Columna
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Debate

Yo pensaba escribir un artículo ecuánime y bien informado, donde daría cuenta del debate entre Zapatero y Rajoy, y verán qué cosa más ridícula me sucedió. Primero me costó concentrarme en la retransmisión televisiva y dejar de fantasear con que en un momento dado la traductora para sordomudos los iba a abofetear a ambos desde su cuadradito inferior derecho. Luego renuncié a la crítica facilona y me puse en el lugar del presidente y del jefe de la oposición para entender por qué hacen lo que hacen. Y al terminar me dediqué a navegar por Internet tratando de sumar resultados sobre el debate. Anoté conclusiones de unos y de otros y se impuso una idea compartida: Zapatero no terminó de convencer a nadie con sus bálsamos y Rajoy desaprovechó su oportunidad para presentarse como una alternativa real. No había ganador claro salvo para los que ya venían convencidos de casa. Cuando de pronto caigo en la cuenta de que estaba mirando una página fechada en 2008 y que las conclusiones hacían referencia al debate televisado que mantuvieron Rajoy y Zapatero en las pasadas elecciones presidenciales, casi dos años atrás.

Tuve una sensación de veracidad increíble. Puede que estuviera atrapado en el tiempo, pero la conclusión tras cada debate entre ambos partidos aparenta ser siempre ésa. Me di cuenta de que muchas veces el resultado de un debate es como ese zapato de cristal que nunca le acaba de ajustar a ninguna de las cenicientas. Y que, tras bajarse de la tribuna después de una radiante exhibición dialéctica, a ambos se les convierte el coche oficial en una calabaza y nosotros nos quedamos, como principitos conformistas, con cualquiera de las hermanastras. Rajoy resumió sus propuestas al día siguiente en un centro de ancianos de Las Rozas. Que se vaya Zapatero, que lo echen sus colegas de partido o que convoque elecciones anticipadas. Ya puestos, podría haberle reservado habitación en el asilo y apalabrarse él la de al lado. Porque el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Y me temo que o se dan pasos adelante o suena todo a periódico de ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de febrero de 2010.

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