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Reportaje:

La segunda caída de Atocha Alta

Las palas derriban uno de los enclaves de la resistencia antifranquista en A Coruña

Otro pequeño pedazo de la historia de A Coruña ha desaparecido baja la pala de las excavadoras. Las ancianas casitas de planta baja de la calle Atocha Alta en A Coruña, uno de los núcleos de la resistencia libertaria contra los golpistas de Franco, son ya escombros. El solar que ocupaba estas nueve construcciones y del que existe referencia en planos con 700 años de antigüedad será transformado, por obra del Ayuntamiento en su afán por eliminar "tapones urbanísticos", en una pequeña plaza para dar luz y oxígeno a este corazón del barrio de Monte Alto, uno de los más castigados por la especulación inmobiliaria y la construcción en vertical de torres de pisos en calles estrechas.

Una líder anarquista organizó desde allí el escondite y exilio de los represaliados

Monte Alto es un barrio obrero tomado por el frenesí constructor

Pero la caída del enclave de Atocha Alta es sólo un episodio más de otros anunciados derribos de modestas casas tradicionales del barrio, llamadas a desaparecer para dar paso a moles de ladrillo. En uno de los laterales, en la estrecha travesía San José, cuelga en la pared de una de las casitas aún en pie y habitadas un cartel anunciando la construcción de 17 viviendas con fachada de cristal y acero. La cosa parece inminente.

Contada también está la pervivencia de la hilera de otras siete casas de una planta de la calle Atocha Alta, que ahora quedan en primera línea de la futura plaza. Encajonadas entre edificios de hasta seis o siete pisos, les amenazan la piqueta y los negocios inmobiliarios. Algunas ya están vacías y tapiadas. Otras, sin embargo, habitadas. En otra pende el cartel de "se vende".

Pero los vecinos, en general y sin hacerse más planteamientos, se declaran encantados por lo más inmediato, la eliminación de lo que el Ayuntamiento llama el tapón de Atocha Alta. "Eran casas hechas de piedra y barro, no valen nada y eran un peligro, así abandonadas", cuenta un señor que vive delante de las nueve viviendas unifamiliares, desalojadas hace año y medio y ahora reducidas a escombros.

Como muchos en el vecindario, el hombre alza los hombros, señal de impotencia, cuando se le pregunta por futuros derribos que incluso le pueden expulsar de su barrio de toda la vida. Residir en As Atochas-Monte Alto es cada vez más caro. Un piso de 48 metros cuadrados casi nuevo y "listo para entrar" en la calle de Atocha Alta se vende por 155.000 euros. A 3.230 euros el metro cuadrado, no está al alcance de las economías tradicionalmente modestas de un barrio que se reivindica obrero y con identidad propia.

Son incontables las historias de desalojos, de pensionistas forzados a mudarse a otro lugar de la ciudad por la imposibilidad de seguir pagando una renta en su barrio nativo, de expulsiones de inquilinos con métodos detestables para vaciar un edificio candidato a transformarse en lucrosa promoción inmobiliaria. El nuevo plan urbanístico de A Coruña ahora en trámite limitará las alturas y por tanto el frenesí constructor en Monte Alto. Pero mientras, y pese a la crisis, continúa en este barrio que alberga la Torre de Hércules.

"Restaurar también es caro y estamos encantados de que urbanicen esto, que abran la calle", asiente una sexagenaria que también lleva toda su vida en Atocha Alta, "un lugar de gentes humildes pero buenas". No obstante, consciente de que se va un pedazo de la historia local, va armada de una cámara de fotos para guardar testimonio de las casas que las excavadoras empezaron a demoler hace una semana. Pero esta vecina defiende la obra. "Los que vivían aquí se fueron encantados con lo que les pagaron y especulación la hay en toda A Coruña", arguye, al referirse a las futuras edificaciones que se levantarán en un barrio ya muy saturado.

A golpe de caceroladas, extensas alegaciones documentadas y denuncias ante los organismos oficiales encargados de la conservación del patrimonio histórico, sólo se movilizan contra la pérdida de ese enclave un grupo de vecinos, profesionales, arquitectos, historiadores y otros vinculados a la muy activa Casa das Atochas, los okupas del barrio. "No queremos ser convidados de piedra ante una nueva desfeita", alegan, "hay que alertar de lo peligroso que es que se destruyan, en aras de la movilidad y el tráfico, tramas urbanas tradicionales". Las nueve casitas demolidas estaban en buen estado cuando comenzaron los planes municipales para vaciarlas de sus residentes y eliminarlas.

Es la segunda caída de Atocha Alta. Ya nada queda del escenario donde La Corales, una activista anarquista del sindicato Mujeres Libres, organizaba el escondite y exilio de centenares de represaliados del franquismo. La casa que portaba el número 55 de la calle cayó una primera vez bajo las botas y armas de los golpistas en 1937, en una de las mayores operaciones de la represión en A Coruña para acabar con toda resistencia a la dictadura. Ahora son las palas y las excavadoras las que la arrasaron.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2010