Los desequilibrios europeos

España pierde competitividad por los precios y los salarios

Las exportaciones de servicios comienzan a despegar

El fuerte deterioro de la construcción en España ha agudizado el debate sobre la capacidad de los sectores productivos para competir en el exterior. Durante la última década, la pérdida de competitividad respecto a la zona euro se ha acentuado. Frente a la UE, la pérdida ha oscilado desde un 4,3% si se tienen en cuenta los precios a la exportación a un 12,4% si se toman como referencia los costes laborales. Los expertos coinciden en que España tiene un problema de "altos costes laborales relativos". Sin embargo, el salario real para el trabajador sigue siendo uno de los más bajos de Europa. A pesar de la difícil coyuntura, aparecen signos positivos como la mejora en las exportaciones y la ganancia de cuota de mercado.

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Si se compara con los países de la OCDE (las 30 economías más desarrolladas), las pérdidas de competitividad son mayores: desde el 7,5% por precios de exportación hasta el 28% por costes laborales unitarios en manufacturas. Un reciente estudio, Dos crisis, dos respuestas, elaborado por los investigadores de Bruegel Benedicta Marzinotto y André Sapir y el director de este centro de estudios, Jean Pisani-Ferri, sostiene que mientras que "España fue fiscalmente virtuosa hasta la crisis, sus problemas son sobre todo de competitividad, originados por el boom del crédito nacional y las consecuencias de la relación entre precios y salarios".

Marzinotto considera que "la receta no consiste en una reducción generalizada de los salarios, sino en asegurar que los aumentos de sueldo reflejan ganancias de productividad". En su opinión, ello requiere "un cambio en el proceso de negociación colectiva, actualmente muy centralizada". El problema es que "los salarios se deciden en el sector industrial o en la región y son aplicados a todas las empresas, lo que implica que salarios relativamente altos pueden ser impuestos a empresas con baja productividad", lo que puede crear inflación y deteriorar la competitividad de la economía.

Marzinotto sugiere que España podría aplicar algún mecanismo de control salarial similar al que funciona en Bélgica. En 1996, el Parlamento belga aprobó una ley para mantener la evolución de los salarios en línea con sus principales socios comerciales, para preservar la competitividad. Cada dos años, el Consejo Económico Central Belga publica un informe sobre los márgenes de aumento de los salarios nominales según la evolución prevista en Alemania, Francia y Holanda. El dato es considerado "indicativo" por los interlocutores sociales para decidir los aumentos salariales. La economista advierte, no obstante, que dado que su máxima recomendación es descentralizar la negociación colectiva, España necesitaría reforzar un sistema de dos niveles, que tuviera en cuenta la evolución salarial en otros países y la local.

La dificultad de España para abordar esa materia es que mientras los costes laborales unitarios han subido más que en Italia o Alemania, pero menos que en Grecia, Portugal e Irlanda, la productividad y el sueldo real del trabajador son más bajos que en esos cinco países, según el estudio de Research Money Finance, un grupo de análisis político y económico.

Con independencia del debate salarial, las exportaciones de servicios, más allá del turismo, han iniciado un cierto despegue, hasta representar el 4,6% del PIB. Los avances más notables se han registrado en servicios a las empresas, financieros y de seguros.

En exportaciones de bienes, España ha aumentado ligeramente su participación desde su cuota del 1,73% en 2000 hasta el 1,77% en 2009, pese a la entrada de potentes competidores internacionales como China, India y Brasil. En el reparto, Alemania ha seguido ganando mercado (del 8,4% al 9%). Sin embargo, Francia e Italia han perdido terreno y sobre todo Reino Unido, que en la última década ha descendido desde el 4,3% al 2,9%. En el mismo periodo China prácticamente ha doblado su cuota, hasta el 11,9%.

A pesar de la drástica reducción experimentada desde el 9,6% en 2008 al 5,1% en 2009, el déficit exterior sigue siendo un problema serio para la economía española. Los analistas consideran relevante distinguir si el endeudamiento exterior se destina a gastos corrientes o inversión. En este sentido, la inversión en España sin tener en cuenta la vivienda, en relación con el PIB, fue superior a la de Alemania, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda.

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