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Entrevista:ALMUERZO CON... LEO MARGETS

"Igual soy mona, pero es que juego al póquer, y nada mal"

"Me daba rabia que me dijeran que estaba aquí por tener una cara bonita. Tras el resultado de Las Vegas, me dije: 'igual soy una niña mona, pero es que además juego al póquer, y no lo hago nada mal". Quien habla con esa determinación es Leo Margets (Barcelona, 1983), y el logro a que se refiere es ser la mujer que llegó más lejos en el campeonato del mundo celebrado el pasado verano en la ciudad de los casinos, lo que la convierte en la mejor jugadora del planeta.

El escenario que elige no puede ser más típico: uno de los restaurantes del Casino de Torrelodones. Mientras ataca un tartar de atún rojo con aguacate, parece dispuesta a conseguir que nos olvidemos de los clichés sobre este juego, que hablan de partidas turbias entre hombres maduros, regadas con humo y whisky. Cuenta que quienes triunfan hoy son universitarios con conocimientos de matemáticas y psicología. Margets, nominada como mejor jugadora europea en los European Poker Awards, es un ejemplo: licenciada en Económicas en Londres, habla cinco idiomas, dice tener una gran inteligencia emocional y ha leído muchos libros sobre cómo hacer las mejores jugadas.

La economista fue la mejor jugadora en el campeonato del mundo de Las Vegas

Tal vez por estas lecturas, o por haber visto -y jugado- muchas partidas a través de Internet, cree que esta especialidad es "competición en estado puro", un juego de habilidad en el que "la suerte influye a corto plazo, pero a la larga no basta". Si no fuera así, explica cuando llega el milhojas de foie con mango, no ganarían siempre los mejores. Por eso piensa que la mejor característica de un buen jugador es "ser imprevisible".

Leo Margets se mueve en los casinos como pez en el agua, aunque dice que tienen un punto que no le gusta. Los empleados la saludan, la gente la reconoce. Es una celebridad. Durante la velada, un joven le pide un autógrafo. Quizá es porque fuera de ellos ha tenido alguna experiencia desagradable: "me detuvieron por jugar al póquer en Cataluña. Estábamos 15 amigos en un torneo y entraron 27 mossos armados y encapuchados. Yo creía que era una cámara oculta", sonríe. En esa comunidad, es ilegal jugar fuera de estos recintos. "Pero ninguno hemos pagado la multa".

Aceptando la recomendación del camarero, se decide por una lubina salvaje al horno como segundo plato -"soy más de pescado que de carne"- y confiesa que haber ganado cerca de medio millón de dólares (360.000 euros) con el póquer no le ha hecho cambiar su vida. "Me sigue pareciendo cara una cena de 100 pavos, e intento no perder nunca la noción del dinero". Margets salpica su conversación de palabras en inglés, fruto de sus años en Los Ángeles, Australia y Londres, donde hoy reside, o de sus viajes por medio mundo.

Con la llegada del postre, se sincera: "Mentiría si dijera que el póquer no sigue siendo cosa de hombres, las mujeres no llegamos ni al 10%, pero eso está cambiando". A esta joven, capaz de aguantar la concentración en partidas de 13 horas durante ocho días, su espíritu no le permite conformarse con haber quedado en el puesto 27 de los 6.500 jugadores que participaron en Las Vegas, y la mejor española clasificada desde que el torneo tiene este formato. "Volveré a intentarlo este verano", dice.

L'Étoile. Casino de Torrelodones

- Primeros: Tartar de atún rojo; milhojas de foie; corazones de alcachofa rellenos de marisco: 63,2 euros.

- Segundos: 2 lubinas salvajes al horno: 57,5.

- Fantasía de chocolate: 17,2.

Total: 137,9 (sin IVA).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010

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