la industria, donde están admitidos todos los hijos del señor, del señor Lumière, ya sean las superproducciones más cotizadas del Imperio, el último cine de autor filipino o el porno coreano más vanguardista y calentón. Por desgracia, la comunión entre la crisis económica que afecta desde hace dos años a la industria del cine y los efectos del volcán de marras han provocado un agujero en la asistencia de este año, según un importante productor español, que remacha: "El año que viene será todavía peor".

40 años de 'Tristana'

- El homenaje al cine español llegó ayer de la mano de la versión restaurada por la Filmoteca Española de Tristana, de Luis Buñuel, seleccionada en el certamen de Cannes hace 40 años, en 1970.

- Pedro Almodóvar, acompañado por Catherine Deneuve, presentó la película. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, Álex de la Iglesia, Fernando Trueba, Bigas Luna o Rossy de Palma acudieron a una cita que estuvo presidida por el ministro francés de Cultura, Frédéric Mitterrand.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0016, 16 de mayo de 2010.

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