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Reportaje:

Un festival de rock en una habitación

Una decena de bandas de Santiago hacen cola para tocar en un dormitorio

Todos los grupos quieren tocar aquí. Pero esto no es el auditorio del Monte do Gozo, ni son los conciertos del Xacobeo. No hay reventa, ni aglomeraciones. Aunque lo de los apelotonamientos sería más fácil, porque las actuaciones se celebran en una habitación de 12 metros cuadrados. El nombre que reza en la puerta de entrada es ya un referente para muchas bandas de rock de la comarca de Santiago y del resto de Galicia: La Habitación de Felucas.

El propietario de la concurrida habitación es Félix Casteleiro, un ferrolano licenciado en filosofía y magisterio que, cansado de opositar a celador del Sergas, decidió tomarse las cosas con más calma, y puso en marcha una idea tan disparatada como original: invitar a grupos a tocar en su propio dormitorio. Y además dejar constancia del evento grabando un videoclip y colgándolo en Internet. "Nos aburríamos, y decidimos montar algo para activar la escena musical, así que se nos ocurrió esto", explica Casteleiro, que por las noches trabaja sirviendo copas en el bar A Reixa, su centro habitual de operaciones musicales.

"Es mi habitación y tocarán aquí sólo los grupos que me gusten"

El dormitorio tiene un váter anexo, que se usa para ubicar al batería

Por su casa han pasado grupos de la escena compostelana como Samesugas, Malandrómeda, Novedades Carmiña o Los Chavales, o bandas viguesas como Indómitos. Todos graban un tema y lo cuelgan en la web opachavales.com, un espacio que comparte con el pintor Denís Estévez y con Armando Guerreiro, que realiza los vídeos. Con ambos empezó a darle vueltas a esta idea, y acordaron repartirse las secciones. Cada uno cuelga sus cosas en esta web, Denís sus pinturas, y Armando sus vídeos y sus escritos, pero todos ayudan a montar los conciertos. "Se trata de sacar a flote las inquietudes que tenemos, y mover a los amigos. Vienen 10 o 12 colegas, traemos empanadas y birras, y quedamos una vez al mes", explica sobre la dinámica de producción.

El espacio es sencillo, una habitación que desemboca en un salón más amplio en donde va instalada la mesa de sonido y la cámara de grabación. A veces hay algún inquilino en el sofá, recién llegado a casa después de una noche de farra, pero eso no es problema, porque en breve se incorporará también al minifestival. Parece increíble que en una estancia tan pequeña hayan tocado bandas formadas por hasta cuatro músicos, pero Félix desvela el secreto: la habitación todavía se puede ampliar un poco más. "Es que hay un retrete al fondo, y aquí ganamos mucho espacio, sentando al batería cerca de la taza del váter", explica abriendo la puerta con naturalidad para ver el anexo del baterista. Desde luego que, gracias al añadido del inodoro, la provisional sala de conciertos rentabiliza mucho más el espacio, pero Casteleiro explica con honestidad que la idea no es nueva. "Todo nació cuando veíamos The Young Ones, la serie que la TVG emitió traducida como Os Novos, y en la que tenían un váter en el que los grupos daban conciertos".

En La Habitación de Felucas hay lista de espera para tocar. Cerca de una decena de grupos han cursado su petición, entre ellos algún histórico del rock gallego que ya se ha puesto en contacto con él. Pero Felucas tiene claro que en su casa él manda y programa. "Queremos que vengan grupos con los que vibremos, bandas que nos haga ilusión traer. Hay cola para tocar, pero aquí no actúa cualquiera, porque tampoco hay que olvidar que es mi habitación, donde yo duermo a diario, y vendrán sólo grupos que me gusten", matiza el ocupante del dormitorio.

Hace tres meses que empezó a colgar los conciertos en la web, que ya ha rebasado las 3.000 visitas, y por la que comienzan a interesarse músicos de otros países, como EE UU, Inglaterra u Holanda, con los que Felucas mantiene relación. El próximo 14 de febrero, la sala Nasa acogerá una fiesta con la intención de recaudar dinero para los grupos, y editar singles con los temas grabados en la habitación.

En frente hay algo parecido a una posada, por donde pasan turistas de diferentes nacionalidades. "Una vez entró un alemán despistado que se confundió de piso, y se quedó encantado al concierto", comenta Felucas. Si hubiese aprobado las oposiciones, seguro que el Sergas habría ganado un buen celador, pero la escena musical perdería un activista original. Y sobre todo, una habitación muy divertida. "Si los conciertos van bien, igual tenemos que pedirle pasta al Xacobeo", bromea, mientras llega la hora de volver a hacer su turno en el bar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010